Eloy Tizón o el fanatismo amable ( Un encuentro en el AZ de Bilbao)

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Ayer tuve la ocasión de asistir a un acto de esos de los que uno puede arrepentirse de no haber ido. Se presentaba en la AZ – Alhóndiga de Bilbao una nueva edición de Velocidad de los jardines de Eloy Tizón, un  libro que vio su primera luz hace veinticinco años.

El acto fue introducido por Mónica Crespo, directora de la Letra Eskola de la AZ, leyendo un breve y bello texto escrito al paso de la relectura del libro que se presentaba. A partir de ese momento, se fue construyendo un amplio puente entre las muy precisas intervenciones de Eloy Tizón, los hábiles circunloquios de Pedro Ugarte y las preguntas afiladas de Jon Bilbao, tan teñidas de ese su estilo british, sobrio e irónico a la vez.

Y por ese puente fueron circulando, de aquí  para allá, los temas que siempre salen cuando se habla de literatura y de arte: el impulso creativo, la importancia de la forma – una vez más,  aquello que preguntaba Paul Valery: ¿además de decir algo, qué has querido hacer? -;el carácter al cabo epistolar que genera la conciencia del «otro»; o la búsqueda de esa voz que da el tono propio.

En medio de aquel ir y venir , se fue configurando un mensaje general y a la vez muy particular: que nadie puede dedicarse a la creación – en este caso literaria – sin asumir un cierto fanatismo amable, un cierto empeño equidistante entre el deseo delirante de escribir   y la tranquila voluntad de estilo . Un fanatismo amable  como el que derrocha cuando habla o cuando escribe, Eloy Tizón.

Ensayos mínimos: Conversaciones e interlocutores

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En sus interesantísimas memorias – Una mirada atrás–  y hablando de su amigo Charles Norton, la escritora norteamericana Edith Wharton  comenta : » Cada palabra que pronunciaba, cada pregunta que formulaba, era como una señal que apuntaba hacia la cumbre siguiente, y sus silencios eran del género que propicia que la conversación continúe…»Indudablemente Wharton había encontrado un auténtico interlocutor.

Aunque el término  sea un tanto cacofónico y suene, además, a anglosajón, el concepto es claro y distinto que diría Descartes. Se trata de encontrar a alguien  que verdaderamente escuche y que verdaderamente responda.

Y alguien que verdaderamente escuche  no sólo oirá  las palabras que con mayor o menor orden salen de la boca del otro  sino que también estará atento a su mirada, a sus manos, a los movimientos de su cuerpo. Intentará , escuchando así, comprender  todo lo que el otro pretende darle a entender, todo lo que  esforzadamente le quiere decir  y también aquello que, sin darse cuenta, le transmite entre respiración y respiración.

Y alguien que verdaderamente responda lo hará con la convicción de estar poniendo en juego todas sus capacidades expresivas, insistiendo particularmente en los matices y no dejándose llevar por  generalizaciones y lugares comunes. La respuesta deberá ser para  el otro  clarificadora pero también  interrogativa, creando un puente de doble sentido entre los que hablan.

Sólo así habrá interlocución . Y  sólo así hay interlocutores e interlocutoras.

 

Ensayos mínimos: Paul Morand y los periódicos ( y la tele y twitter y facebook)

En las páginas finales de su interesante libro dedicado a Nueva York ( 1930), escrito tras un viaje al poco de producirse el Gran Crack del 29 de octubre  – que tantos han comparado con el de  2008- , Paul Morand comenta:  «No se puede hacer nada contra un diario americano, aunque fuese uno Dios».

No conviene descontextualizar estas palabras y menos a quien las dice, pues Morand fue un escritor muy francés y muy conservador,  que se distinguió como anti-semita, participó en el Gobierno de Vichy, se exiló en Suiza y no fue «perdonado» hasta 1953, siendo recibido en la Academie Française en 1968, una vez levantado el veto expreso del  general De Gaulle .

Ahora bien, si para Morand los periódicos, y la prensa en general, eran productores «de esas cosas ficticias llamadas noticias», también les concedía el poder cuasi divino arriba mencionado. Y todo esto puede venir al pelo, por supuesto, de los tira-biras que ahora mantiene el nuevo presidente Donald Trump con la prensa – sobre todo con The New York Times– que no cesa de combatir su, precisamente, endiosamiento twittero.

Pero, como proyección en estos lares, las palabras de Morand, a contrario sensu, podrían servir para reflexionar sobre la importancia de nuestros medios de comunicación en la conformación de eso que denominamos la realidad, a través del «régimen de  las noticias»  ; pues casi nadie puede ya sino aportar un testimonio muy personal de lo visto y oído, un testimonio que  parece carecer de toda «verosimilitud» frente a la enorme capacidad aseverativa de  la radio, la televisión y las redes sociales.

Se hace eco Paul Morand también , entre las páginas citadas, de una frase de Goethe, que decía, cuando las gacetas no aparecían más que una o dos veces por semana, «que preveía días terribles en que aparecerían tres veces al día…»

¿Y ahora, querido lector, querida lectora, cuántas veces al día estamos pendientes de esas noticias? ¿O acaso hay algún momento del día en que no lo estemos ? Y lo que quizá sería lo más importante: ¿Para qué? ¿Para qué exactamente  estamos tan pendientes?

Pablo d´Ors o el Catolicismo Zen

 

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Hace un par de meses,una buena amiga me regaló el libro de Pablo d’Ors titulado Biografía del silencio. Ayer por la tarde , como jugaba de libero,me lo leí de cabo a rabo, disfrutando, además, de la textura de su excelente encuadernación.

La obra, escrita en primera persona, recoge una serie de reflexiones sobre el método de meditación que practica, al parecer, su autor. Dicho método está inspirado en el Zen, utilizando preferentemente la sentada ( o Za-Zen) frente al koan ( o disrupción discursiva), y quizá lo más sugerente es el testimonio de la evolución de d’ Ors, pues cuando se intenta alguna aproximación teórica, hay una cierta confusión: no queda nada claro que el Zen (japonés) no es sino el Chang (chino), que, a su vez,resulta de la fusión del budismo mahayama indio con el taoísmo  filosófico chino.Y otro sí ocurre con las idas y venidas acerca del ego grande y pequeño y de sus respectivas desapariciones y reapariciones- que podrían levantar al amigo Sigmund Freud de su tumba para hacer algunas precisiones.

Pero, en fin,supongo que lo anterior serán para el escritor menudencias ,ante la progresiva deriva hacia el desasimiento y el vacío receptivo .No obstante, al llegar a esta última cuestión ,d ‘ Ors nos dice: » Solo en lo que está vacío y es puro, puede entrar Dios.Por eso entró Jesucristo en el seno de la Virgen María» (p. 105). Lo cual que no es sino una novedosa interpretación del misterio de la Inmaculada Concepción ( y probablemente un tanto discutible desde la ortodoxia.Se descubre en este punto que Pablo d’ Ors- más allá de nieto de  don Eugenio- es sacerdote católico y asesor del Papa Francisco.

Tendencias místicas las ha habido en el cristianismo desde el principio – desde Meister Eckhart hasta Miguel de Molinos pasando por Teresa de Jesús- pero casi nunca han salido bien paradas. Ahí están las condenas eclesiales y, otro sí  , las deliciosas indignaciones de Menéndez Pelayo en su Historia de los Heterodoxos Españoles ( que todo dios – con perdón- debería leer tras durante una hepatitis , una estancia carcelaria o un desastre amoroso.

Pero , teniendo en cuenta el éxito de esta obra, que ya ha vendido más de  cien mil ejemplares, nos podríamos preguntar:¿Será esta del zen acaso una nueva vía del catolicismo? Y, ¿sustituirá esta vía, por ejemplo, al Camino de San Josemaria Escrivá de Balaguer y Albas?

Avisados que quedamos ( todos – y todas, of course.