El gazpacho escocés

Euskadi es un escenario de cine. Alex de la Iglesia rueda en Bilbao El cuarto pasajero, su próxima película, veintiocho años después de su ópera prima y tras malgastar en excesos sus 30 monedas. Estos días en playas y parajes vascos están apareciendo huesos y restos humanos relacionados con crímenes impunes, lo que ha desatado la imaginación popular. Un asesinato no resuelto es una herida en la memoria colectiva, una mancha para la policía y el caldo de cultivo para novelas y relatos. El Ayuntamiento de la capital vizcaina, como Nueva York y París, cuenta con un área especializada en facilitar los rodajes por su alto valor publicitario y económico. Así que estos casos misteriosos aportan inspiración y reavivan nuestra atmósfera cinematográfica.

            ¿Y qué ocurre si el criminal resulta ser tu delicado hijo? En este drama personal ha penetrado la serie Your Honor, de lo mejor de la actual temporada, producida por la CBS y emitida por Movistar+. Un juez compasivo de Nueva Orleans se enfrenta a la contradicción moral de proteger a su hijo adolescente que ha atropellado y matado accidentalmente a otro joven que, maldita sea su suerte, es el hijo de un capo. Denunciarle sería llevarlo a una muerte segura por venganza del mafioso. Se parece al relato de Defending Jacob, formidable producción de Apple TV+, en que el hijo de 16 años de un fiscal judío de Newton, Massachusetts, es acusado del asesinato de un compañero de instituto. Son los momentos en que dejas de ser un servidor de la ley para ser exclusivamente padre. 

            Todo no es perfecto en una historia desgarrada como Your Honor. Hay exageraciones y detalles tan burdos como la insinuación (en el cuarto capítulo) de que el gazpacho es escocés. Félix Linares, de La noche de…, podría incorporar este gazapo (o gazapacho) a su amplio panel de disparates de película. Imperdonable. 

Cara y cruz, pero todo es uno

El cuento de Cuéntame era el de nunca acabar, con 21 temporadas acumuladas y 371 capítulos hasta ahora, autoerigido en el relato oficial de la España postfranquista, donde se disculpan la ignorancia y el miedo sobre los que se edificó el fraude de la transición. La nostalgia es una gran fabuladora. La serie de TVE, encantada de su servilismo, tuvo su precedente en los setenta, cuando el lasartearra Antonio Mercero dirigió Crónicas de un pueblo, oprobioso panfleto falangista que suavizaba aquella España “pobre y escuálida y beoda”, la misma que describía Machado en versos tristes. Claro, era ficción. Con igual argumento Savater despachaba a los críticos del sectarismo de Patria y excusaba las inexactitudes históricas de Vargas Llosa sobre el asesinato de Jesús Galíndez en La fiesta del Chivo. Y así cualquier morcilla vale.

El regreso de Cuéntame ha tenido un buen resultado, con el 13,3% en su estreno y 11,7% en el segundo episodio. Se entiende que un programa alcanza el respaldo social cuando supera la audiencia media de la cadena. Y si La 1 está en el 9,9%, puede decirse que goza del favor del público. Los guionistas son conscientes de los factores extratelevisivos que agitan la historia. Con Imanol Arias y Ana Duato procesados por delito fiscal y con posibles condenas de 27 años de cárcel y multa de 10 millones de euros, el cuento, colorín colorado, se ha acabado por corrupción. ¿Es por eso que matarán a Antonio tras ser atropellado por un coche? ¿O lo hacen para llamar a la compasión popular? 

La imaginación no es suficiente para distinguir entre actor y personaje. Ocurre con Woody Allen y Kevin Spacey. Somos cara y cruz, pero todo es uno. ¿Cuando vemos en pantalla a Arias y Duato estamos ante los Alcántara o frente a dos presuntos delincuentes? Así es imposible meterse en la irrealidad del cuento por causa del invencible poder de la realidad.