Las elecciones son el retrato de las urgencias y sentimientos públicos en un momento dado. El problema está en la diferencia entre nuestra fotografía particular de la sociedad y la que proyecta el resultado electoral. Esta es la contradicción de muchos ciudadanos vascos tras los comicios del domingo. Que nuestra visión de Euskadi como comunidad, equilibrada y racional, choca frontalmente con la respuesta de las urnas, que ha dibujado una Euskadi radical al situar a Amaiur -una coalición que alberga un proyecto antisistema- como la primera fuerza en escaños, aunque no en número de votos. ¿Se ha radicalizado Euskadi?
No lo creo; pero ciertos poderes partidistas y mediáticos, no precisamente abertzales, tienen el propósito de que la sociedad vasca perciba en su seno el susto de la radicalización política. «La izquierda abertzale adelanta al PNV», titulaba ayer, en primera página, El Correo Español. El mensaje no es solo falso, al eludir el dato de que es el Partido Nacionalista Vasco quien lidera el ranking de los votos allí donde se ha presentado como tal, sino que además construye un discurso agitador de la preocupación pública. Ya lo habían jaleado durante la campaña y ahora continúan con esta estrategia de presión sobre el nacionalismo institucional, buscando su sustitución por el pacto PSE+PP.
La acomodada élite de Vocento debería saber que cuando se juega a favorecer tácticamente el extremismo para obtener objetivos espurios a largo plazo (una especie de quimioterapia política) también se lleva por delante a los propios. Todo lo que tiene que ver con el gran resultado de Amaiur, en mayo y ahora, son efectos retardados de las políticas de victimización de la izquierda abertzale, fruto de la impotencia de los poderes institucionales y mediáticos españoles contra este mundo. Y esos efectos han dañado injustamente al PNV, contrario a las ilegalizaciones y leyes especiales; pero también han destrozado al PSE, que ha perdido más porcentaje de votos (casi el 17%) que el que se ha dejado el PSOE en el Estado (15%). Y el PP vasco, momificado, no ha añadido su cuota parte a la avalancha azul de Rajoy. Mi error en las predicciones electorales ha sido obviar que la ola de Amaiur no había roto contra el acantilado de la realidad. ¿Pero cuánto dura una ola? Mientras no se desactive el frente antinacionalista, no se produzcan acuerdos transversales que finiquiten el actual régimen de Ajuria Enea y no exista una política democrática sin exclusiones ni castigos añadidos, Amaiur y su proyecto radical seguirá desfigurando nuestra duramente trabajada imagen de país.



