Mitad realidad, mitad ficción

Si la primavera fue trágica, este verano ha sido negro. Seis meses sin vida, o con una existencia condicionada por el miedo, es demasiado. Y porque la realidad está sobrevalorada, conviene compensarla con imaginación y sueños suficientes. Mitad de realidad y mitad de ficción al menos. El cine, la música y los libros son más necesarios que nunca para sobrevivir. También la televisión, en la medida que vale la pena. La radiotelevisión pública vasca, aun pudiendo hacer las cosas mejor y más de lo que hace, llena a veces de emoción y afectos nuestras horas de ocio.

            Muerto el fútbol por la ausencia de espectadores, nos queda el deporte que mejor se adapta a las pantallas, las regatas de traineras. ¡Qué gran espectáculo para un país marinero! Esta temporada ha sido extraordinaria. ¿Ganará Santurtzi o Hondarribia? La Concha es el escenario infinito y allí se vive la auténtica rivalidad entre Bizkaia y Gipuzkoa. Solo desde un barco cercano o el aire se ven con detalle la marcha de las embarcaciones; y eso es lo que nos ofrecen los realizadores de ETB, junto con grafismos claros y los comentarios de Mikel Olazabal, Ibon Gaztañazpi y Sara Gandara. Así como la pelota no sería nada sin las retransmisiones de Kantxa, menos serían las regatas sin las cámaras. Crean pasión y afición.

            Pero la sorpresa del verano ha sido un programa gastronómico, uno de los siete millones que emite ETB a la semana. El club de Tupper ha triunfado en audiencia, entre el 11% y el 15% de media. La idea es simple y se basa en la glorificación de la comida que llevamos al trabajo o al monte. Antes los envases se llamaban tartera y eran metálicos; y ahora se llaman tupper y son de plástico y del chino. Un horror. Vuelve hoy Juego de Cartas, por si no habíamos hecho la digestión. En Euskadi somos fieles al primum vivere. Y con pandemia, más que nunca.

«Patria» y su brumoso cartel


La serie Patria, que emitirá HBO a partir del 27 de septiembre (en el aniversario de los últimos asesinatos de la dictadura franquista en las personas de Txiki y Otaegi, en 1975), promete más de lo que las páginas de la novela de Aramburu recogen en su superficial relato. Al menos, si esperamos que su simétrico cartel anunciador nos presente una narración equilibrada entre los crímenes terroristas y los perpetrados por el Estado. Hay poco de eso en el libro, que solo recoge un episodio de torturas policiales. Todo lo demás es un sesgo barato de lo que ocurrió en Euskadi durante décadas de violencia.

Hay dos perspectivas en el cartel. Y las dos me perturban. Una, es de marketing. Y otra, política. En efecto, el póster ha obtenido lo que deseaba: captar la atención de la opinión pública y, de rebote, multiplicar su impacto en la viralización de su contenido a través de las redes sociales y medios de comunicación, así como por las reacciones de los líderes políticos y grupos reaccionarios de la derecha y extrema derecha. De tontos útiles se aprovecha la comunicación para incentivarse gratuitamente. Es un éxito de marketing, no hay duda. ¿Pero le va a rentar? No olvidemos que la serie se emitirá por HBO, una plataforma de pago, y que podría verse perjudicada si las llamadas al boicot tuvieran efecto. Pienso que la consecuencia será positiva y la operación de publicidad será generosamente compensada con miles de suscripciones. “Patria” no tenía la menor sospecha de proetarra y era la voz editorial en la que se vieron reflejadas las víctimas del terrorismo con su desvío ideológico.

            La perspectiva política del cartel es que sirve de banderín de enganche para atraer a quienes no comparten el sentido de la novela, por parcial e incompleto. La producción de la serie se ha esforzado mucho en que pareciera una película vasca y no españolista. Los guionistas, los actores y actrices son vascos, muchos de ellos habituales en ETB y de conocida fe abertzale. Así que, en ese punto, se ha buscado “no manchar” la serie de españolidad. ¿Para qué? Probablemente, para proyectar sobre la opinión pública vasca el diferencial ideológico del relato, el relato del Estado en la dirección de que la sociedad vasca fue moralmente culpable del terrorismo. Y que esta es una historia de buenos y malos, cuando en realidad la bondad y la maldad estuvieron muy repartidas. “Patria” es el intento de consolidar un relato torpe y falaz, el relato del irresponsable Estado español y sus dirigentes, de que Euskadi como país es culpable y España, inocente. Pues no. 

Cuidado, amigo. Active sus filtros para no dejarse engañar.   

Madrid, Londres, Viena

No espere nada decente de TVE sobre el rey emérito, ni la sombra de un reportaje que relate sus fechorías. España, de izquierda a derecha, se ha deshonrado siempre con su memoria culpable. De las demás cadenas tampoco cabe ningún favor a la verdad, ni siquiera de La Sexta, progresista solo de cintura para abajo. La BBC, televisión pública del país más monárquico, no tiene piedad con las miserias de la familia real. Y no por eso se tambalea el reino. Al príncipe Andrews, hijo de la soberana y coleguilla de Jeffrey Epstein en orgías con menores, lo ha destrozado por pederasta y embustero; pero eso ocurre en Londres y no en Madrid.

Así que, a falta de la realidad desenmascarada, nos hemos ido con la ficción a Viena, a principios del siglo pasado, cuando el psicoanálisis estaba en sus albores y el joven doctor Max Liebermann, seguidor de Freud, colabora con el inspector Rheinhardt en el esclarecimiento de asesinatos rituales. Esta coproducción europea ha trasladado las historias de crímenes del psiquiatra inglés Frank Tallis a la serie Vienna Blood que se puede ver en la cadena #0 de Movistar+. Y sin ser una maravilla, compensa con su ingenio este sombrío agosto. Tallis tiene fijada su mirada en las obsesiones del amor y de ellas trata su último libro, El romántico incurable, que ultraja el romanticismo al peor gusto posmoderno.

En Viena ocurren muchas cosas, no todo es la gentil Sissi, los valses de Strauss y las tartas de chocolate de Sacher. De allí son los genios que exploraron la mente humana, como Adler, Asperger, Frankl y Breuer, además de Freud, su precursor. En la imperfecta Austria, también hay misterios y surgieron monstruos como Hitler y lugares como Mauthausen. Hay que ver Vienna Blood para conocer el universo completo, lo bueno y lo malo de cualquier parte, porque Viena es la capital del mundo.

Historia de un mensaje viral sobre el rey emérito

El 4 de agosto, al día siguiente de que el rey emérito huyera de España acuciado por evidentes delitos económicos, puse en mis redes sociales un mensaje crítico sobre este hecho. Para mi sorpresa, en la red Linkedin ha tenido casi medio millón de visitas (más de 480.000 a día de hoy), además de casi dos mil comentarios y otros mil likes, sin contar las seis mil visitas a mi perfil. Nunca había conseguido tanto impacto, superando los varios de cien mil y otros de diez mil y treinta mil alcanzados otras veces. Una sorpresa, cuya viralización quiero analizar. Estas son las causas:

Primero. El titular del mensaje. “El Rey cobarde” era un mensaje evocador y explícito que a muchas personas les llamó la atención y provocó su interés. Hay un amplio sector de la sociedad a quien la palabra cobarde le resulta incómoda y expresiva de un comportamiento indigno. Muy español.

Segundo. La oportunidad. España está sacudida por el conocimiento (y reconocimiento tardío) de las fechorías del rey emérito. Y toma posiciones a favor y en contra. Pese a las fechas de agosto, el suceso ha convulsionado a la sociedad. 

Tercero. La polaridad. La sociedad española está polarizada en posiciones contra y a favor de las acciones delictivas del rey emérito. Le defienden o le atacan con firmeza. Es el fin de un largo silencio de 40 años.

Cuarto. Monárquicos a la defensiva. El sector más conservador de la sociedad española se ha puesto a la defensiva y se dispone a dar batalla contra una amenaza, muy improbable, del fin de la monarquía. Van como gato panza arriba.

Quinto. Silencio ante Felipe VI. La fragilidad de los monárquicos en el debate ha estado en las decisiones del rey actual: retirada al emérito de la asignación económica de la Casa Real, la renuncia a la herencia y, finalmente, el golpe de propiciar su huida a tierras musulmanas, un destierro humillante. Ninguno, ni uno solo de los comentarios ha querido entrar en esta cuestión. La ignoran, por dolorosa e incontestable.

Sexto. La perseverancia del debate. He contestado a todas y cada una de las respuestas en el debate, lo que ha alimentado su crecimiento y contribuido a su viralización. Un acierto, coherente con el sentido de un mensaje abierto. 

Unas emociones en conflicto, un dolor sin salida, un país desgarrado y unas palabras certeras en un momento preciso.

Hondarribia e Irún se contradicen

Contradecirse es sano e inevitable. Nuestras contradicciones certifican la inestabilidad de las creencias y lo sinuoso de la búsqueda de la verdad. Que las leyes afirmen la igualdad entre hombres y mujeres, pero que no se cumpla es una contradicción. Las corridas de toros también lo son. Y la inviolabilidad del rey en una sociedad democrática. Lo que nos conduce al conflicto. Los alardes de Irún y Hondarribia, el 30 de junio y 8 de septiembre, respectivamente, siendo celebraciones festivas, presentan una triple contienda: de discriminación femenina en los desfiles, de tradición contra evolución y una brecha generacional. Algo se comprende si se vive en una de esas localidades, pero resulta absurda para los foráneos. ¿Pero allí no va todo el mundo disfrazado?

            Nuestra televisión pública, un poco tarde, ha tenido la idea de llevar esta paradoja vasca a una serie que podremos ver en ETB1 en otoño. Como este año no hay marchas, quedarán reflejadas en la historia de Amaia, profesora y líder de un sector vecinal, combatiente por el derecho a participar en igualdad y superar el veto a las mujeres. La clave estará en el guion. No caben equidistancias. ¿Quiénes serán los buenos y quiénes los malos? ¿Ganará el Betiko Alardea o el alarde mixto? ¿Las autoridades escurrirán el bulto? 

            Más allá de que se tengan en cuenta las razones de unos y otros a través de los distintos personajes, la historia deberá optar entre apoyar la participación igualitaria o respaldar la antigua usanza. Es impensable un desenlace ecléctico: uno de los sectores tiene que perder. Y así, la ficción enfadará a los tradicionales y contentará a quienes desean el triunfo de la igualdad. Si el debate recogido en el relato no tuviera influencia social, la serie habrá sido fiasco. Y nos la podríamos haber ahorrado. A ver qué y cómo nos la cuentan.