
Finaliza el año y el agujero sigue ahí, recrecido ya de cascotes y hierbajos entre los cuales, por cierto, orinan de vez en cuando los guardias de seguridad que lo custodian.
Hablo, de nuevo, de la parcela del barrio bilbaíno de Abando en la que antes estaba ubicada mi querida Escuela de Magisterio Begoñako Andramari (BAM) – ¡ que mentiroso aquel argumento de que ya no había actividad educativa en estos locales cuando se recalificó el terreno! – y que como ha resumido recientemente el profesor Javier González de Durana, ha constituido el espacio urbano de una de las operaciones inmobiliarias más especulativas y torticeras de los últimos años.
Pues, como se ha dejado claro y distinto, falacia sobre falacia se recalificó un terreno, se modificó el plan urbanístico de la zona, se presentó un proyecto de edificación que poco después se modificó, se procedió al derrumbe correspondiente, se iniciaron las obras para la construcción de un nuevo edificio…Y, de pronto, todo quedó paralizado ante las sucesivas suspensiones de pagos de las empresas implicadas…
Lo más sorprendente de todo lo que se ha descrito es la implicación directa del obispado de Bilbao en este proceso, ya que la parcela en cuestión es de su propiedad, si bien a su actual titular le cayó este «marrón» de la mano del anterior, hoy en día elevado a la jerarquía del arzobispado de Burgos – llevándose a tierras castellanas algunos problemáticos antecedentes andaluces al respecto.
En fin, dada la actual situación, y convertido este terreno en un agujero infecto, es de esperar que, a pesar de que no hubo reparos morales por parte de una institución que se precia de tenerlos y proclamarlos, tome ahora la decisión de abrirse a un diálogo, cuanto menos con la asociación Abando Habitable que a lo largo de este largo calvario ha seguido puntualmente todas sus estaciones ofreciendo siempre dejar a un lado esa cruz equivocada…
(c) by Vicente Huici Urmeneta








