
El lunes pasado TVE celebró su 70 aniversario con un telediario de nostalgia, pomposamente titulado El telediario de nuestras vidas. Y lo hizo mediante un calculado ejercicio de memoria que eludió la nobleza de admitir su historia de mentiras y propaganda. Los telediarios de la dictadura no fueron errores del pasado, sino actos rigurosos de delirio fascista en los que se glorificaba al tirano y engrandecía su régimen de barbarie. Pero también en épocas más cercanas se manipuló groseramente la verdad. Entre los pioneros estuvieron David Cubedo, cuya voz campanuda era la misma del NO-DO, y Matías Prats, reencarnación de Franco y tan falangista como Jesús Álvarez, primer busto parlante del noticiario.
Para el homenaje eligieron a diez de sus ilustres caras, desde Iñaki Gabilondo a Lorenzo Milá, pasando por Ana Blanco, señora de las noticias; Pedro Piqueras, Almudena Ariza y otros. Y añadieron al hombre del tiempo, Paco Montesdeoca, para reconocer que la meteorología era -y sigue siendo- lo más visto. Y en medio de ellos, multitud de reporteros que dieron forma y vida a los sucesos de paz y guerra, de conflictos e hitos memorables. Y como España (también la izquierda abertzale) tiene una memoria retorcida, cayeron en lo mismo que la transición: olvidar a las víctimas y blanquear a sus criminales. ¿Acaso el abominable Alfredo Urdaci, Sáenz de Buruaga y Carlos Herrera no existieron? Es cierto que, al final, Pepa Bueno se disculpó genéricamente por aquellos repugnantes manipuladores, pero lo hizo con la boca pequeña, al estilo español.
La sensación que dejó es de rancia amargura, pues la opción ha sido olvidar más que recordar y acreditar que TVE imita a la clase política al no conjurar sus miserias. Es la censura moral aprovechando la desmemoria del pueblo.
JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ