
La España trágica se empeña en perpetuarse en muertes y destrucción por accidentes, inundaciones, incendios y terribles negligencias que ocasionan víctimas y sufrimiento en un clima de irresponsabilidad política y en un Estado incapaz de convivir y que apela al regreso de la tiranía. Paradójicamente, se sublima en la solidaridad, a la vez que se ridiculiza en televisión y Europa. Dos siniestros ferroviarios, de terribles consecuencias, y en apenas diez meses no pueden ser producto de la fatalidad. ¿Tanta alta tecnología para estos efectos?
La tele no ha aprendido a retransmitir una tragedia. Repite sus errores y descalabra en emociones, entre ellas la agresividad, con exceso de locuacidad y prisas que favorecen colosales fallos informativos. Estuvo bien que cambiaran la programación y que Pepa Bueno, en La 1, hiciera un gran esfuerzo, tarde y noche, para proyectar el mejor estilo en la narración del accidente. Al otro lado, Iker Jiménez recurrió al carroñerismo, politiqueando con los muertos y hasta aceptó la hipótesis del sabotaje. La televisión también está en elecciones, pública contra privada, y en octubre TVE ha ganado en audiencia a Antena 3.
Hay similitud entre el accidente de Urda y el ocurrido en Urduliz en 1970. Dos pueblos, en Toledo y Bizkaia, de nombre parecido. Y dos siniestros causados por idénticos errores humanos. El del miércoles pasado, cuando el operario del centro de control, inexplicablemente, dio orden al AVE de reanudar la marcha, provocando la colisión a 200 km/hora contra el Iryo: 69 muertos. Lo mismo que hizo el jefe de estación de Urduliz, quien, absurdamente, dio salida al viejo tren hacia Plentzia, en vía única, a 43 km/hora: 33 muertos. Aquel ferroviario murió consumido por el sentimiento de culpa. ¿Cuál es la conciencia de ahora?
JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ