Sólo perdonan de verdad quienes tienen la posibilidad de vengarse.
Categoría: General
Gloria de un Autoeditor. Ocurrencia
Soy un autor con más de un millon de libros no vendidos.
De la Sonrisa. Ocurrencia
Algunos individuos sólo sonrien para enseñar los dientes.
del escrache al estruche
En vista de lo fácil que resulta por falta de escrúpulos a los enemigos del Pueblo oprimido presentar como terroristas las legítimas protestas que los más perjudicados del sistema politico-criminal realizan pacíficamente en ese fenómeno que se ha dado en denominar Escrache, creo que, de no desear ver cumplida la advertencia de Nuestro Señor Jesucristo cuando el Domingo anterior a la Pascua, aclamado por las masas a su entrada a Jerusalén, los sacerdotes temerosos le pidieron que contuviera el entusiasmo de la gente, respondiera: «Si estos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,40), lo conveniente, para ponérselo más difícil a las fuerzas de manipulación, sería pasar del “Escrache” al “Estruche”.
Por supuesto, el “Estruche” del que hablo, nada tiene que ver con la acepción coloquial circulante en el Diccionario de americanismos, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, donde aparece como “uso regional de Ecuador, Argentina y Uruguay con significado de forzar las seguridades de una vivienda o establecimiento comercial para robar”; siquiera la voz argentina de etimología Occitana “Escrache” cuya primera acepción de no triunfar una vez más la mentira en la RAE, seguramente vendría recogida como “método de protesta basado en la acción directa pacífica ante quienes toman las decisiones allá donde se encuentren”, si bien, si comparte con éste último, su ánimo de hacer llegar el calor de la gente, a los corazones de hielo que parecen tener los criminales que nos gobiernan a fin de sensibilizarles.
El “Estruche” que propugno, hunde sus raíces etimológicas en el verbo “Estrujar” en el sentido más cariñoso que le sea posible concebir al lector, y las procedimentales en aquella moda extraña del “Hugs Free” o de los abrazos gratis, que más de un susto diera a quien de pronto veía como varias personas desconocidas se le aproximaban rodeándole sonrientes con los brazos abiertos en mitad de las aceras, plazas y parques de nuestras ciudades, donde hasta nos molestan las miradas del vecino en el ascensor.
El Estruche imaginado por mi, no se servirá de griterio, insultos, puños en alto, pancartas ofensivas, pintadas amenazantes, envíos anónimos; tampoco empleará objetos arrojadizos como monedas, canicas o caca de vaca; menos todavía usará arma alguna, en definitiva, nada que pueda ser susceptible de ser tildado de violento o que pudiera servir de excusa para ser multado, detenido o condenado por la legislación vigente en el Estado de Deshecho. La nueva forma de protesta, se hará eco del también sabio consejo de Jesús, de “Amar a nuestros enemigos”, aunque yo, personalmente entiendo que la mejor forma que hay de amar al enemigo, es tratándole como tal.
El Estruche, consistirá entonces, en dar abrazos muy, pero que muy fuertes, parecidos a los recibidos por un peluche a manos de un niño pequeño, a cuantos políticos responsables con poder de decisión, atrapemos en mítines, conferencias, charlas, tertulias…, solo que en vez de aplicar el célebre ¡Aquí te pillo! ¡Aquí te mato! le atizaríamos el ¡Aquí te abrazo! ¡Aquí te estrujo! Evidentemente, no sólo de abrazos viviría el Estruche…fuertes palmadas en la espalda o puñetazos en el estómago como los que se dan en muestra de amistad entre colegas de barrio, pegajosos besos babeantes propinados con entusiasmo por la cara, enérgicos apretones de mano, cariñosas collejas en la nuca, y otras formas de afecto más íntimas como morderles la oreja o la nariz, son igualmente de apropiados para configurar esta nueva forma de concienciación que tiene por objeto, sensibilizar a los insensibles.
El Estruche, a diferencia del Escrache, en un perfil moderado, podría practicarse sin problemas con los familiares y amigos del “Insensible” al que se desea sensibilizar, pues nadie podría criticar que los Parados o Desahuciados fueran por el barrio repartiendo abrazos a sus vecinos para que estos le dieran sus saludos de forma constante o se acercaran a los institutos a acariciar a sus hijos adolescentes o al colegio a regalarles caramelos para que estos posteriormente les transmitieran de viva voz lo mucho que la gente les aprecia por ser hijos de un representante democrático.
Desamortización de la Banca
Sin necesidad de poesía, las palabras dicen más de lo que la velocidad oral o lectora mental les dejan expresar en el vertiginoso torrente comunicativo del momento. A propósito de la decisión de la Junta de Andalucía de poner a disposición de los desahuciados los pisos vacios que en su poder tiene la Banca, los medios de comunicación cómplices, no han tardado en hablar de “Expropiación” que remite a “Propiedad” y ésta al “legítimo derecho de su disfrute y posesión por parte de su dueño” cuando lo suyo hubiera sido calificar la medida de “Desamortización” que además de informar con auténtica propiedad sobre el particular, validaría por una santa vez, los caducos conocimientos de Historia burguesa que nos inculcaron de pequeños durante el lavado de cerebro colectivo que es la educación escolar, que por algo la convierten en obligatoria.
Sin entrar al detalle de lo acontecido en Andalucía, que ni de lejos se aproxima a lo que verdaderamente sería justo y necesario, lo cierto es que su sólo gesto publicitario debería bastar para que los representantes sociales y democráticos se plantearan seriamente la posibilidad de emprender una Desamortización inmobiliaria de la Banca, poniendo cuidado de no cometer los mismos errores permitidos durante la famosa disposición de Mendizabal.
Por refrescar la memoria pupitresca, apuntaremos que la palabra “Desamortización” en España remite al proceso económico-social emprendido por Godoy consistente en poner en el mercado, previa expropiación forzosa, las tierras que se encontraban en poder de las llamadas “manos muertas” acumuladas durante siglos por medio de herencias o donaciones. Huelga destacar, el juicio positivo con que el profesorado a sueldo del Estado liberal transmite la lección y el pleno asentimiento confiado con el que el alumnado obediente comparte el placet histórico concedido a la medida entonces adoptada, por la cuenta que le trae si desean ser aprobados en los exámenes. Sea como fuere, el caso es que todos hoy damos por buena aquella Desamortización de los bienes eclesiales, más rara es la ocasión en que desde los libros de texto se nos ofrece la provechosa enseñanza que podríamos extraer de tan pomposa página liberal de la historia, cual es, la de actualizar el escenario para identificar los bienes baldíos que precisa la población para su supervivencia e identificar quienes son las “Manos muertas” que los retienen sin provecho alguno siquiera para ellas, ocasionando empero, grandes perjuicios sociales, como por ejemplo los impagos a las comunidades de vecinos, sin ir más lejos.
Es evidente, que los inmuebles vacios, casas habitables o lonjas comerciales, son los bienes necesarios para que la gente pueda vivir y trabajar. Y es indecente que mientras miles de familias no tengan dónde poder cobijarse del frio o de la lluvia y miles de comerciantes hayan tenido que cerrar sus negocios por no poder pagar los alquileres, dichos bienes sean respetados como propiedad privada, cuando como en estado de Guerra deberían ser declarados de utilidad general y arrebatados de las Manos muertas de la Banca por medio de una Desamortización Bancaria.
Atendiendo al significado más coloquial del Verbo “Amortizar” de reembolsar gradualmente el capital de un préstamo o deuda, “Desamortizar” sería poco menos que una sinvergonzonería; Pero la RAE, que sabe más que yo de estas lides semánticas declara que “Desamortizar” es “dejar libres los bienes amortizados; Poner en estado de venta los bienes de manos muertas, mediante disposiciones legales” cosa que se ajusta más a lo aprendido en el aula de Historia. La razón de tan ancho margen de maniobra la hallamos en la etimología de la palabra “Amortizar” que lejos de tener que ver con el “Amor” más parece haberlo con la “Muerte” pues proviene de la voz latina “Admortizare” compuesta del prefijo “Ad-“ (Hacia) –mort- (Muerte) y el sufijo grecolatino –izar, (Convertir en) que pude traducirse por “Camino de la muerte” que es en lo que se ha convertido para muchos ciudadanos la milla verde de la hipoteca bancaria tras cuya firma bien podría exclamar el director de cualquier sucursal eso de “dead Man Walking” (Hombre muerto andando) que le gritan al condenado a muerte camino de patíbulo en Estados Unidos.
Con todo, hemos de reparar en dos detalles nada baladíes: El primero, pondría en cuestión denominar “Manos muertas” a la Banca, antes bien les va mejor la expresión “Manos asesinas”. El segundo repararía en que la medida no sería ni una “Expropiación” ni una “Desamortización” sino el resultado justo de quien toma lo que es suyo habida cuenta de los miles de millones ya entregados por parte de los sucesivos gobiernos con nuestros impuestos.