
Vallés vitoreado. Mejor dicho, “vitoriado”. El FesTVal, radicado en Vitoria-Gasteiz, ha premiado a Vicente Vallés, conductor del informativo más sectario de la televisión, cuyo posicionamiento ideológico se ubica entre el PP y Vox, lo que el valenciano se encarga de hacer explícito cada noche para que nadie se llame a engaño y todos queden bien descalabrados por su sesgo ultra. Es verdad que los premios festivaleros son triviales, de purpurina; pero abochorna que una organización de nuestro país, que cuenta con el apoyo de las instituciones vascas, exhiba su entusiasmo por Vallés, la peor amenaza para Euskadi en las noticias por su especial dedicación a envenenarnos.
¿Cuáles son los motivos de este vitoreo? Podría ser que valoren sus estupendas audiencias desde hace más de cinco años, muy por encima de las demás cadenas; pero, ¿cantidad es mejor que calidad? En absoluto. Si el número de espectadores fuera mérito, ¿por qué no premiaron al extinto Sálvame y otros subproductos con mayor fervor ciudadano que los noticiarios de Antena3? Ser líder es una categoría ética superior que suele alejarse de muchedumbres e índices de popularidad. ¿Y por qué no ha “vitoriado” el FesTVal a Donald Trump, un tipo que se hizo famoso en la tele con The Apprentice antes de ser doble presidente del mundo mundial?
Los antecedentes del obsequioso palmarés del FesTVal ya nos tenían advertidos de sus viciadas preferencias. En la pasada edición elevó a los altares a Iker Jiménez y Pablo Motos, agentes de la televisión más carca y entregada al proyecto del bulo neofranquista. Y antes había galardonado a Xabier Sardá, autor de la telebasura de los 90 y precursor de sucesivas plagas de excrementos. En fin, que el destino nos salve de los festivales sin alma, engrasados con el dinero público de Euskadi.
JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ



