ENSAYO GENERAL PARA UN BALLET DIGITAL

Una de las connotaciones más evidentes de la influencia de la pandemia en la vida cotidiana ha sido la inmersión de gran parte de la población en el mundo digital.

Así,en efecto, y a lo largo del confinamiento, sobre todo en su fase más dura, se han utilizado en abundancia todos los medios telemáticos al alcance y no solo ya aquellos que pretendían poder mantener un mínimo de comunicación familiar o amical como WhatsApp ,Twitter ,Facebook , Instagram o Zoom sino también todos los recursos puestos a disposición para el teletrabajo , el telecomercio y la teledocencia.

La prueba contable de esta inmersión general ha sido el avance espectacular de las empresas tecnológicas a pesar de las caídas vertiginosas de las bolsas internacionales ,así como las llamadas de los expertos a invertir en ellas.

Pero no es menos relevante la disputa que ya se ha levantado en Europa acerca de las posibilidades de un desarrollo digital propio frente a los gigantes chinos y estadounidenses.

Por otro lado, ya han circulado voces de sociologos, sicólogos y otros profesionales augurando que de facto hemos entrado en una nueva etapa de la humanidad.

De manera que parece que esta pandemia del COVID-19 – que algún día nos explicarán los historiadores si ha sido o no deliberadamente provocada- se ha convertido en la ocasión a modo de tormenta perfecta para dar una vuelta de tuerca al modo de vivir de al menos una gran parte de la población mundial y entrar de lleno en la revolución digital.

Todo lo anterior apunta a que el zoon elektronikón (1) ha venido y, como la primavera, nadie sabe cómo ha sido…Pero para quedarse definitivamente tras este ensayo general para un ballet digital…

( 1) Huici Urmeneta, V., & Davila Legerén, A. (2016). Del Zoon Politikón al Zoon Elektronikón. Una reflexión sobre las condiciones de la socialidad a partir de Aristóteles. Política Y Sociedad53(3), 757-772. https://doi.org/10.5209/re

LA CABAÑA (El síndrome de)

La cabaña de Thoreau

Cada vez hay más gente que deja caer sotto voce que no se lo ha pasado tan mal durante la fase más dura del confinamiento, aquella en la que, salvo tener un perro, apenas si se podía salir de casa.

Por supuesto , hay excepciones, notablemente quienes han tenido que tirar de teletrabajo en cualquiera de sus ámbitos ( laboral o educativo, mayormente) y, of course, los miembros (y miembras) del mundo sanitario.

Se relatan al respecto jornadas gozosas, sin horarios, tomando el sol a traves de las ventanas abiertas, leyendo plácidamente en el sofá, viendo toda una serie de series , así como películas tan grabadas como almacenadas, disfrutando de los dímes y diretes familiares y conectando ( y desconectando: esto es muy importante) con «el exterior» próximo por medio de las diferentes aplicaciones electrónicas que, sumándose a las ya integradas en la vida cotidiana , han hecho su agosto.

Y claro, como el gozo, que al decir de Roland Barthes es un placer proactivo en su singular pasividad, no es por lo general de recibo en una cultura del trabajo , sino más bien síntoma de anormalidad o patología, en seguida ha habido hábiles dictaminadores que han recuperado para esta manifestación particular el viejo diagnóstico del «sindrome de la cabaña», antes vinculado a cárceles y hospitales.

Y así, como lo cortés no quita lo valiente, se ha ido extendiendo la idea de que el deseo de no abandonar este confinamiento gozoso , en realidad es un miedo inconsciente a salir de casa, ya en el borde del precipicio de la agorafobia…O, ¿ acaso no es lo normal, desear salir, sobre todo para consumir cuanto antes más y mejor- y de paso reactivar la econosuya?

No sé, pero desde lejos percibo la ceja izquierda levantada de alguno de aquellos buscadores  de oro norteamericanos que solían pasar meses enteros en sus cabañas tan campantes, sin saber que eran la figura viviente del «retirado» de Thoreau, o del «anarca» que luego popularizaría Ernst Jünger…Tan ajenos todos ellos al «síndrome de la cabaña»…

GRUPO (¡ de riesgo!)

El grupo era una gran grupo compuesto por treintañeros y cuarentañeros sentados en torno a cuatro mesas juntas. Debían de llevar ya un buen rato, pues entre platos con restos de patatas fritas, aceitunas y ganchitos, había muchas copas a medio llenar y otras casi llenas de lo que parecían ser gin-tonics y cuba-libres.

Nadie llevaba mascarilla y mientras unos discutían enfáticamente y otros atendían, uno con lágrimas, las palabras que les susurraban al oído, una joven de unos ochenta quilos- que diría Josep Pla – iba de aquí para allá dejándose caer sobre unos y otros, abrazándolos y besuqueándolos- a algunos con besos de tornillo y no se sabe si de lengua- en medio de un alborozo general y chillón.

De pronto la infrascrita, ya muy achispada, en un alarde chistoso, se ha dirigido a la mesita donde estaban dispuestos algunos guantes, varios trapos y un gran frasco con desinfectante hidroalcohólico, ha cogido con la dos manos el dispensador y ha hecho el amago de dirigirlo a su boca. Ante las protestas de un par de amigas, se ha acercado a ellas frasco en ristre y ha comenzado a rociarlas entre risas, hasta que un hombretón ha soltado desde una de las mesas un improperio confuso pero de tono terminante y el frasco ha vuelto a su sitio.

La gorda ha vuelto a su periplo de besos y abrazos y una vez que el grupo se ha apuntado a una nueva ronda, ha desaparecido hacia el servicio más pálida que la virgen de la O.

Y de todo esto he podido dar fe, bien parapetado tras un oportuno y aislante metracrilato transparente,hasta que aprovechando la asunción de la susodicha, hemos abandonado nuestra mesa, tan duramente conseguida, entre comentarios sotto voce de otros compañeros de terraza : » Si luego acaban en la UCI…¡ yo les pasaría la factura!» , «¡Estos piensan que ya están vacunaos!», » ¡Este sí que es un grupo de riesgo!» (y también – y supongo que por extensión: » ¡Acabarán cerrando las playas!»)

Pues eso, que diría un Umbral.

NATURALEZA (s)

Cuando publiqué la última recopilación de haikus (1) , un colega, a la sazón profesor de Historia del Arte y escultor, originario de un pueblo costero, me comentó: «El libro me ha gustado, pero tienes una idea muy romántica del mar».

Sus palabras, ya en aquel momento me hicieron reflexionar, pues , en efecto aunque he navegado mucho y por mares muy diferentes, siempre lo he hecho «de recreo», sin que me fuera en ello ni el fuero ni el huevo.

He recordado esta anécdota ahora que los días de confinamiento van terminando y están pareciendo desembocar , con cierta fuerza torrencial, en la invasión de playas y arenales, así como en la reserva a gran escala de casas rurales y agroturismos: todo muy en el tono de recuperar el vínculo con la Naturaleza, sea directamente, haciendo senderismo o montañismo, o, vehículo mediante, montando bicicleta o tabla de surf.

Supongo que habrá algo de compulsivo alternativo en este movimiento, pero sin duda hay mucho de «idola fori», pues , ciertamente la contemplación de la Naturaleza como algo admirable y deseable es fruto del Romanticismo. De hecho, hasta entonces, la Naturaleza había sido más bien algo hosco, oscuro y lleno de peligros: ya decía Kant que «el buen campesino saboyano, trataba de locos a todos los amantes de las montañas de hielo» y Oscar Wilde comentaba jocosamente que «donde el hombre cultivado capta un efecto, el hombre inculto atrapa un constipado» (2).

Ahora estoy leyendo un delicioso libro titulado La montaña y el arte ( Ed. Fórcola, Madrid, 2017) de Eduardo Martínez de Pisón, Catedrático Emérito de la Universidad Autónoma de Madrid, geógrafo, escritor y alpinista, y más allá de ratificar , con matices, las tesis anteriores, vuelvo a comprobar que el goce de la Naturaleza, en cualquiera de sus manifestaciones se produce siempre que no implique trabajo, aunque pueda implicar esfuerzo.

Y en este punto, de pronto , he debido reconocer que mi espíritu urbanita, muy condicionado por ciertas limitaciones físicas, tiene también un anclaje metafísico y acaso claramente moral, pues la huerta familiar que patee hasta los dieciséis años , más allá de leves éxtasis estéticos que siempre recordaré – ¡ Ah aquellas mariposas blancas revoloteando sobre un enorme sauce llorón! – fue también la ocasión, una gran ocasión, para darme cuenta del durísimo trabajo de la tierra en gélidos inviernos y veranos ardientes…

(1) Breve ensayo de cartografía, Ed. Luces de Gálibo, Girona, 2015.

(2) Las citas está extraidas del Breve tratado del paisaje , de Alain Roger ( Biblioteca Nueva , Madrid, 2013),ya citado anteriormente.

LA «NUEVA» NORMALIDAD ( o «¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? «)

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? , es una película de Manuel Gómez Pereira, estrenada en 1993, en la que una mujer – impagable Verónica Forqué – que trabaja en un espectáculo porno, necesita un compañero de trabajo – el siempre fiel a sí mismo Jorge Sanz – para realizar sus shows en directo…hasta que el sexo se confunde con ¡el amor!

He recordado este film , ya perdido en las filmotecas, al ir comprobando día a día, cómo a la expresión «Nueva Normalidad», se le iba borrando el adjetivo, quedando en «Normalidad» y , también , cómo le iban creciendo unos brotes verdes con las letras V-I-E-J-A…

Así, todo parece indicar que, habiendo pasado el mando en plaza de las autoridades sanitarias a las económicas, se irá difundiendo una, eso sí, «nueva narrativa», bien estructurada y desarrollada ,acaso con ayuda de unos cuantos guionistas de Hollywood, como en el caso de la Guerra de Irak que mostraron unas «armas de destrucción masiva», que luego se demostraron más bien de «desaparición masiva».

Probablemente la base de esta nueva narrativa tendrá un marco global de tipo Fu-Manchú que se resumirá en la tesis de que China creó el COVID-19 en un laboratorio, que lo difundió mundialmente con ocasión de unos Juegos Deportivos Militares, que después nos vendió mascarillas y respiradores previamente fabricados por millones, y que, por fin nos proporcionó la vacuna salvífica a un precio de órdago.

Y sobre este marco global que circunvalará la lucha por la hegemonía en el siglo XXI, es previsible que se vayan desinflando las críticas aledañas, surgidas en el entorno de la pandemia: se enunciará , por ejemplo, que el calentamiento global no era para tanto, que el turismo debe continuar siendo la clave del PIB mundial, que es necesario consumir no sólo lo imprescindible sino «lo necesario», que el urbanismo «emprendedor» ha sido siempre fuente de riqueza, que los sistemas sanitarios no pueden ya dar de sí por la arbitrariedad de los usuarios, que la tercera edad supone más que todo un problema, y , en fin, que todos ( y todas, of course) debemos aportar nuestro granito de arena, no exigiendo demasiado – ¡Ah benditos Pactos de la Moncloa! – y aceptando ese desdoblamiento del panóptico de Bentham que ha supuesto el despliegue voluntario del control social electrónico.

Ante esta vuelta la normalidad «de siempre» tan anhelada por los mercados, es asimismo posible que haya una resistencia cabal y ciudadana que pretenda extraer algunas conclusiones operativas para el futuro, pero, en todo caso, sería muy positivo que se comenzara a dilucidar con claridad la denominación de las cosas, como quería Confucio, y que, una vez más no se impusiera aquello del ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

[ Acta est fabula ]

BIBLIOTECA(S)

He de confesar que espero con una leve ansiedad el levantamiento de la veda que permita acudir a las bibliotecas.

Pues a pesar de que dispongo de un buen repertorio doméstico- y del que me quedaría al cabo tan sólo con una docena de libros- ,las bibliotecas continúan siendo para mí una fuente permanente de estímulo.

Y lo son sobre todo por ese fondo bibliográfico que se ha ido acumulando con los años en estanterías y sótanos, siempre que ha habido un dirección perspicaz más atenta a la calidad que a la cantidad y a la selección que a la efímera novedad.

En mi caso, por proximidad geográfica y fidelidad académica, la biblioteca con mayúsculas es el CRAE de la Universidad de Deusto, tan bien ordenado y tan eficientemente administrado, donde siempre he podido consultar libros y revistas inaccesibles por otros medios.

En este sentido, he de decir que todavía conservo con orgullo el carnet de la antigua Biblioteca Loyola , en la que recuerdo una larga y anotada lectura de Platón y de Aristóteles alternando la edición de la editorial Gredos con la  de Belles Lettres , así como otra, más rápida y febril, del Antiguo Testamento – y particularmente de Éxodo que tantas pistas me proporcionó para comprender las explicaciones de algunos fenómenos actuales.

Pero más que nada recuerdo la mirada atenta del padre Echarri que no ignorando el incipiente agnosticismo que se ocultaba bajo mi espesa y rizada melena, siempre se interesaba por mis apuntes.

Y sin despreciar las fuentes electrónicas, ni la wikipedia, ni internet, ni el e-mail, ni siquiera las «redes sociales», evocando esa mirada me he dado cuenta de que vengo de otros tiempos, muy diferentes. Y me ha gustado.

UNA NUEVA CIUDAD (para una Nueva Normalidad)

ABANDO HABITABLE

Como ha comentado con su excelencia habitual el profesor de Historia del Arte Javier González de Durana, el camino hacia esa denominada Nueva Normalidad, tras la pandemia del COVID-19, debería implicar también la revisión de los proyectos urbanísticos en curso, toda vez que los diseños de las ciudades han influido y mucho en el desarrollo de la enfermedad.

Así, cualquier previsión de colmatar los espacios libres disponibles, y sobre todo aquellos que puedan suponer una apertura al cielo, al viento, al sol y en general a la naturaleza, deberían ponerse en suspenso, para poder analizar mejor su verdadero impacto en el futuro tanto urbano como sanitario.

En este sentido, y en el caso de Bilbao, cuyo PGOU se evidencia como «no nacido y ya muerto» tal y como señala el propio González de Durana, la pretensión de continuar con el proyecto de Obispado de Bilbao para convertir la parcela de la Escuela de Magisterio diocesana- BAM , sita en el barrio bilbaino de Abando, en un gigantesco edificio de ocho plantas y cuatro sótanos, debería caer por su peso, pues supondría avanzar precisamente en la dirección contraria a la sugerida por los expertos.

Además su definitiva remisión podría suponer poner punto final a un un impropio negocio de especulación inmobiliaria que ha sido largamente criticado por el AMPA del Colegio Cervantes , sito en las inmediaciones, por diversas asociaciones de vecinos y movimientos ciudadanos, y también desde dentro de la propia Iglesia Católica.

Al respecto, los interesados deberían recordar aquel aforismo del jesuita Baltasar Gracián, que dice en su Oráculo manual y Arte de prudencia: «Trae un empeño otro mayor, y está mui al canto del despeño»…


DEPORTE ( y «muñecas hinchables»)

«Espectador de espectadores» Equipo Crónica (1972)

Hace ya una veintena de años formé parte del profesorado de la Escuela Superior de Gestión Deportiva Johan Cruyff, desarrollando una asignatura que llevaba por nombre «Ciencias Sociales de la Actividad Física  y del Deporte» y que venía a ser una Sociología del deporte.

Se trataba de una materia que no había tenido mucho eco en estos lares, aunque se contaba con un manual incipiente y bastante completo y, sobre todo con algunas investigaciones iniciales llevadas a cabo por profesionales de cierto prestigio como Pierre Bourdieu o Norbert Elías .

Entre los debates que surgían al calor de los diferentes temas que íbamos recorriendo, había siempre dos aspectos que salían, bien como constatación , ya como queja. Uno de ellos era la progresiva imbricación del deporte profesional y el mundo de los negocios , y el otro su conversión, sobre todo en el caso del fútbol , en un mero espectáculo.

En aquel tiempo, el aspecto económico de la actividad deportiva todavía no implicaba, como comenzó a ocurrir poco después, salvo excepciones, la entrada de los fondos de las multinacionales de la construcción y el petróleo , y la subasta periódica de los jugadores , así como el progresivo enrarecimiento de la gestión hasta llegar a niveles de corrupción insospechados incluso en las más altas esferas.

Ni tampoco la dimensión de espectáculo de las competiciones había llegado a trastocar los ritmos de los encuentros según los intereses de quienes los retransmitían y de quienes les hacían el caldo gordo, saturando la parrilla televisiva a todas horas , todos los días y , por supuesto pay per view, llegando a admitir que no se hicieran retransmisiones sin una cierta cantidad de público.

Me he acordado de todo esto al enterarme de que se ha reanudado la Bundesliga para evitar el colapso económico del deporte rey, y que se ha hecho sin público, prietas las filas tras las pantallas, y de que , por ejemplo en Seul, se ha celebrado un partido disponiendo unas maniquíes ( o unas «muñecas hinchables/ sexuales», todavía no se ha aclarado) en las gradas para alentar (?) a los jugadores…

Y , en fin, como es posible que por aquí alguno ya se estará devanando los sesos para activar el ocio y el negocio cuanto antes, se me ha ocurrido que nada mejor para rellenar los estadios vacíos que unos cientos de aquellos muñecotes grises con gafas negras que en su momento fueron el santo y seña del «Equipo Crónica». Claro, que a lo mejor es un poco caro y no salen las cuentas: el mío, conseguido por sorteo en 1972 en los Encuentros de Pamplona, lo alquilo barato.

UTOPÍA EN LA DISTOPÍA (sobre «Enjambres» de Edgar Borges)

He recibido y leído la última obra de Edgar Borges (Caracas, 1966), a quien conocí hace ya algunos años a raíz de su investigación novelada titulada El hombre no mediático que leía a Peter Handke ( recientemente reeditada en Ediciones Carena).

La nueva novela se titula Enjambres y ha aparecido de la mano de Altamarea Ediciones. Con ella el escritor venezolano continúa un ciclo literario singular iniciado por La ciclista de las soluciones
imaginarias (2014), y que se ha desarrollado entre El olvido de Bruno (2016) y La niña del salto (2018).

Una vez más, Borges aprovecha su narración para recorrer algunos ámbitos de la realidad circundante desde una mirada deconstructiva y por ello alternativa.

En este caso, y como si presintiera el confinamiento obligado a que nos ha conducido la pandemia del COVID- 19, Enjambres describe un confinamiento, en este caso voluntario, de un grupo de amigos que se encierra en una casa apartada en medio de un bosque y junto a un lago, huyendo de los enfrentamientos civiles que les rodean.

El grupo de amigos, encabezado por una joven, intenta sobrevivir acogiéndose a una inocencia primitiva, acaso tan infantil como rousseauniana, y , a pesar de las decepciones y de las deserciones, se reclama de la utopía como sólo se puede hacer desde la virtualidad de la literatura, es decir , haciendo posible en el texto lo que parece más bien inviable en la realidad empírica e histórica.

Se cumple así a largo plazo, una , acaso la más importante, de las funciones del arte que no es otra sino dar cuenta de lo que puede ser más allá de lo que es , o , en terminología aristotélica, de lo que pudo ser más allá de lo que fue.

Y, por una casualidad, como siempre inesperada – ¡ Ah escurridizo Kairós! – las palabras de Enjambres se elevan desde sus páginas como la ocasión para meditar sobre un confinamiento deseado en medio de la distopía que nos rodea…

«AÑOS DE PLOMO» ( Una crónica de Kepa Bilbao Ariztimuño)

Han sido numerosos los estudios y las investigaciones que se han llevado a cabo acerca de la denominada Transición Política española. También desde algunos medios de comunicación se han ido ofreciendo versiones documentales oficiales y alternativas – aquel fue el caso del famoso programa de Victoria Prego. Asimismo se han sucedido toda una serie de memorias y testimonios más o menos apologéticos o exculpativos. Más recientemente, ha emergido una variante de ficción articulada en torno a la actividad de ETA ( como la novela Patria, o la serie La línea invisible) si bien bajo un esquematismo y un simplismo bastante insustanciales que no parecen ayudar en nada a la «comprensión» – en el sentido de Max Weber- de lo que estaba ocurriendo durante aquellos años.

El profesor Kepa Bilbao, autor de una larga bibliografía, acaba de publicar Años de plomo. La excepcionalidad vasco-navarra en la transición (1975-1985). Hechos, movimientos sociales, ideologías, violencia política y la izquierda radical (Tercera Prensa-Hirugarren Prentsa , 2020), un intento de reconstruir el ambiente sociopolitico que se vivió en el País Vasco entre 1975 y 1985.

En esta obra se describen los principales acontecimientos ocurridos durante estos años, escogidos particularmente por coincidir con los momentos más tensos del proceso de desestructuración del franquismo. Y si bien el tono general y conclusivo es que por un lado el movimiento obrero contribuyó con un gran despliegue de movilizaciones y huelgas a facilitar la esperanza de una ruptura política, por otra parte , y con carácter retrospectivo, se aprecia un maximalismo ineludible en las exigencias políticas entre las fuerzas opositoras más radicales: «Se vivió un momento de euforia por la utopía hasta el punto que el sector más radical creyó que lo deseable era posible y bueno para la mayoría social, posibilidad que pasaba por una ruptura a través de la violencia»

Pero lo mas interesante de esta nueva publicación es la aportacion directa de diversos testimonios y documentos de aquella izquierda denominada revolucionaria , tan repartida entre grupos leninistas, maoístas, trotskistas y nacionalistas abertzales, y de sus cábalas en aquellos sugerentes e interesantes momentos historicos. Y también, toda una serie de reflexiones sobre los diversos movimientos sociales que surgieron al calor de aquellos años de plomo, como el ecologismo, el feminismo , el anti-militarismo o los movimientos de liberación sexual, así como el interesante capítulo sobre el Rock Radical Vasco y su impregnación social.

Un libro, en fin, tan complementario como necesario para volver a meditar, sine ira et studio, sobre una década trascendental.