
Tras las impresionantes movilizaciones del sábado, ayer la prensa les dedicaba un buen número de páginas, casi tantas, en general, como a la gran jornada feminista del 8 de marzo. Pero hubo una excepción.
La excepción fue protagonizada por ese periódico que durante muchos años ha figurado como la voz de una izquierda progresista más o menos moderada y que , por lo visto, está bajando a grandes zancadas la escalera de las suscripciones y del lectorado desde que se ha macronizado.
Pues bien, en este periódico, tras una mención en la primera página, parte superior izquierda, a las susodichas movilizaciones-con foto de la de Bilbao-un subtítulo indicaba que » no hay dos jubilaciones iguales: las cuantías van desde 600 euros hasta 2. 600 al mes» . Luego, la noticia no aparecía en la sección de «Sociedad» sino en la de «Economía»- y además resultaba que la excepción máxima a las pensiones medias era de un 0,4…
No hay que ser un gran experto en retórica periodística para calificar esta disposición tan burda de las noticias, pero sí hay que poseer un nivel cultural de Educación Primaria para ubicar la cuestión de las pensiones en el ámbito de lo económico.
Pues , como bien demostró en su momento Pierre Bourdieu ( Las estructuras sociales de la economía, ), cuando las cuestiones se sitúan en ese ámbito es cuando más relevancia social tienen y por ello se las intenta patologizar a la vez que combatir con supuestos argumentos definitivos que no valdrían ni para jugar al Monopoly. Por que , ¿cómo se puede argumentar » que no hay dinero» y quedarse tan pancho como si estuviéramos hablando de la cuenta de la vieja?¿O plantear, como lo hacía hace poco otro insigne, que a partir de ya será necesario trabajar hasta los setenta años, dada la prolongación de la esperanza de vida, como si charláramos tomando un café? ¿ Es que no ha habido demógrafos avisados? ¿Ni políticos prudentes? (¿Ni políticas,of course?)Ni, en fin…¿economistas previsores?
Pero , con todo , lo peor de lo peor- que diría una alumna mía- no es la tosquedad ni la incompetencia de que hacen gala algunos – y algunas , of course– de quienes dirigen la nave del Estado, sino la ausencia, salvo excepciones, de un periodismo crítico que cumpa su función de cuarto poder fiscalizador en cualquier democracia que se precie…








