
La derivación mediata de este masoquismo purgante es mucho más grave ya que, disfrazándose de autocrítica sangrante, impide una equilibrada crítica y con ello una verdadera aportación al conocimiento individual y colectivo.
Asistí hace unos días a la presentación de un libro que supuestamente trataba de la juventud anti-franquista que ejerció como tal entre 1965 y 1975.
En una sala institucional y repleta, y en presencia de antiguos militantes y nuevos miembros de la clase política, se fue desgranando una evocación más bien triste de aquellos años, tan solo sacudida levemente por algunos toques de ironía no precisamente muy fina, y reclamando un espíritu socialdemócrata avant-la-lettre. Pero lo cierto es que del libro no se habló mayormente nada .
He de confesar que me marché cuando comenzaba el debate sobre lo dicho, debido a una urgencia familiar. Luego me entretuve escribiendo esto con el ánimo encogido y la mano algo temblorosa:
Hacen algunos y algunas del arrepentimiento un ejercicio de aggiornamento que más allá de su discutible verosimilitud suele ocultar intereses transversales.
Pues con la excusa de pretender ajustar cuentas , se muestran incapaces de aceptar lo que fueron y lo que hicieron, consiguiendo así mentirse dos veces.
La primera, al pretender explicar desde el presente las acciones y omisiones del pasado, perdiendo la ocasión de comprender , en sentido weberiano, el contexto personal y colectivo en el que se desarrollaron.
La segunda, consecuente con la primera, al despreciar con acritud las referencias ideológicas que constituyeron el texto de aquel contexto, sin percatarse de su utilidad histórica como «caja de heramientas» coyuntural , al modo como en su momento las describió con tanta agudeza Michel Foucault.
La derivación inmediata de esta, en muchos casos, penosa puesta en escena es la representación trágica del arrepentimiento actual, sin percartarse de que el camino abierto solo lleva a futuros arrepentimientos, incluido el relativo al último vigente.
Pero la derivación mediata de este masoquismo purgante es mucho más grave ya que, disfrazandose de autocrítica sangrante, impide una equilibrada crítica y con ello una verdadera aportación al conocimiento individual y colectivo.
De manera que ante las lágrimas de cocodrilo de los arrepentidos y arrepentidas, solo cabe, una vez más recordar aquellas palabras de Baltasar Gracián que decían : «Conocer los desdichados para la fuga : no ay contagión tan apegadiza».
Pues eso…
(c) by Vicente Huici Urmeneta








