Cocacolonización

Cuando un niño tiene en su mano la botella de Coca Cola, realiza sus más tiernas fantasías freudianas con su madre; Cuando la niña se la lleva a su boca, hace lo propio con su papá.
Cuando un niño tiene en su mano la botella de Coca Cola, realiza sus más tiernas fantasías freudianas con su madre; Cuando la niña se la lleva a su boca, hace lo propio con su papá.

Mucho antes de la llegada de los europeos, las culturas autóctonas americanas ya consumían hojas de coca para aliviar sus fatigas y por qué no reconocerlo, obtener también dosis de placer, que ya les proporcionaban otras substancias como el chocolate y el tabaco, que ahora nosotros consumimos del todo desgajado de aquellas virtudes y atribuciones primigenias para las que fueran concebidas, pues cuando entonces los pueblos hacían un uso de ellos, dentro de un orden enmarcado en ancestrales ritos, liturgias y tradiciones, que ayudaban al cuerpo y al espíritu a canalizar saludablemente sus múltiples beneficios lúdico-terapéuticos evitando en lo demás, sus potenciales riesgos para los primerizos, menos avezados en su docto manejo. Nada que ver entonces, con el modo alienado, segmentado e irresponsable con el que los occidentales nos entregamos por entero a su disfrute, separando sin pudor, las distintas esferas que en su realidad concurrían haciendo de la sustancia, pura materia sin esencia, sin cultura ni sociedad a la que remitirse, quedándose así, solo con sus desligados efectos somáticos que ahora, atendemos como nocivos.
Así se comprende mejor lo sucedido con la más famosa fórmula farmacológica, aquella ideada en 1885 por John Penberton, en su establecimiento de Atlanta, cual eficaz remedio para jaquecas, vómitos, y toda suerte de males estomacales (propiedades que todavía mantiene) que en pocos meses, fue requerida por sus conciudadanos, como refrescante bebida a 5 centavos el vaso, apareciendo ya comercializado en todos los EE.UU., en 1893 previa venta de su patente a un avispado industrial por la irrisoria cifra de 2.500 $ de la época, bautizada y logotizada como hoy se la conoce. Así, lo que empezó siendo un simple jarabe a base de hojas de coca, mezclado con semillas de cola, para aliviar molestias y dolores, ha terminado convirtiéndose en un símbolo omnipresente en todo el orbe asentando su imperio y estandarte en más países que miembros tiene la ONU, haciendo de la Coca-Cola, el primer imperio genuinamente universal y de su expansión una auténtica Coca-colonización mundial, abriendo mercados en los lugares más insospechados e inhóspitos que pudieran imaginarse, desde el hermético reino de Bután, el recóndito Tibet, en el árido Sahara hasta tener presencia permanente en las bases científicas de la Antártida, manteniendo un continuo flujo de suministros a las provincias en guerra de Irak o Afganistán, al tiempo que se entiende con antiguos enemigos, como China, Rusia, Libia, Cuba, e incluso, salvando turbulencias diplomáticas con el mismísimo eje del mal formado por Siria, Irán y Corea del Norte.
Como se aprecia, la Coca-Colonización supera en todos los órdenes a cualquier imperio conocido en la Historia, sea en recursos humanos, si atendemos a su plantilla global, sea en infraestructuras, recaudación de impuestos, influencia financiera, habilidad diplomática, etc. Si en el imperio español de los Austria, o en el victoriano imperio inglés, podía decirse que no se ponía el sol, en el imperio de la Coca-Cola, podría decirse que tampoco se pone la luna, pues hasta allí ha llegado su poder en forma de publicidad a manos de un astronauta, dentro de la MIR, y creo no tardará el día en que veamos toda su faz envuelta en el lema de la Coca-Cola, irradiando desde lo alto a todo el firmamento.
Pero como la luna, el imperio de la Coca-Cola y sus efervescentes efectos de su Coca-Colonización, tienen dos caras: la cara que se nos ofrece es la de un refresco burbujeante, divertido, inocuo, barato, lleno de vida, fiesta y alegría, de carácter universal, trasnacional, intercultural, intergeneracional, aconfesional… pero tras éste subliminal mensaje que se nos mete por los ojos y oídos en vallas publicitarias, videoclips, videojuegos, merchandising, radio, cine, televisión, periódicos, revistas, internet… se esconde una oscura y gélida realidad que ni el más agresivo de los marketings puede ocultar: ¡la Coca-Cola, tortura y asesina! espiritualmente nuestra sociedad por medio de un proceso de Coca-Colonización, no solo de los mercados del mundo laboral y de la producción como cabría sospechar, sino también afectando la salud de los cuerpos, apropiándose de los recursos acuíferos, infectando las tierras de los pueblos, esclavizando a sus gentes, extorsionando a los gobiernos, manipulando las mentes infantiles. Conviene entonces, conocer éstos hechos y exponer cómo opera la Coca-Colonización:
– La Coca-colonización del cuerpo: La Coca-Cola es un agente agresivo y extraño al cuerpo, como no podía ser de otra manera con un producto elaborado a base de pura química. Tanto es así, que varios gobiernos han intentado suprimir su producción como en su día lo intentara Francia (1954). Su consumo es muy nocivo sobre todo, entre los más pequeños, pudiendo provocar diabetes, obesidad, anemia, aparte de las conocidas aerofagias gastrointestinales. El ácido fosfórico que contiene, es sumamente corrosivo para los metales, y en buena lógica en modo alguno puede ser beneficioso para el tubo digestivo y la flora intestinal que tanto procuramos cuidar bebiendo y comiendo toda suerte de yogures, por no hablar de lo pernicioso que resulta su ingesta para la salud bucal, dado que de modo inmisericorde, pudre y destruye por dentro los dientes con el peligro que ello supone para las encías y los nervios maxilares. Huelga decir lo alarmante que resulta para la salud componentes como el edulcorante Ciclomato de Potasio, cuya probada peligrosidad ha suscitado múltiples debates en la OMS y hasta se ha prohibido su uso en la propia patria de la Coca-Cola, los Estados Unidos. Es posible, que como dice la propaganda, de beber Coca-Cola, que se sepa no se ha muerto nadie. No es mal argumento en su defensa, pero de ahí a concluir que sea sana su ingestión, hay un trecho muy largo.
– La Coca-Colonización de las mentes: lamentablemente, la mayoría de nosotros nacimos en un mundo ya Coca-colonizado en el que su presencia nos era impuesta en fiestas y cumpleaños, como un invitado más que se colaba de rondón, como decía en la canción Mecano, por no hablar de su mejor embajador infantil que no es otro que el ignominioso Papá Noel. Por suerte para mí, desde pequeño me han insultado eso de Nicola Coca-Cola y es probable que gracias a ello, tomara conciencia de estar inmerso en una gran burbuja colectiva de control Coca-Colamental. Así, empecé a peguntarme a qué demonios sabía la Coca-Cola para que precisase de tanto anuncio y propaganda: tenemos el logotipo de la Coca-Cola en los letreros de los bares, como señales de tráfico en la carretera, en las paradas de autobuses, en los partidos de futbol, como colaboradores de todos los actos deportivos, en carteles, en sintonías de radio, en spots publicitarios de la televisión, en camisetas, llaveros, gorras y todo ello, que suponemos cuesta a la empresa miles de millones, tienen por un único objeto, hacer apetecible la Coca-Cola, cosa extraña dado que en principio bastaría con probarla para apreciar toda su bondad y buen sabor, y ello, aparte de hacernos recelar sobre su auténtica realidad, nos repercute en el precio y contamina el medio ambiente visual, lumínico y mental, con toda clase de mensajes y lucecitas que nos incitan a beber Coca-Cola, como remedio para ahogar nuestras frustraciones. De éste modo, una infancia y juventud que nace y crece bebiendo Coca-Cola, pasa bruscamente de la leche materna al refresco, homogeneizando el gusto por medio de una pauperización de las papilas gustativas que raramente disfrutarán del agua mineral, zumos varios, horchatas, jugo de coco, infusiones, cervezas y otras milenarias tretas que la especie ha ideado a lo largo de los últimos milenios para agenciarse nuestra diaria dosis de líquido. Con ello, por medio de ésta homogeneización del sabor, se homogeneiza también por vía oral, su forma de conocer el mundo, su experiencia, su personalidad, su realidad e ideología, que pasan a ser clónicas, para acceder a la común unión grupal que le posibilita disfrutar la Chispa de la Vida con colegas de todo el mundo, que como ellos vestirán vaqueros, sudaderas y comerán únicamente hamburguesas con kepchup y patatas fritas. Pero aún siendo esto malo, no es lo peor. La Coca-colonización de la mente, predispone a los adolescentes hacia la más sumisa alineación social y les convierte adictos del sistema, incitándoles de por vida, a la drogadicción, generando en ellos La Sensación de Vivir cuando arriman el cuello de la botella al labio, exacerbando en ellos, los latentes impulsos orales libidinosos, freudianos de la desinhibición sexual, con la frustración que ello conlleva en una etapa de formación e inmadurez, originándoles su primer estrés y desasosiego existencial, cuando éste no puede satisfacerse en la realidad, dando pie a los primeros síntomas de ansiedad propios de cuantos han generado una dependencia; la misma que sienten los toxicómanos cuando les falta su dosis diaria. Es por éste motivo, que es fácil ver el recorrido de un chaval de éstas edades que empieza a beber a morro, con impaciencia y desasosiego su primera Coca-Cola, de ahí pasa a dar su primera calada al cigarro, después pasa al porro, y acaba inyectándose heroína en las mismas venas por las que la Coca-Cola se come a los glóbulos rojos que todavía le quedan para luchar contra la anemia que le provoca. Por no citar la predisposición psíquica de los niños a esnifar Coca, dado que desde su infancia han asociado la coca, no a su milenaria presencia entre los indígenas y a sus cuidados farmacológicos y terapéuticos, sino a la sensual y marilinmonroe forma de la botella de Coca-cola, y como la propia empresa dice, la vida con Coca, es mucho mejor.
– La Coca-Colonización ambiental: A las ya apuntadas contaminaciones lumínicas y del impacto en el paisaje con sus numerosos letreros lumínicos, y vallas publicitarias, que inundan nuestras calles y plazas, hemos de sumarle el inmenso daño medioambiental que supone el despilfarro de energía y materiales en semejante exuberancia para algo tan insustancial y baladí como es un refresco. El daño ecológico que lleva aparejado todo ello, es de tal magnitud a nivel mundial que ni los más expertos en la materia han podido calcularlo pues los números sobrepasan la capacidad comprensiva de su realidad, si tomamos en cuenta, la extensión del fenómeno por todos los rincones del mundo y su dilación en años, a lo largo de todo un siglo: son incalculables las materias primas que se dilapidan en su publicidad, en su producción, en su distribución y hasta en su reciclaje. La energía que se dedica a la irradiación y consumo de la Coca-Cola, seguramente podría compararse a la que se dedica en todo el globo, al fomento de la cultura, incluidas las artes cinematográficas, siquiera la mismísima iglesia católica podía igualar en recursos invertidos para potenciar su imagen a lo largo de su historia con lo que la empresa Coca-Cola en un solo siglo han invertido en dar a conocer su imagen por todo el mundo.
– Coca-Colonización de la Tierra: La Coca-Cola Company tiene diseminados por todo el globo infinidad de industrias asociadas a las que suministra el jarabe y a las que autoriza para hacer el preparado que distribuyen a través de su inmensa flota de transporte (la más grande del planeta) tejiendo así una tupida red global de bases logísticas aledañas a todos y cada uno de los centros urbanos del planeta Tierra. Su capacidad de maniobra, geoestratégica, de operación de alcance, es con mucho, muy superior al que pudiera desplegar la OTAN y los propios Estados Unidos con sus bases militares. Esta empresa y sus acólitos, se hacen con el dominio de los recursos acuíferos de la zona donde se instalan y dedican ingentes cantidades en manipular socialmente las instituciones y las gentes entre las que trata. Estas empresas ocupan extensos terrenos y cuantiosos metros cuadrados para poder luego especular con sus terrenos y sobre los derechos y privilegios en la explotación de acuíferos y manantiales. En este orden de cosas, es conocido lo ocurrido en el estado mejicano de Chiapas, paradigmático en cómo opera esta empresa cuando los recursos hidráulicos escasean y que es de suponer suceda también aquí entre nosotros cuando en un futuro próximo pueda darse el caso. En este sentido los gobiernos de Israel, Jordania y la India, ya han empezado a tomar cartas en el asunto, para ponerle coto a este monstruo Coca-Colosal que engulle los preciados recursos naturales vitales para la población. También hemos de tomar nota de las múltiples denuncias realizadas por organismos como Green Peace quienes han dado a conocer al mundo el modo en cómo la empresa Coca-Cola, contamina extensas regiones cultivables con sus desperdicios químicos, que por un lado, infectan los acuíferos destinados al consumo humano, y por otro, los alimentos de la tierra y de los animales que se nutren de ella, extendiendo así su insana presencia a toda la cadena trófica. Acaso sirva de ejemplo propio lo acontecido en el mismísimo corazón europeo de Bélgica, donde hubo de prohibirse su venta y comercialización a mediados de los noventa por causar vómitos, diarreas y úlceras en quines la ingirieron.
– Coca-Colonización social: ¡La Coca-Cola tortura y asesina! puede resultar una hipérbole propia de exaltados urbanitas antisistema, pero en ocasiones, la presencia de ésta compañía, tiene efectos que George Bush, denominaría colaterales en las sociedades en las que irrumpe: Cualquier empleado del imperio Coca-Cola, tiene muy presente las relaciones Coca-Colaborales : desde los años 80 a día de hoy, varias decenas de sindicalistas que trabajaban en la compañía Coca-Cola han muerto a manos de sicarios, paramilitares y mercenarios, cuando no, se han caído por el ascensor, por las escaleras o han fallecido en inexplicables accidentes de tráfico. Para entender lo que esto significa, no estaría de más, contrastarlo con lo acontecido en otras grandes compañías para observar el inusual alto índice de fallecimientos sindicales que se dan en ésta empresa. Pero la violencia que se ejerce sobre los trabajadores, también repercute sobre las redes de transportes, o incluso sobre los pequeños hosteleros a los que se les aplica procedimientos monopolistas obligándoles a adquirir toda una gama de productos que van desde el agua Aquabona hasta la propia Coca-Cola, pasando por la Fanta de Naranja, Fanta de Limón, el Nesté, Sprite, y con ello, obligando también a los consumidores a no poder escapar de la compañía Coca-Cola cuando tomamos conciencia de lo que su realidad significa. Cosa que en cambio no sucede con las también fuertes cadenas de alimentación o de tabaco, donde por ejemplo, la Phillip Morris sí que pugna en libre competencia con otras marcas del sector. Su fuerza y poderío es de tal magnitud que se permiten financiar campañas políticas antagónicas por todo el mundo, apoyar a líderes demócratas y regímenes dictatoriales, que por supuesto, le son afines ideológica y comercialmente, o que sean susceptibles de facilitarle las cosas, en la legislación laboral de los contratos, en la condonación de las multas, e indemnizaciones que los tribunales sucesivamente le imponen, que le otorgarán sustanciales cotas de mercado, en escuelas, universidades, campañas bélicas… Por todo ello, la compañía no duda en utilizar su flota de camiones frigoríficos, para transportar cadáveres durante el golpe de Pinochet o en donar cientos de miles de dólares a George Bush, apoyar guerras como las de Corea, Vietnam, Irak, Afganistán, y por supuesto, sufragar toda la publicidad hollywoodense que luego nos llega a nuestros hogares en forma de películas y teleseries.
– La Coca-Colonización militar: El imperio de la Coca-Cola, por su poderío económico, estratégico, institucional, por su capital humano, y sobre todo, por su inmensa red de distribución, no ha pasado inadvertida a los expertos y estrategas estadounidenses que ya tienen previstos distintos planes en cómo poder usar éste latente y extendido recurso universal entre los que podría estar el envenenamiento global del planeta, si llegara el caso: Para ello, las autoridades militares como ya hicieran con la NASA, Echelon, y otras muchas, habrían pactado con Coca-Cola Company, que en caso de que fuera necesario suministrarían universalmente un jarabe con una bacteria nociva al objeto de crear bajas y problemas en países enemigos u hostiles. Es de suponer que una multinacional del prestigio de la Coca-Cola, mire más por sus intereses comerciales que por su ardor patrio. Pero nunca se sabe.

Por todo ello, hemos de ser conscientes que beber Coca-Cola no es como dar un sorbo de una gaseosa cualquiera, tomar un mosto o un zumo de naranja. Cuando uno bebe Coca-Cola, consume un sistema y asume haciendo suyo su espíritu y su mensaje. Occidente, democracia y Coca-cola son todo uno y lo mismo. Una efervescencia burbujeante, de dulce sabor, muy nociva para la salud del individuo e indigesta para las sociedades. Beber Coca-Cola es un modo de comulgar con el imperio Yanqui, de aceptar el capitalismo salvaje, un injusto reparto de la riqueza, dar por bueno el estatus quo imperante, decir no al ecosistema, decir sí a la guerra y en definitiva, tragar toda la propaganda, manipulación, mentira y falsedad que nos presenta la Chispa de la Vida.

Ecléctica homologabilidad

¡Quiero pagar el tope impositivo de hacienda!
¡Quiero pagar el tope impositivo de hacienda!

El actual Gobierno Sociópata está decidido a homologarnos a nuestros socios europeos en lo que concierne al cobro de impuestos. Yo que pensaba que trabajaba en homologarnos la tasa de crecimiento al alza, el índice de paro a la baja, aumentar el nivel educativo de los jóvenes, mejorar las medidas de acceso a la primera vivienda…¿No le vale con ir convergiendo en precios de alimentos básicos como frutas, verduras, pan y leche, del tabaco, gasolina, bebidas, electricidad, gas, etc?
Es posible que nuestro Gobierno homologado en incertidumbre al griego, desprovisto por imagen de los nocivos consejos del FMI, precise más que nunca mirar al exterior para saber qué hacer, de ahí la obligación de homologar nuestro desempleo a la de cualquier país subdesarrollado para mantener a la población dócil, mientras la precariedad, la flexibilidad y siniestralidad laboral permanecen en cotas tercermundistas al objeto de mantener la competitividad de nuestras empresas, tanto como la economía sumergida puede compararse con la existente en el vecino Marruecos, sin que nada de ello nos prive de codearnos con las grandes potencias militares a la hora de invertir más del 10% de nuestro presupuesto en armamento, si bien, para ser justos, ello va en consonancia con que nuestra industria armamentista se sitúe la sexta a nivel mundial en la exportación de ingenios bélicos, o que la corrupción se asemeje a la de los países latinoamericanos, el porcentaje de población reclusa sea de los más altos del mundo por cada mil habitantes, a lo mejor por la influencia del trafico de drogas que no es menor que en Colombia…Es lo que tiene la Globalización, que todos nos homologamos, unos en una dirección, otros en otra.
A este paso, España va camino de convertirse en Quimera macroscópica para los analistas internacionales, pues pocos Estados están en condiciones de competir en turismo con California, corrupción con Italia, exportación de armas con los EEUU, diversidad multinacional con la antigua Unión Soviética, gastronomía con Francia, lujo con Arabia Saudí y dentro de poco en impuestos con Suecia. Porque a fútbol, ciclismo, tenis y resto de deportes…no hay color. ¡Waka! ¡Waka!

Mirada poliédrica de Hacienda

El dinero no es de nadie...¡es del viento!

Destacan los titulares que durante lo más aciago de la crisis del 2009, la tolerancia ante el fraude fiscal por parte de los españoles aumentó considerablemente hasta alcanzar al 9% que lo ve consustancial al sistema, al que se ha de sumar un significativo 34% que lo justifica, queriendo con la concomitancia mediática, asociar ambos fenómenos. Empero, lo que en mi ha causado profunda extrañeza, ha sido que, pese a que por aquel entonces la corrupción política, con más de un millar de imputados, por si sola ya había sustraído de nuestros impuestos unos 5.000 millones de euros en la década precedente, todavía quedara un 57% de infelices que lo contemplaran reprochable.
Seguramente quienes crean a pies juntillas que Hacienda somos todos, se hallen entre ese increíble 57% tanto como quienes la defraudan tienen muy claro que Hacienda, son los otros. Evidentemente la libertad a la hora de opinar sobre Hacienda es mucho más amplia que a la hora de responder ante ella, de modo que, poco importa lo que la gente diga frente a lo que la gente haga, si de reflexionar sobre el fraude fiscal se trata. Por consiguiente, se requiere una mirada poliédrica que nos permita comprender la perspectiva que disfruta cada potencial contribuyente de esa maravilla de la ingeniería financiera social, llamada Hacienda Pública.
Quienes viven en la más absoluta indigencia, en la marginalidad, despojos humanos que a lo sumo aportarán sus huesos al servicio de la ciencia, suelen permanecer del todo ajenos al trajín que nos tiene acostumbrado la Tesorería del Estado, por no tener nada que traer ni detraer. Se podría decir que para ellos, Hacienda no existe, y de existir, es algo que aparece bajo la forma intermitente de comedor social, banco de alimentos, albergue de invierno, atención médica, pero sin llegar a comprender muy bien ni el cómo ni el por qué gozan de esos privilegios sociales, cuando antaño se les corría a gorrazos en cuanto se les veía aparecer.
Luego, estaría la masa asalariada que acostumbrada a presentarse dócil y obediente, pese a presentir que Hacienda son otros, por carecer de oportunidades, conocimientos e instrumentos financieros en el momento de pagar impuestos directos e indirectos, prefiere creerse que Hacienda somos todos, pues el mal de muchos es el consuelo de los pobres.
En un estadio no muy superior hallaríamos a los que trabajan por su cuenta, no quedándoles otra que meterse a Autónomos, como los pequeños comerciantes, a quienes con mofa decimos pequeños empresarios. Aquí ya hay algo más de margen para hacer justicia social o recuperar parte de lo defraudado por el Estado. Pero, a diferencia de los esclavos a terceros, estos esclavos por cuenta propia, tienen la obligación de hacer ellos mismos los trámites ante Hacienda, lo que supone todo un esfuerzo supino de la voluntad, motivo por el que defraude lo que defraude, todo le parece poco comparado con lo que paga. Para ellos, Hacienda, somos muy pocos, habiendo ocasiones en que sienten que hacienda, son solo ellos. ¡Craso error! Esa condición está reservada…
Ya en situación más elevada encontraríamos a los que ejercen profesiones liberales, grandes empresarios, Banqueros, personas de renta alta, cuyo poder adquisitivo les permite comprar y vender propiedades, jugar en bolsa, etc. Para los ciudadanos de esta posición, Hacienda, son los otros, en el sentido en que hablara Sartre del Infierno, por ello, prefieren el típico superficial escape romántico a un Paraíso fiscal, desde donde poder gozar de todas las ventajas que le ofrece el estado a la hora de acogerse a subvenciones oficiales, pero sin tener que sufrir la tortura de tener que pagar impuestos.
Por último, daríamos con los políticos, quienes manejan a su antojo las Arcas Públicas donde entran y salen nuestros impuestos, pues actúan como si Hacienda, fueran ellos. Bueno, Hacienda son ellos, pero con el dinero que no es de ellos, por eso no les duele en absoluto, por una parte, dilapidar los recursos en ineficaces medidas asistenciales que cementan más que destruyen las causas de los problemas que dicen combatir y de otra, otorgar ayudas y créditos a fondo perdido a empresas y entidades financieras que lo único que saben hacer es un perjuicio constante a nuestra economía.

El dinero no es de nadie…¡es del viento!

Que se prepare Lady Gaga

Cuando Gila decía por el auricular aquello de ¿Está el enemigo? nunca sospechó que el enemigo fuera a ser el propio aparato. Por entonces, las fechorías de Timofónica, eran las propias de todo monopolio, pequeños abusos continuos que se sobrellevaban de solo pensar que no había donde escoger…Eran tiempos en los que se aguardaba como agua de Mayo la liberalización del mercado, para en cuanto fuera posible, abandonar aquella sanguijuela, en la inocente esperanza de que la competencia abarataría los costes y mejoraría el servicio, más o menos lo mismo que prometía la transición de la dictadura al régimen democrático.
El último episodio lo ha padecido un ciudadano de Girona a quien Timorange le ha querido cobrar por error 1.022 euros por cuatro llamadas desde su móvil a su propio móvil mientras estaba de viaje en Ucrania, cuya duración era de cero segundos. Evidentemente ha sido todo un error de esta compañía, pasar tan abultada factura que, como era de esperar, fue rechazada de inmediato por el usuario. Lo correcto, según el manual que manejan las compañías de Timofonía, sería haberle cobrado de más, pero por debajo del umbral de desidia, cuya cuota anual se calcula en un 6% del volumen total tarifado, repartido en distintos conceptos entre las mensualidades, en caso de ser un consumo alto, o de un 10% del total, de una sola tacada, en caso de victimas de bajo consumo o de quienes se sepa que son personas mayores jubiladas, presas fáciles de engañar, límite que garantiza que los pichones acepten la factura, bien porque no lleguen a percibir el timo, bien porque aun presintiendo algo raro en los números, sus cuentas se aproximen a las oficiales lo suficiente como para hacerles dudar, bien por darles vergüenza reclamar tan poca cosa, o bien porque no les compense perder el tiempo reclamando.
Ya estaba al tanto de la Tarifa por Debajo del Umbral de Desidia TADEUDE, cuando hace unos años, Timofónica me cobró 84 euros sin motivo. Tardé más de cuatro meses en que me devolvieran dicha cantidad, pero no crean ustedes que me fue sencillo; tuve que poner en juego todo mi arte y ciencia de la persuasión, para que la compañía de la que era victima, me restituyese lo que me pertenecía. ¿Cómo lo conseguí? Pues dedicándole muchas horas de conversación pausada, respetuosa, reiterativa, constante, a llamar al número gratuito, desde cualquier cabina, a cualquier hora del día, para exponer una y otra vez mi caso, y sobre todo haciendo conocer a la compañía del timo, que tenía tomada la decisión de continuar así el resto de mi vida, para que hicieran números y vieran que les salía más a cuenta devolverme el dinero, a tener que dedicar a varias operadoras a atender mi caso.
Desconozco cual es la compañía a la que está abonada Lady Gaga este verano para mantenerse en lo alto de la lista de los éxitos más vendidos con su sencillo “My Telephone” pero no me extrañaría nada que, cuando termine de hablar, escuche al otro extremo que Gurruchaga le diga ¡Hola mi amor! ¿Soy yo tu banco? Quero tenerte cerca para cobrarte mejor…