
Ya es de dominio público que el turismo se ha convertido en el maná nutriente de las ciudades y pueblos sobrevivientes en el desierto de las sucesivas reconversiones industriales. Curiosamente se presenta ahora como un arma nueva y cargada de futuro, pero resulta más vieja que Carracuca a poco que vean un par de películas del landismo de los años sesenta ( del siglo pasado, of course) cuando un tal Manuel Fraga era Ministro de Información y , oh sorpresa, de Turismo.
Y del futuro del turismo, ya se verá. Pues como dijo en su momento el historiador Manuel Tuñón de Lara hay burguesías , y entre ellas las vernáculas, con escasa visión estratégica, amigas inconscientes del pan para hoy y hambre para mañana.
Otro sí que que si las tornas cambian, y tal como vamos pueden cambiar, el futuro puede resultar asaz problemático. Léase al respecto, please, el estudio de un caso desarrollado por Javier González de Durana, titulado Bilbao después del colapso turístico .
Y acaso frente a la dinámica esquizoide del turista, que quiere estar en todas partes casi a la vez, dando vueltas – tours– sin descanso, viendo mil cosas de las que luego fotos y videos digitales darán puntual testimonio ante terceros hasta su mismo hastío , habría que reivindicar la dulce estática del viajero sosegado que visita los lugares de uno en uno sin acelerarse, dejando que la duración le aleje del tiempo del reloj.
Ese viajero, asesorado por buenos libros – no necesariamente guías- y por los consejos de amistades fiables, que escoge bien los lugares de destino y, dentro de ellos, los que va a visitar: tal una plaza o una calle, acaso una iglesia o un palacio; quizá también una taberna o un buen restaurante; que permanece luego en los lugares elegidos todo el tiempo necesario para impregnarse de ellos y observar paisajes y paisanajes con detenimiento; que come y bebe con los lugareños que no han sucumbido a las sugerencias algorítmicas de las redes sociales; que hojea los periódicos locales, escucha sus radios, y hasta ve- un poco- su televisión…
Ese viajero, esa viajera, que no desaparecerá cuando su destino esté pasado de moda porque no haya nada nuevo que ver …O porque las grandes empresas turísticas hayan descubierto nuevos paraísos terrenales…
(c) by Vicente Huici Urmeneta