
Una lectora fiel y de largo recorrido me ha reprochado que en estas croniquillas que me van saliendo al calor de los sanfermines no hable de los momenticos y me dedique más bien a su dimensión histórica o sociológica.
Es esta del «momentico» una expresión pamplonica a la altura de «ir de propio» , para indicar un pasear sin rumbo, o a aquella de «ser laminero» porque se gusta y mucho de los dulces.
El momentico, como su propio nombre indica, es una vivencia temporal ,puntual y muy intensa. Y hay momenticos, diría yo, institucionales y privados.
Entre los institucionales, y según mi ya desparecido tío Miguel Javier Urmeneta, alcalde que fue de Pamplona, el momentico par excellence era el que se producía a la salida de la procesión de San Fermín que se celebra el día 7 de julio, un momentico de silencio, recogimiento y fervor.
Entre los más privados, que muchos hay, casi todos tienen que ver con el encuentro en cuadrilla, y tras el condumio y los tragos correspondientes , se celebran con cánticos y algarabías varias.
Unos y otros momenticos tienen en común la adhesión un tanto incondicional a un acto colectivo mayor o menor en la que se experimenta una suspensión del tiempo del reloj y se entra provisionalmente en aquella duración de la que hablaba Henri Bergson y redimensionó socialmente Maurice Halbwachs, algo consustancial a cualquier fiesta que se precie.
Pero, para no continuar en este registro al que me lleva mi condición de sociólogo-en-excedencia, sí daré una pista sobre mi particular momentico, tal y como lo recuerdo, pues tiempo ha que ya no lo experimento relacionado con estas fiestas «sin igual».
Pues que mi momentico sanferminero era- y será para siempre- el encuentro nocturno con algún amigo o amiga no visto desde años atrás, en la madrugada del 7 de julio, tras un largo día 6 de almuercico, chupinazo, cava, comida, riau-riau, cena y recena…Ya, nada del otro mundo…
(c) by Vicente Huici Urmeneta









