Algún día, atracaré un banco. Aunque sea el de alimentos.
Categoría: General
De la Explicación. Ocurrncia
Es más fácil andar, que explicar cómo se anda.
Paz por Seguridad
El epígrafe que encabeza estas líneas, se inspira en los mediáticos “Paz por territorios” donde se resumiría el acuerdo Palestino-Israelí o aquel infame “Petróleo por alimentos” que recogería en esencia el injusto trato al que fuera sometido el pueblo de Irak durante años.
Los malos gobernantes, acostumbran a presentarnos Seguridad y Libertad en relación inversamente proporcional, de modo que, si la ciudadanía desea más de una, el ciudadano ha de renunciar a parte de la otra. Dicha relación es verdadera, si y sólo si, nos halláramos en un estadio salvaje de la conciencia donde la Libertad personal de cada cual es entendida como “libertinaje” y la Seguridad como “Sometimiento”.
Sin entrar en el berenjenal de qué entendemos por los conceptos, voy a reflexionar formalmente sobre ellos: tomados por separado, es inconcebible tanto que un grupo sea libre cuando los miembros a el adscritos no lo sean cuanto que ese mismo grupo sea seguro cuando sus miembros no disfruten de dicha seguridad. Sin embargo, cruzados los términos, de las cuatro posibilidades ¿Cuál nos parece preferible? a) Un grupo seguro cuyos integrantes se sienten libres, pongamos por caso un Colegio donde la seguridad del recinto permite la libre interactuación de profesores y alumnos; b) Un grupo libre cuyos integrantes se sienten seguros, verbigracia la Iglesia Católica que en su conjunto goza de libertad Institucional en cuyo seno los fieles ejercen su libertad de conciencia; c) Un grupo seguro cuyos miembros no se sienten libres, la cárcel sin ir más lejos; o d) Un grupo libre cuyos miembros se sienten inseguros como podría ser un safari por la selva organizado donde huelga comentar, la emoción no acontece sin cierto miedo a los peligros que acechan. Para toda mente sana, al margen de los discutibles ejemplos aducidos, los dos primeros casos, son preferibles a los dos últimos.
Si recapitulamos, nos encontramos con que, tenemos por absurda una sociedad que se presente como “segura” estando sus miembros inseguros, tanto como una sociedad se diga “libre” cuando las personas que a ella se remiten son esclavos – Espartaco aparte – en consecuencia, para que una comunidad se predique “segura” sus integrantes han de participar de dicha seguridad y para que se pueda reconocer “libre”, sus miembros han de participar igualmente de la Libertad. Por otra parte, hemos aceptado como preferible los casos en los que Seguridad y Libertad confluyen y no divergen en la estructura grupo-individuo. Si esto es así, sí efectivamente hacia ello apunta la lógica y el orden de nuestra voluntad ¿Es posible que la conclusión que emana sólo tenga cabida en el marco teórico y en el mundo de los deseos? ¿Será cierto que en el terreno práctico y en el espacio de lo posible, Seguridad y Libertad únicamente puedan darse disociados o contrapuestos?
El mal gobernante que trabaja para las élites extractoras, se halla cómodo gestionando a su antojo dicha dicotomía. Es su razón de ser. Y en la medida que la acrecienta, fortalece su posición. El buen gobernante, en cambio, apuesta siempre por la conjunción de los valores de Libertad y Seguridad. La cuestión que cierra el párrafo precedente es aceptable en el discurso ordinario porque en nuestras sociedades, abundan los malos gobernantes. Pero por nada más. De ser al revés, el auditorio se preguntaría ¿A quien se le ocurre contraponer Libertad y Seguridad?
La contraposición radica en el instinto depredador de todo criminal que toma la Libertad como el derecho del más fuerte y la Seguridad como la represión del más débil. En este orden de cosas, los gobiernos criminales gustan hablar de “paz y armonía social”, en medio de una lucha campal por la supervivencia de la mayoría de los gobernados, momento crítico en el que el Pueblo tiene derecho a presentar ante sus opresores la cuestión en términos más favorables para los intereses generales, a saber: ¡Paz por Seguridad!
Y ahora, atiendan las vanguardias morales, que me dispongo a decir, lo que no se puede decir, sin decirlo: La inseguridad que la mayoría de los ciudadanos siente en la actualidad en lo concerniente a su trabajo, medio de subsistencia, vivienda, alimentación, entorno, salud y educación de los hijos, futuro de las pensiones…por fuerza debe traducirse en una mayor inestabilidad que ponga en jaque no sólo a las clases medias, también a las propias élites extractoras favorables al régimen de opresión reinante. Así, pronto veremos cómo los miembros opresores de la sociedad habrán de convertir sus lujosas mansiones en jaulas de oro con alarmas, personal de seguridad, barrotes en las ventanas, perros en el jardín, para estar en disposición de conciliar el sueño y aún así se acostarán con el miedo de levantarse sin cabeza; cómo empezarán a enviar a sus hijos a clase custodiados por escoltas o a un internado en el extranjero para no estar en vilo todo el día con la inquietud de que suene el teléfono para pedirles un rescate; cómo deberán de contratar chóferes que les arranquen los vehículos por temor a que les hayan colocado una bomba mientras estaban reunidos en el consejo de administración recortando la plantilla y cómo circularán cambiando itinerarios para no ser tiroteados al parar en un semáforo en rojo en medio de la ciudad; cómo habrán de refugiarse cada vez más en los clubes más selectos donde el personal es de suma confianza para poder probar bocado sin la angustia de ser envenenados por el servicio; en definitiva, que les veremos dejar de pasearse por nuestras calles impunemente sonrientes hasta que entiendan que su Paz, depende de nuestra Seguridad.
Reeducar la Educación
Educar” en su significado etimológico, imprimía la idea de encauzar la mente del futuro ciudadano desde unos principios básicos orientados a unos fines determinados, para en lo posible, ayudarle a conducirse en la vida, conforme a los cánones más o menos perennes de la comunidad donde hubiera nacido. Con el tiempo, el término adoptaría dos acepciones, a saber: la identificada con el buen comportamiento en función de valores morales más allá de los modales, comunicados en la autodisciplina, el espíritu de sacrificio, la independencia y cuantas cualidades son característica psicológica de la etapa adulta, tarea primordialmente reservada al ámbito familiar – de la que me ocuparé en un ulterior capítulo – y la enfocada hacia su correcta instrucción en lectura, escritura, cálculo y demás conocimientos necesarios para ser útil a la sociedad a la que de mayor se va a incorporar el sujeto educado, labor encomendada mayormente a la institución docente en los países desarrollados que por actualidad mediática, es de la que toca hablar. Es así, como podemos enunciar la paradoja de hallarnos ante elementos que habiendo recibido la mejor educación del mundo en los más prestigiosos colegios, sin embargo, son los mayores maleducados que nos podamos echar a la cara, verbigracia la panda de impostores que pasan por ser la flor y nata de nuestra clase político-empresarial, merecedores todos de ser objeto de una auténtica Revolución Cultural.
En cualquier caso, la tarea educativa comporta una enorme dosis de responsabilidad por parte del educador sea este padre o Maestro, quienes acaso por el “miedo a la libertad” denunciado por Erich Fromm en su obra homónima, bajo la excusa de no querer “influenciar” han delegado su deber en demasía en la otra parte, siendo hoy el día en que los jóvenes se ven obligados a conducirse por su cuenta y riesgo, tanto en su conducta personal como en su formación académica entre los amigos, Internet o la calle, toda vez, los progenitores los envían al colegio para que los eduque el maestro, los docentes los devuelven a casa para que los instruyan los padres en clases particulares, en un momento en que la educación, sea pública o privada, parece necesitada ella misma de ser reconducida, es decir, reeducada.
El retroceso colectivo apuntado por PISA y la deriva en la conducta individual, en nuestro caso, van de la mano, cuya causa, está más relacionada con la falta de la labor supervisora-correctora que con el esfuerzo o capacidad de transmisión. Cada cual desde su perspectiva, además de dejar mucho que desear con el propio ejemplo, ha puesto el acento en señalar lo que está bien y lo que está mal (Padres), en impartir la lección )Profesores), en no interferir en la tarea de los demás (Vecinos y Amigos), en ocuparnos sólo de nuestros asuntos (Resto de ciudadanos) olvidándonos de dos cosas fundamentales: que educar es tarea de todos y que tan importante es dar a conocer lo que está bien, como reprender y corregir lo que está mal. Sólo así se enseña. Sólo así se aprende.
Así, si hasta para el aparato represor del Estado dotado de leyes, policía y cárcel, es válido que entre la prohibición y el castigo debe mediar la prevención, cuánto más en el hogar o el barrio habremos de poner todo nuestro empeño en el corregimiento de las malos hábitos y comportamientos de los más pequeños antes de que sea necesario lo anterior, cuanto en las aulas el profesorado habrá de emplearse a fondo en que su alumnado haga bien la tarea encomendada antes de suspenderlo por sus fallos en la prueba de evaluación. Porque, si “Educar” es conducir, “Corregir” es “conducir derecho” cosa que ya requiere mayor atención de unos y de otros que ciertamente es la parte menos grata de la crianza de los hijos o la instrucción de los pupilos, no digamos incómoda para cuantos procrearon por inercia y para quienes ejercen la docencia sin otra vocación que la de procurarse una nómina..
España: ¿Se parte? o ¿Se reparte?
El nacionalismo español jacobino centralista representado por Partidos Políticos como el PP o el PSOE, día sí, día también, alarman a la pobre gente rasgándose las vestiduras en los Telediarios ante las exigencias de los nacionalismos periféricos de vascos y catalanes a quienes acusan de pretender partir España, trapo al que el noble peatón entra como un toro, sin percatarse que entretanto, esos mismos que claman ¡España se parte! entre ellos ¡se la reparten!
El Socialpopulismo alternante, distare las mentes con dicho miedo para que estas no fijen su mirada en el auténtico saqueo organizado del país que a manos de la mayor red de delincuencia organizada que quepa imaginar se está operando por toda la geografía desde los más altos cargos de nuestras Instituciones municipales, autonómicas y nacionales. La Mafia política que en la actualidad tiene secuestrada la Democracia, ha hecho de la necesidad virtud, por supuesto desde una perspectiva criminal. Me explico:
Las élites extractoras han hallado un filón emocional en el juego geoestratégico cultural de las distintas filiaciones a las que la conciencia del sujeto se puede adherir en tiempos donde se siente como necesaria un reforzamiento de la identidad local para compensar la liquidez sufrida por toda entidad en el proceso de globalización, de modo que, a las fuerzas centrífugas del liberalismo se le oponen las centrípetas conservacionistas, fenómeno que de manera fractal se repite desde la aldea hasta el planeta entero, en una doble tensión por arriba y por abajo que puede identificarse por partida doble sin ir muy lejos en las ansias catalanas por la independencia de España pero su deseo de pertenecer a la Unión Europea que ya es llamativo que se prefiera ser cola de león que cabeza de ratón, al tiempo que España niega el derecho de los catalanes para decidir sobre su futuro cuando no pone reparos en ceder soberanía peligrosamente en nuestros asuntos internos que desde hace un lustro parecen decidirse en Bruselas cuando no en Berlín mismo.
Es posible que conceptualmente Exupery tuviera razón al apuntar en “El Principito” aquello tan repetido de “Lo esencial es invisible a los ojos”. Pero en cuanto bajamos al terreno práctico-material, lo esencial se transforma en vivienda digna para todos, educación y sanidad pública, infraestructuras, servicios sociales, gobiernos diligentes y cuantos elementos una sociedad avanzada ha de sufragar vía impuestos modo positivo mediante el cual se garantiza la solidaridad del individuo para con la comunidad en la que se desarrolla como persona y ciudadano. Ahora bien, si las palabras se las lleva el viento, los impuestos nos los roban quienes tienen a su cargo la redacción diaria del Boletín Oficial del Expolio dedicado únicamente a publicar continuas corruptelas bajo las distintas fórmulas ideadas ex profeso para adjudicar a sus amiguetes las contratas millonarias de inútiles infraestructuras a tanto el kilo de cemento, cuantiosas subvenciones ideadas para ser cobradas por empresas fantasma que expedirán facturas igual de etéreas con las que triangular dividendos, el establecimiento de nuevos impuestos directos e indirectos para aumentar su índice de beneficios…de modo que, yo sinceramente no se si España se rompe o se deja de romper; lo que si tengo claro es que su casta política se corrompe y debe ser eliminada cuanto antes, por supuesto por medio de una paliza democrática, o sea, dada por la mayoría lo que no excluye el linchamiento público de los cabecillas de la trama criminal como en su día el pueblo Italiano hiciera con Mussolini que para el resultado del veredicto que tuvo el juicio de Nuremberg, casi fue más conforme a Derecho.
Por último, debo subrayar que aunque no se oye decir ¡Esuskadi se parte! o ¡Cataluña se rompe! es de suyo que por estos lares también se reparte y se corrompe. Mas, al hacerse de manera cercana al ciudadano, éste casi lo recibe con satisfacción, como los primeros abertzales asumieron su primera ¡Hostia bat! en euskera a manos de la Ertzantza o los Okupas de Barcelona padecieron torturas en las comisarías de los Mosos.