SERIES (¿en serie?)

Dice un amigo mío , condenado por cinefilia y cineasta de no mucho éxito que ,con carácter general, las series se pueden clasificar en malas y muy malas, aunque él prefiere calificarlas de 3-R ( mayores con reparos) y 4 ( gravemente peligrosa), siguiendo una antigua normativa moral.

Y aunque es cierto que yo no suelo eludir los márgenes clasificatorios cualitativos por mor de mi degenerada visión sociológica, poco sabría afirmar al respecto. Tan solo que he podido constatar la polución efervescente de las susodichas ,que se expande en plataformas varias mayormente de pago y que ,eso sí, no dan tregua de tramas multiplicadas desde sí mismas como si se les hubiera suministrado un a modo de pastillita azul para mantenerse en permanente excitación.

Seguramente este modo de proceder tiene mucho que ver con la vana pretensión de generar una adicción sin tiempo ni espacio, otra de las claves de esta nuestra inmediatez horizontal actual, pero aún así los niveles de saturación son objetivamente limitados y la prolijidad de crímenes abdominales ( ¡Perdón quería decir abominables !), tenebrosos misterios cada vez más misteriosos y tenebrosos, y sangre replicante a raudales junto con comentarios del más refinado sadismo familiar, toda esa pamema , vamos, que antes hacía las delicias de los lectores de «El Caso» y acaso de los videntes de las telenovelas venezolanas, terminará , es de suponer históricamente, en el hartazgo y con la quiebra drástica («Oh, my God!» )de las mentadas plataformas, una quiebra que quedará subsumida y numerada en el largo catálogo que ya acoge los fracasos audiovisuales, desde que el mundo es inmundo.

Se cumplirá así la ley más pura y cristalina del capitalismo más duro y oscuro, esa que obliga al personal a reinventarse y empoderarse para entrar con encono en la nueva burbuja que habrá que explotar hasta que explote y se reinicie el ciclo.

Agrupémonos todos, pues y consecuentemente, en torno a los terminales pantállicos , y gocemos mientras podamos porque no sabemos ni el día ni la hora en que desaparecerán las series y ya todo será llanto y crujir de dientes…

(c) IBILTARIA by V. Huici

JACQUES TATI ( revisited)

“Si existen en el mundo fuerzas, poderes o energías productoras de innovación, la única disciplina que puede comunicar directamente con ellas es el arte, cualquier arte, siempre que sea fiel a su propia esencia, que es la actividad creadora en el orden de la forma», afirma Etienne Gilson en su ensayo Pintura y realidad .

He recordado esta frase al salir de la proyección de Trafic (1971), la película de Jacques Tati ( 1907- 1982) que acaso sea la obra- suma de su carrera cinematográfica. En ella , el director francés ( de origen franco-ruso-ítalo-neerlandés, por cierto) nos sumerge en una leve trama en la que el famoso señor Hulot ( el personaje par excellence de Tati) aparece como un diseñador de coches de París que viaja en un camión hasta Amsterdam para exhibir su modelo en el Salón del Automóvil. Los avatares de este viaje, con continuos pinchazos, averías, retenciones e intervenciones policiales dan cuenta de una reflexión sobre el tráfico automovilístico, que ya en el año en que se rodó el film se anunciaba como un fenómeno en crecimiento que pronto iba a colapsar las ciudades, y que ahora , cincuenta años después, se quiere conjurar.

Y precisamente, el valor incombustible de la película parece residir en esta continua reactualización que nos recuerda que los avances tecnológicos no tienen necesariamente que ser avances ni materiales ni morales. Y lo hace desde un dispositivo formal en el que desde la sátira, la parodia y la ironía se combinan la crítica y la sonrisa, el dispositivo quizás más eficaz para fomentar la reflexión.

Quizás hoy en día Tati se hubiera entretenido y nos habría hecho reír, y mucho, si le hubiera dado por escribir y filmar un Smartfone, a la vista de los innúmeros aparatitos luminosos que se encendían y apagaban aquí, allá y acullá a lo largo y ancho de la sala mientras avanzaba la proyección.

No quiero terminar este breve apunte sin señalar que ha sido el Colegio de Oficial de Arquitectos Vasco Navarro (COAVN) en su sede de Bilbao quien ha permitido recuperar este clásico del humor, en el contexto de uno de los mágníficos ciclos de cine presentados con tanto tino y euridición por el profesor Eneko Lorente .

(c) IBILTARIA by V. Huici

IKEAMUS ( igitur)

No soy particularmente partidario de acudir a esos templos máximos del consumo alojados en horizontales polígonos multiservicios que se extienden por los alfoces de las ciudades.

Pero hoy ,para refrescarme de tanta frase de sujeto, verbo y predicado,he acudido en comandita al de la marca sueca cuyo catálogo será en el futuro objeto de subasta entre quienes se dediquen a la Historia. 

Para transitar por las complejas tripas de la mentada institución sin sentir punzada alguna de angustia breve o un deseo inmoderado de escapismo, me he abducido a mí mismo en la figura de un joven muy joven haciendo con su pareja la primera compra general básica para una nueva casa, y me ha ido francamente bien.

Pues que he comprado con sana alegría un cojín muy mullido, una botella para el agua frigorizada, una cazuela especial para hacer pasta, unos mini- cactus y , guiado por mi entusiasmo, un rascador para gatos.

En este punto he sido detenido por la autoridad inmediatamente competente ( léase mi señora esposa, A.S.S.S.N) bajo la indicación de que no tenemos gato ni se le espera.

Y recobrada la perversa lucidez de la razón y mi mismidad en cuanto que tal, he sido retirado en olor de santidad al vehículo a motor, sin el cual,  como es sabido, no es posible acceder a estos paraísos.

Y yo os digo, oh gentes que buscáis experiencias extraordinarias bajando por las aguas de afilados cañones o volando en parapentes multicolores ,  o acaso al acecho de los cánticos de las ballenas y /o esperando en el igloo las auroras boreales : no busquéis más, en teniendo como tenéis tan cerca la elevación absoluta, simplemente cantando un «Ikeamus igitur»…

(c) IBILTARIA by V. Huici

UN ANUNCIO (casi sin palabras)

El anuncio es bastante convencional y por ello, en principio, no llama demasiado la atención: sobre un fondo de sombras indefinido, aparecen un hombre y una mujer embutidos en un uniforme supuestamente apetecible según nos indican sus respectivas sonrisas.

Sin embargo la iconografía que se resalta es bien diferente. Así el hombre es más alto que la mujer y muestra su virilidad por medio de una tímida barba que en ella se manifiesta, en cuanto que feminidad , con unos pequeños pendientes.

Tampoco la uniformidad es exactamente igual puesto que en el caso del varón se incorpora una marca de autoridad a cuenta de un galón de agente 1º y a ello se añade en el costado una bandera identitaria. En el caso de la mujer tan solo es evidente su condición de agente de la escala básica.

Asimismo, la figura del varón se difumina en la parte de abajo del anuncio no sin resaltar una porra o defensa que no se aprecia en el caso de la mujer aunque los dos llevan un radioteléfono, situado en una posición superior en el caso de ella.

Así, a pesar de la ecuanimidad no marcada del mensaje publicitario, parece que se quiere dejar entrever que la fuerza , la autoridad y la identidad se circunscriben mayormente al varón, ubicando a la mujer en una posición subsidiaria.

Y yo me pregunto si más alla del aspecto comunicacional del anuncio, este mensaje subliminal y claramente sexista se les habrá colado , por las prisas o la falta de formación, a los profesionales que lo han pergeñado y sobre todo a las autoridades politicas que lo han encargado…

¿ Alguien sabe de qué anuncio estoy hablando?

TRANS( hitos)

Al parecer la Fundación Sabino Arana ha decidido dar uno de sus premios anuales a la Asociación Naizen, que agrupa en Euskadi a familias de menores transexuales. El premio se le concede «por su compromiso con la diversidad sexual inclusiva y por hacer visible la realidad de los menores transexuales y sus familias, así como la reivindicación de sus derechos».

La decisión es muy loable y más viniendo de una fundación vinculada a un partido político cuyos críticos casi siempre le han reprochado vivir todavía en las postrimerías del siglo XIX. Y a mí «me parece bien», como hubiera dicho al enterarse de ello, si hubiera sido posible, el mismísimo Príncipe de Salina, más conocido por «El Gatorpardo».

Aun así, en la crónica que acompaña a la noticia, se menciona más de una vez la expresión «tránsito» para referirse al proceso de reasignación de género.

Y me he quedado con ella, pues, en nuestra sociedad, tiene diversas acepciones, pero hay una que nombra el acceso del último estertor vital a una nueva y acaso otra vida, en las puertas de la muerte.

Por ello no me ha extrañado que, en la misma crónica, se reproduzca el comentario de una madre que dice: «Yo todavía estoy enterrando a mi hija. Yo lo veo así, la persona de antes no existe, ha desaparecido» ; o de otro familiar que menciona que «yo, más que un funeral, lo vi como una liberación».

En cualquier caso, y aunque aquí parece hablarse de una muerte y de una resurrección que , como todas que en el mundo han sido, son liberadoras, no he podido evitar relacionar esta nuevo ámbito de justicia reparadora con la movilidad general que implica cualquier tránsito, desde el de trenes, automóviles y aviones, hasta el político ( ¡Ah , la tan ahora mentada Transición!) y de elevar mis conclusiones a metafísicas pues en esta postmodernidad que ya fenece en brazos del transhumanismo que se profetiza, me da que ya solo habrá tránsitos entre hitos, e hitos entre tránsitos, o sea Trans-hitos…

TEMAS ( ¿ menores?)

Disputatio

Doy acuse de recibo al comentario que me ha hecho llegar un lector anónimo ( con nick) reprochándome que dedique tiempo y escritura a asuntos banales y cotidianos cuando «hay temas tan relevantes como el calentamiento global o el auge de la extrema derecha».

Ni que decir tiene que tales cuestiones me parecen importantes, pero son muy frecuentemente tratadas por mis compañeros de esta globosfera y, sobre todo, por aquellos a quienes les ha sido concedida la condición de «columnistas». De manera que poco tendría yo que añadir , aunque en ocasiones me parezcan un tanto inclinados hacia la tutología , el buenismo o la disputa modus medii aevi.

Por lo demás, el hecho de que la insistencia en determinados temas sea una doble insistencia, ya que tal es lo que significa en última instancia «tema», me previene metodológica, profesional y personalmente de entrar en esos círculos supuestamente mayores de la actualidad , pues atisbo plusvalías mentales y políticas incontrolables, a más de pensar con mi querido Baltasar Gracián – siempre a mano su Oráculo manual y Arte de prudencia – que «Trae un empeño otro mayor, y está mui al canto del despeño».

Y, por ello, dedícome a hacer algo así como una micro-sociología de la vida cotidiana y prefiero chascarrillear sobre la omnipotencia circular de las bicicletas frente a la impotencia municipal o sobre los nuevos cultos civiles como el veganismo o la orinoterapia , aun cuando ,en ocasiones, debido a alguna ira brevis y afectado como ciudadano de proximidad, dé voz a la denuncia de , por ejemplo, un pelotazo urbanístico descarado ( como el del Obispado de Bilbao en el barrio bilbaino de Abando). Eso sí, siempre con un toque de humor por aquello que ya dijo mi también admirado Billy Wilder: “ Si quieres decirle la verdad a la gente, sé divertido o te matarán”.

De modo y manera que, aunque la sangre no llegue al río- ¡ nunca se sabe!- prefiero seguir esta mi menor vereda, mientras el tiempo o la autoridad competente no lo impidan.Aún así, la inestabilidad técnica de este medio augura una despedida agradecida, pero despedida al cabo…


PAN DE MASA MADRE ( y Bouvard y Pécuchet)

Como , según dicen, no hay dos sin tres, lo he intentado por tercera vez y en esta ocasión ¡ lo he conseguido! Me refiero a que , por fin , he logrado comprar una barra de pan – «una barra, por favor» – en la nueva panadería que han abierto en el barrio y que está haciendo tanto furor como aquel «hay una chica nueva en la oficina, se llama Farada y es divina»( aquí, pronunciar en plan Boris Izaguirre)

Ciertamente la barra que he pillado es muy básica , aunque me han asegurado que es «de masa madre» y de trigo ( I suppose), y no he necesitado interesarme por la amplia oferta que se amontonaba en pequeños cajones, a diestro y siniestro.

Ya comenté en una ocasión anterior que esto de comprar el pan ,que puede parecer muy sencillo, no lo había sido para mí hasta ahora, pues pude comprobar que las aglomeraciones que se producían en la puerta del dicho nuevo establecimiento no se debían tanto a su gran éxito ( que también,si bien en un tono moderado) como a que cada parroquiano ( y cada parroquiana, of course) que acudía , tardaba una media de ocho minutos y dieciséis segundos en decidirse entre el maíz, el trigo, la espelta, el centeno y sus varias combinaciones y formas, en alegre consultoría y breve degustación.

Y ya me iba , todo contento de mi hazañosa hazaña, cuando una señora de esas que no abundan pero que sí se ven por estas mis calles, alta , pero de no más de treinta y cinco quilos que diría Josep Pla, me ha agarrado con una mano nervuda y me ha dicho: «Y , sobre todo, mastique ese pan muy despacio, y trágueselo acompañando cada trozo con su pensamiento…».

Y en comprobando el efecto del consejo sobre la consejera, no he podido evitar el recuerdo de los repentínamente ricos y asaz entusiastas Bouvard y Pécuchet , que en la obra de Flaubert del mismo título leyeron en un manual de higiene de la época – finales del siglo XIX- la misma sugerencia ante la humana incapacidad para la rumia física, y saturados luego por la rumia metafísica hasta incurrir en la fe fisiológica, abandonaron al cabo toda convicción dietética y pasaron página con un gran banquete.

En fin, la de cosas que ( se) le pueden ocurrir a uno, en yendo a comprar un barra de pan, eso sí, de «masa madre»…

(c) IBILTARIA by V. Huici

MR. CHANDAL (¡ bienvenido!)

En esa larga – ¡ larguísima y de patético final ! -colección de tópicos mafiosillos intitulada El irlandés y pergeñada por Martin Scorsese bajo la égida de Netflix , hay una secuencia en la que uno de los protagonistas,  Jimmy Hoffa ( Al Pacino) le dice a otro, Anthony Pro ( Stephen Graham): «¿Así vas a una reunión ?», aludiendo a su camisa floreada y a sus pantalones cortos. Y respondiéndose por delante , añade : «Ya sea en Florida o en Tombuctú,siempre voy en traje a una reunión» . Y es que hasta entre la gente del hampa había sus reglas a la hora de presencializarse.

Cúmplense ahora , por lo oído, algún aniversario, no se cuál, de la aceptación del chandal como prenda de todo uso, pues lo que fuera un dispositivo textil (?) para ciertas actividades codificadas, mayormente vinculadas a las expansiones e intensiones físicas, se ha venido a convertir en un uniforme en el que ya tan sólo hay diferencias, como siempre, de clase y de marcas: un poco como ocurrió con los blue jeans que de ser utilizados por los blue-collars del proletariado y del vaqueriado pasó después a ser alegre prenda mundializada, primero por los hippies y después por los white-collars del pijariado ( if Levi´s, of course)

A lo mejor – y a lo peor, depende – la globalización del chandal, que han lucido desde Castro hasta Obama, pasando por Putin y Xi Jinping ( Mao no se hubiera atrevido), tiene que ver con la deportivización generalizada de la vida social, lo cual que, a pesar de lo que pudiera parecer a primera vista, no sólo no se descuadra de la productividad intrínseca, sino que la cuadra como el torero ( o la torera , too) al toro , pues como dijo aquel anarquista de derechas que se autodenominaba anarca y que fue Ernst Jünger, nos estamos refiriendo a “ese turno de trabajo al que damos el nombre de deporte

Y ya que se ha comenzado con una cita cinematográfica de hogaño, de que algo cambió el día en el que la gente – sobre todo pudiente- abandonó el centro de las ciudades , se fue a vivir a las urbanizaciones de los alfoces y comenzó a deambular de aquí para allá en chandal, tenemos un buen testimonio en una de las secuencias más divertidas – «En mi vespa» – de Caro diario, del ínclito Nanni Moretti, un film de 1993, o sea ya de antaño, de rigurosa recomendación…

Any way, felicidades, y… ¡bienvenido Mr. Chandal !

(c) IBILTARIA by V. Huici

INVISIBILAD(es)

Lo voy comprobando día a día: me estoy volviendo invisible. En el portal de mi casa nadie me saluda, dedicado el personal mayormente – y por lo que atisbo, con regocijo- al seguimiento de su smartfone. Ya en la calle, y aun andando bien derechito por mi acera, las bicis me obvian aunque en algunos casos me rozan – para mi sorpresa que no la suya. En muchos bares, los camareros ( y las camareras, no quiero incurrir en incorreciones sexistas) piden el recado de servir a quien está justamente a mi espalda. Y hoy mismo, en la tienda de lo que antes se llamaban coloniales y ahora de cercanía, ni siquiera levantando el dedo – costumbre multiuso inculcada por los Hermanos Maristas- me han hecho caso a la voz de «¡siguiente!»

Tengo varias hipótesis para explicar esta progresiva invisibilidad. La primera es mi pertenencia por afecto y por defecto al grupo «Varón Blanco Heterosexual Monógamo Moderadamente Sucesivo» ( VBHMMS, en adelante) que, en efecto, está desapareciendo en el concurso de las identidades de género post-modernas.

Otro sí, la no afilización ni afición a ninguna agrupación deportiva – que implicaría portar una refulgente camiseta ad hoc– o, en su defecto, a algún agrupamiento religioso o político, en cuyo testimonio luciría algún pin o marca indeleble.

Pero, aun así, y sin descartar las concausas anteriores, me inclino a pensar que mi invisibilidad se debe sobre todo a que , por fin, los largos años de meditación sobre el zafú me han abducido hacia un satori que me va disolviendo corpóreamente, a pesar de que yo sólo quería apartar de mí todo pensamiento – sobre todo chungo.

En cualquier caso, me consuelo, pues si el proceso continua, y termino por desaparecer del todo, como le pasaba a voluntad al protagonista de «El hombre invisible» ( 1933, James Whale ), remitiré como Persona Física , ya no me será aplicable el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas ( I.R.P. F., desde adelante) y no seré relajado al brazo secular por mi impía ausencia.

(c) IBILTARIA by V. Huici

SLOW SEX ( very slow)

La alternativa de formación reglada en tres años que la Iglesia Católica ha propuesto para las parejas ( heterosexuales, of course) que deseen matrimoniarse bajo su bendición me ha recordado , no sé porqué, un libro que en su momento se convirtió en un bestseller mundial: Elogio de la lentitud, de Carl Honoré.

En sus páginas se afirmaba – y se afirma, prodigios de la escritura- que , dentro del movimiento general contra la aceleración de la vida cotidiana, sobresalía la alternativa del “slow sex» o sexo lento, análogo al slow food, la slow city o el slow work, expresiones que no es necesario traducir.

Esta alternativa pretendía, en el conjunto de una gran propuesta de desaceleración, volver a hacer del sexo un placer y no una obligación – aquello del “débito matrimonial” hoy disfrazado de fundamento psicológico de la pareja- o una compulsión que desubime la tensión generada en otros ámbitos de la vida – también aquí “el reposo del guerrero (o de la guerrera)” en versión pornográfica postmoderna.

Para ello, el slow sex proponía abandonar los treinta minutos semanales de media mundial “civilizada” que solían emplear las parejas para hacer el amor y, fundamentalmente, esos siete minutos en los que los varones suele cumplir con su protocolo exasperante de erección y eyaculación para dar paso a la ducha o, en el mejor de los casos, a un leve sueño («triste post coitum»).

Consecuentemente, y sin necesidad de acudir a proezas tántricas, de la cuales también se nutría, lejanamente por cierto, el slow sex, se abogaba en general por hacer un mayor y mejor lugar al sexo, a fin de convertirlo en amor, tomándoselo con más tranquilidad y ,sobre todo, como se puede suponer, con mucha mayor lentitud. Y visto que en los preliminares residía la posibilidad de que las mujeres pudieran luego quedarse satisfechas, se sugiería una buena sesión de masaje desacelerador antes de iniciar los contactos ( ¿ estrictamente?) sexuales- se hablaba siempre en clave heterosexual.

Por supuesto el slow sex no renunciaba a la aventura del pajar o a la del probador de unos grandes almacenes, pero llamaba la atención acerca de que, en cada caso, la práctica del sexo lo fuera en el “tempo giusto” – o en el “eigenzeit” si se prefiere- , es decir, adecuado a cada ocasión, dejándose llevar por lo que los antiguos griegos denominaron el “ kairós” o sentido de la oportunidad.

Ni qué decir tiene que, para los partidarios del slow sex, esta desaceleración sexual debía ser paralela a otras desaceleraciones como las ya citadas más arriba y a las que se podría sumar algo así como una desaceleración política generalizada que calmara los ánimos y las voces, ahora, por cierto, tan agitados/as. Algo así como un retorno del viejo lema de los años sesenta que decía «Make sex, not war!»…

Y, de pronto, me he dado cuenta de la conexión entre las teorías de Honoré y las de la Conferencia Episcopal Española: radícase esta en la apología de la lentitud, si bien en un caso es previa y en el otro póstuma, pero siempre sexual.

Así que, slow sex, very slow, en ambos casos…


(c) IBILTARIA by V. Huici