
Más de una vez , muchas en realidad, me he referido al desastre urbanístico que se ha producido en el barrio bilbaíno de Abando como consecuencia de las sucesivas irregularidades surgidas en torno al proyecto Bizkeliza, promovido por la Diócesis de Bilbao.
Una insólita recalificación municipal, las modificaciones sucesivas del proyecto con la inclusión sorprendente de una clínica privada , el derribo acelerado del edificio anterior en condiciones extremas de ruido y polvo, la ocupación de la calzada circundante y por fin la quiebra de la constructora adjudicada han tenido como consecuencia un gran agujero pestilente en el lugar en el que hipotéticamente iba a elevarse una gigantesca edificación.
Cierto es que ante esta sucesión de despropósitos , una gran parte del vecindario, agrupado en la asociación Abando Habitable y Saludable ha mostrado a lo largo de los últimos años su oposición a este proceso confuso y abstruso, por no mentar la contradictoria dimensión ética de una institución religiosa que debería (de) apartarse de cualquier especulación urbanística, pero hasta ahora las autoridades con mando en plaza han estado mirando para otro lado.
Sin embargo, y ya sin duda dada la actual y penosa situación, finalmente el Ayuntamiento de Bilbao ha denegado al Obispado la prórroga de la licencia de obra por lo que no se podrá llevar a cabo su construcción.
En este sentido, y según ha informado Europa Press, el concejal delegado de Planificación Urbana ha decidido «declarar caducada» la licencia otorgada el 29 de diciembre de 2021 «para la construcción de un edificio equipamental» en el número 2 de la calle Barraincua, «por no haberse ejecutado -ni prácticamente iniciado- las obras en el plazo autorizado».
Además, el Consistorio ha ordenado también que en el plazo de tres meses se restituya la urbanización al estado original, lo que exige eliminar los recrecidos provisionales, retirar las barandillas, reponer aceras y aparcamientos y pintado de líneas, así como sustituir el vallado perimetral actual de chapa metálica por un cierre de solar «que garantice su conservación en buen estado».
Es de agradecer que la autoridad competente haya puesto un punto y final – aunque sea provisional, pues la decisión muncipal se puede recurrir- a este desastre que se llevó por delante el singular edificio de la Escuela de Magisterio y sus emblemáticas palmeras, lugar característico del barrio.
Y es también de esperar que, tras cinco años de cerrazón ominosa, la Diócesis, propietaria de la parcela, acceda a partir de ahora a negociar sobre su uso futuro, toda vez que ya no puede argumentar que el asunto símplemente le cayó en suerte como herencia del antiguo obispo, el hoy arzobispo de Burgos que ya tiene sus propios líos con las monjas de Belorado…
(c) by Vicente Huici Urmeneta








