CRÓNICAS PANDÉMICAS. 13. Una falsa «Nueva Normalidad»

«¡Más falso que un amadeo
(M.S-O)

Por fin, algunos responsables políticos han reconocido públicamente que no hay condiciones para lo que denominaron Nueva Normalidad.

Lo han hecho después de estar dando la murga durante casi dos meses en los que, además, han confundido, interesadamente o no, la normalidad social con sus usos y costumbres , con los ritos de la realidad institucional, constituída esta en el eje fundamental de su argumentación: pues , en efecto, nada articula más la normalidad política en una democracia que unas elecciones a fuer de realizadas contra viento y marea, y probablemente con buenas intenciones.

Pero, así como el hábito no hace al monje,la normalidad institucional no implica la análoga social, y tanto más cuando se materializa en el periodo más anormal del año cual es el verano, con sus fiestas patronales, sus viajes y sus vacaciones.

La falta de constatacion de esta empiría social , sumada a las exigencias económicas de la Vieja Normalidad ,y multiplicada por la presión colectiva acumulada durante el confinamiento, ha convertido la desescalada en una ocasión para el desmadre , un desmadre legitimado por una educación mayormente dirigida por tecnócratas para quienes valores como la «responsabilidad individual» resultan obsoletos.

Y así parece que nuestros gobernantes han apostado sin mucha estrategia por la táctica del «ensayo y error», exigiendo de la ciudadanía lo que nunca se le había inculcado, y culpándola después de no merecerse una Nueva Normalidad.

Consecuentemente, ante esta muestra de indisciplina social es más que probable que vuelva a sonar el cornetín y que, como ya se ha adelantado, se decrete un toque de queda . Quizá ya no hay otra alternativa para que la situación no se deteriore más. Pero sería muy conveniente no olvidar lo ocurrido y tenerlo en cuenta cuando se alcance algún tipo de Normalidad.

Una Normalidad que no sea como esta Nueva Normalidad que , como suele decir el escritor navarro Miguel Sánchez- Ostiz, ha sido más falsa que un amadeo

CRÓNICAS PANDÉMICAS. 12. Temporeros.

Por lo que parece el origen de los focos que han generado los rebrotes del COVID-19 en Cataluña y Aragón han sido los asentamientos de trabajadores temporeros que han acudido a la recogida estacional de la fruta.

Las imágenes difundidas por los medios de comunicación han mostrado el hacinamiento cuando no la supervivencia callejera de estos trabajadores que, por otro lado, no acaban de comprender los controles a los que están siendo sometidos y piden, en ocasiones a gritos, trabajar.

La reacción a esta situación no ha sido precisamente solidaria, pues se ha visto mayormente a estos trabajadores como extranjeros contaminantes.

Y sin embargo, lo que se ha puesto en evidencia son las condiciones laborales nefastas entre las que se desenvuelven los temporeros, unas condiciones que resultarían absolutamente inaceptables para los trabajadores autóctonos o para sus sindicatos , que todavía están expectantes ante la derogación de la legislación laboral vigente, una derogación que no está ni se le espera.

Asimismo, y por otro lado, que en muchos asentamientos de temporeros, se cuenten 8 de cada 10 positivos en los test PCR, debería dar que pensar sobre la relación entre la expansión de la pandemia y las situaciones socio- laborales.

Debería dar que pensar para evaluar mejor lo que tan solo se presenta como una crisis sanitaria…

CRÓNICAS PANDÉMICAS. 11.Sindéresis.

«No vi nada al principio .El mar era un vacío yermo de colinas blancas y negras. De repente ,medio oculto en el tumulto de espumante oleaje, divisé a flor de agua algo enorme que se elevaba y caía: algo extendido, como una explosión de espuma, pero con un aspecto más azulado y más sólido. Era un témpano de hielo medio derretido, reducido a un fragmento, pero aún lo bastante grande para hundir un barco, y ,sobresaliendo del agua menos que cualquier balsa, avanzada recto en nuestra dirección, como si se hubiera emboscado entre las olas con propósitos asesinos»

Este pasaje, tomado de The mirror of the sea ,de Joseph Conrad , en la traducción de Javier Marías ( El espejo del mar), refleja muy bien la aparición inesperada de un peligro y la primera impresión que puede causar.

Ante todo, se trata de algo sorprendente aunque acaso previsto. Además resulta un tanto inconmensurable para los sistemas de medida habituales. Y, por fin, parece poseer una finalidad asesina por más que no tenga la menor conciencia de ello.

Pero si la sindéresis, esa cualidad que combina observación, reflexión y prudencia (y que defendía Baltasar Gracián en su Oráculo manual y arte de prudencia) es lo más propio del ser humano, la previsión es una obligación consecuente, la medición una necesidad, y la atribución arbitraria de una maldad en clave de guerra un desatino…

Que ante la aparición del COVID-19 no había previsión alguna a pesar de los avisos de los virólogos, que los sistemas de medición de su expansión han sido confusos e insuficientes, y que, por fin, no ha sido posible militarizar a una población cada vez más maleducada, son tan solo constataciones de que no había preparación alguna para la Nueva Normalidad.

Al final del texto arriba reproducido, comenta Conrad que por una rápida vuelta de timón consiguió eludir aquel enorme pedazo de hielo y que lo vio pasar «ya apenas distinguible, pero aún pegado a nuestra aleta».

Es de esperar que quienes gobiernan nuestro barco institucional aprendan la lección y no intenten de nuevo que se vuelva a navegar como si solo tuviéramos vientos a favor. Es decir que usen, sin abusar, de la sindéresis…

CRÓNICAS PANDÉMICAS.10.¿Retorno a qué aulas?

Poco a poco van apareciendo noticias relativas a la inminente vuelta a las aulas – falta tan sólo un mes.La mayoría de las noticias se pueden agrupar en dos bloques, uno sanitario y otro propiamente docente.

En el primer bloque sobresalen planes diversos para la opacación del COVID-19 y así se proponen turnos de entrada y salida del alumnado, burbujas discentes, distancias de seguridad a fuer de la utilización de mascarillas y geles hidroalcohólicos. En el caso de las enseñanzas no-universitarias, particularmente, se añade el uso de los patios por tandas así como, acaso lo más complicado, el régimen de comedor que ya se ha constituido, por defecto, en un servicio social.

En el bloque propiamente docente, más allá de las implicaciones generales del bloque anterior, sobresale la reflexión sobre el equilibrio entre la formación presencial y la análoga on line, en porcentajes que pueden variar según el desenvolvimiento de la pandemia. Y es en este punto donde esté quizás una de las claves del futuro.

Pues aun siendo largas las perspectivas de mantenimiento del bloque sanitario, todo indica que tarde o temprano, remitirá, pero no está nada claro que la inmersión en la digitalización que ha ocurrido como efecto colateral de la implantación del «estado de alarma» vaya a evaporarse.

Más bien la deriva apuntada parece ser la contraria, pues desde las altas esferas políticas los planes de reactivación económica llevan los corchetes de la «transición ecológica» y de la «transición digital», esta última tan animada teórica y retóricamente por el ministro de universidades, Manuel Castells, sin que hasta el momento se puedan conocer a fondo sus consecuencias psicopedagógicas.

Estamos, pues, ante un tiempo de cambios, inducidos u oportunos ( por no decir oportunistas) y como la transición digital afectará no sólo al ámbito educativo sino también al laboral por la implantación progresiva del teletrabajo, quizá sea también la ocasión para meditar sobre otras cuestiones anejas.

Por ejemplo, sobre la dinámica educativa y su adecuación a la evolución social: en la República Federal Alemana , los diferentes Estados regulan seis semanas de vacaciones entre el 15 de junio y el 15 de setiembre para facilitar la conciliación familiar y evitar el colapso de las vías de comunicación y de los lugares de veraneo.

Como a muchas familias, municipios y sindicatos esta propuesta les puede parecer caótica y descerebrada ( ¿y separatista?) cabe recordar que ya un ministro de educación franquista , Julio Rodríguez, en un alarde de modernidad , implantó en 1973 el denominado “calendario juliano” que igualaba el año natural con el año académico y que establecía el comienzo del curso el 7 de enero de cada año, finalizando a finales del mes de diciembre, reforma que, como tantas en la «piel de toro», fue derogada al año siguiente…

Vuelta a las aulas, pero ¿a qué aulas?

CRÓNICAS PANDÉMICAS. 9.(G)local.

«Glocal» es una expresión surgida en la última década del siglo pasado de la mano del sociólogo Roland Robertson ( Globalization. Social Theory and Global Culture , 1992) con la pretensión de describir un proceso de interrelación entre lo local y lo global que ha generado una nueva comprensión del mundo así como «la intensificación de la conciencia del mismo como un todo».

Sin embargo esta expresión puede que acabe por tener una acepción algo diferente al resumir muy bien cierto sentimiento que se ha extendido durante la problemática desescalada tras el confinamiento y que apunta a una revalorizacion de lo local en una nueva dimensión global que para muchos y muchas ha sido un descubrimiento.

Y así, si se ha mantenido cierta atención, se ha tenido la oportunidad de ver las calles antes vacías luego llenas de un paisanaje muy variado en el que apenas si nos habíamos fijado por su misma inmediatez ;de ver otra ciudad con solo levantar la mirada y atisbar balcones y buhardillas;de viajar en un autobús hasta el final de la línea y visitar un barrio tan curioso como desconocido; de probar la gastronomía de siempre, ya aparcada entre tantos platos exóticos; de retomar , en fin, ese libro tantas veces comenzado ,sin la presión mediática de las novedades literarias ( sobre esta cuestión no puedo evitar la mención al inteligente film La biblioteca de los libros rechazados – Rémi Bezançon , 2019)

Y así lo local parece haber devenido global en su distancia recuperada, propio y ajeno a la vez, tan cercano y tan lejano , y sin la intermediación electrónica ya casi de obligado cumplimiento , esa que en ocasiones recuerda y demasiado al débito matrimonial..

Local, global, glocal…¡(G)local!

( PARÉNTESIS IGNACIANO)

El 31 julio se celebra la festividad católica en honor a San Ignacio de Loyola, santo singular no sólo porque, según se dice, recibiera en dos ocasiones la visita de la Virgen María, sino porque como dejó claro Roland Barthes ( Sade, Fourier,Loyola, 1971) inauguró un nuevo lenguaje.

Aquel nuevo lenguaje, explícito en los Ejercicios Espirituales ( 1548), adelantó la reflexión moderna sobre el yo y sus circunstancias , a pesar de presentarse como lider de una Compañía que articuló la acción de la Contrarreforma iniciada en Europa.

Esta paradójica actividad tan ordenada estratégicamente por su marca de fábrica militar, no fue sino una manifestación más de aquella constante histórica que muestra que los vencidos acaban por aculturizar a los vencedores.

Y buena prueba de ello ha sido la vehiculizacion de todas las corrientes ideológicas propias y ajenas a lo largo del devenir de la Compañía de Jesús, desde el Renacimiento solapado protagonizado por Baltasar Gracián en el siglo XVII hasta la asunción silente de la Teología de la Liberación de Ignacio Ellacuría en el XX, pasando por los tantos expertos en materias diversas o en otras culturas – como la larga tradición de estudios orientales.

Pocas organizaciones han conseguido aunar tanta ortodoxia y heterodoxia en su seno y hacer de ello una de sus principales características.

Por ello , acaso, la aureola de este día en el que murió el primer General de la Compañía en 1556 forma ya parte de la cultura popular : no en vano, y siguiendo una pauta de legitimación clásica, este 31 de julio se ha reivindicado como fecha de la fundación del PNV en 1895…y de ETA , en 1959…

CRÓNICAS PANDÉMICAS.8.El avance silente de la tecnocracia.

En su célebre The Engineers and the Price System, el sociólogo norteamericano Thorstein Veblen ( más conocido por su obra La teoría de la clase ociosa) afirmó que «el sistema tecnológico moderno es indispensable para las poblaciones modernas y consecuentemente los técnicos toman necesariamente la iniciativa y ejercen la necesaria vigilancia y dirección».

He recordado estas palabras, publicadas en 1921 , a la vista de otra de las revueltas, en sentido barojiano, que está ocasionando la pandemia del COVID-19 ,y que no es otra que el avance silente de la tecnocracia, favorecida ahora por los dispositivos electrónicos.

Pues, expertos de todo tipo y pelaje, pero sobre todo sanitarios y económicos «toman la iniciativa y ejercen la necesaria vigilancia y dirección» , obviando lo ideológico, lo social y lo político como si fueran execrencias inútiles por inadecuadas al momento histórico.

Lo ideológico porque les parece tan periclitado como hubiera deseado Gonzalo Fernández de la Mora, destacado adelantado en la defensa de la tecnocracia. Lo social porque, supuestamente, frente al virus no hay diferencias de clases . Lo político, porque, planteada la situación como una guerra , no cabe sino la aspiración permanente a un mando en plaza único y unificado.

Por si fuera poco, que ya es mucho, la alternancia experta sanitario-económica más allá de ser alardeada alternativa y reiteradamente por algunos medios de comunicacion en los que no predomina precisamente el periodismo de investigación, se manifiesta en una progresiva inundación de controles electrónicos, unos manifiestos y otros ocultos, que aprovechan el buenismo reinante para recopilar datos específicos y ajenos, siempre para mayor gloria de ese Dios en la Tierra que, como decía Hegel ,es el Estado.

Pero si el Estado , en sus diversas instituciones, es el ámbito de La Política…¿Se habrán convertido los políticos ( y las políticas, of course) en alfeñiques acomplejados por las siglas y las estadísticas, o ya incluso en meros tecnocratillas que no se atreven a tener voz propia ? ¿Habrá triunfado al fin don Gonzalo que tan bien sabía distinguir lo divino de lo humano, mezclándolos o no según las circunstancias, convertido todo al cabo sí o sí en Opus Dei…

CRÓNICAS PANDÉMICAS .7. El colapso de la turistada

A pesar de los intentos de que la Nueva Normalidad se parezca lo más posible a la ya periclitada e innominada Normalidad ( ¿anterior? ¿vieja? ¿porqué no se le pone adjetivo?) , el turismo de masas, una de las claves económicas del pasado inmediato, comienza a suscitar alguna que otra reflexión.

Y si bien es cierto que el turismo de sol, playa y desmadre ( y despadre, of course) parece estar finiquitándose por sí mismo ante el desembarco del COVID-19 que arrasa todo allí por donde pasa, todavía hay pequeños brotes verdes mentales que se empecinan en hacer leña del bosque ( que no originario) caído y se resisten a perder unas inversiones que podían haber colocado en otros lares incluidos los paraísos fiscales al uso. La histeria contamina incluso a algunos políticos que a la vez que anuncian confinamientos inminentes para los propios, afirman gobernar un destino seguro para los ajenos.

Otro sí, quienes no quisieron ver las barbas de sus vecinos ya tan ralas como destrozadas sus ciudades por las multinacionales de la hospedería y de la restauración- catering, y que con la llegada de gigantescos cruceros llegaron al orgasmo económico que dedujeron sostenido, se lamentan y rasgan sus vestiduras ante el despliegue de las distópicas mascarillas.

Y así se descubre , en infernal silencio, la capa mentirosa del rey desnudo, tan soportada por la destrucción de tierras, hombres,mujeres, culturas y gastronomías, por mucho que hasta la pandemia enviada por los dioses de hogaño, el turismo de masas, tan democrático como demagógico ,representara el 14,6 % del PIB español y 10,4 del PIB mundial…


CRÓNICAS PANDÉMICAS. 6.Apologías rurales.

Los rebrotes del Covid-19 en áreas urbanas están teniendo como efecto colateral una apología de todo lo rural que se ha convertido en un nuevo paraíso en el sentido etimológico del término, o sea, como jardín maravilloso tan seguro como emparedado.

Y así ha sido notable el incremento de la demanda de alojamientos en este último medio ante , por cierto, el amedrantamiento de los circunstantes que temen que por esos pagos también se extienda el impetuoso virus.

En este sentido quienes tenemos severas reservas físicas y metafísicas respecto del campo o de la Naturaleza en general – algo que no hay que mentar o hacerlo con la boca pequeña ya que se trata de uno de los idola fori del momento – nos encontramos en una situación dificultosa, pues por un lado no queremos hacer apología de unas ciudades retranqueadas hasta la colmatación por la especulación inmobiliaria de muchos que luego viven en chaletones apartados, pero tampoco podemos aceptar la alegría pastoril de una vida campestre donde te puede comer Ramón entre cánticos de alocados pajarillos.

Y todo ello sin ni siquiera contemplar la dimensión deportiva de lo rural de los urbanitas arrepentidos, esa obsesión por trepar hasta el pico más alto , atravesar foces insurrectas o extenuarse en largas travesías, actividades todas que más bien recuerdan viriles y agónicas maniobras militares – a efectos prácticos siempre he dividido al personal entre quienes hicieron la mili y quienes no la hicieron ( y entre ellos, a quienes, sin saberlo, se quedaron con las ganas).

Y así, sin poder aceptar esta alternativa rápida y antagónica movida por el deseo básico de huida de la amígdala límbica, algunos ( y no sé si algunas ) nos quedamos quietos-paraos, en silencio, y mirando por la ventana…Any way… ¡Qué bien suenan las apologías rurales!

CRÓNICAS PANDÉMICAS.5. Apocalipsis de(l) bolsillo.

Se lamenta Pepe Carvalho, el detective pergeñado por el sutil Manuel Vázquez Montalbán, en su obra postuma – Milenio Carvalho– de que «los dioses del pasado tuvieran la fea costumbre de aparecerse en los desiertos».

Y tal parece que nos está aconteciendo en estos tiempos, pues en el desierto psicológico y social que avanza al par de la pandemia del COVID-19, se van oyendo voces de los dioses de hogaño, que no son sino los expertos en esto o aquello, sacerdotes que ni siquiera profetas de nuevas religiones.

Y así lo mismo se advierte de que no estamos preparados para las consecuencias de una tormenta solar o el impacto de un meteorito – estos no se han recreado con Bruce Willis en Argameddon– o de que la economía no está preparada para otro confinamiento o por fin, de que el desplome del PIB – siglas macroeconómicas esotéricas- nos lleva a la mayor crisis económica del milenio.

Por otro lado y en paralelo tono, otros profetas, tan bienpensantes como buenistas, auguran el fin de un modelo económico basado en la explotación global de tierras y humanos,avisando de que la Nueva Normalidad no será parecida ni similar a la Vieja.

Pero como dijo un ilustre filósofo representante del por aquí desconocido pragmatismo norteamericano y de cuyo nombre no me puedo acordar, los argumentos mayores de los ortodoxos milenaristas de cualquier género,aun en siendo rechazados por la mayor e incluso por cierto sentido común resiliente, se convierten pronto en comportamientos tácticos tan puntuales como indicativos desde las manos del poder realmente existente, económico a fuer de político, y, por ejemplo, la combinación de las profecías anteriores en apocalipsis de bolsillo ya comienza a desembocar en despidos masivos y cierres macro y micro patronales.

Y aunque todavía no está ni se le espera, el esfuerzo de reconversión de lo que acaso no sea sino un cambio de ciclo, uno más a los que nos tiene acostumbrados el capitalismo, pronto se manifestará en ajustes productivos ,presupuestarios y fiscales,bajo el paraguas de ese nuevo Plan Marshall europeo que ,todo modo, exige precisamente esos ajustes…¿Apocalipsis de bolsillo o Apocalipsis del bolsillo?