IV Concurso de relato corto Cafés Gosoa

BASES CAFÉS GOSOA IV

De nuevo, la empresa “Cafés Gosoa” apuesta por la cultura convocando el IV Premio literario para la modalidad de relato corto en euskera y otro en castellano.
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BASES:

1 La participación en el certamen está abierta a residentes en Euskadi y en Territorio Español. Cada participante sólo podrá presentar un relato a concurso.

2 Los relatos deberán ser inéditos.

3 El tema del relato para esta cuarta edición será “Café y libros”, quedando a la entera libertad del autor el modo en cómo abordarlo o introducir el motivo en su obra.

4 El relato no podrá superar las 3.000 palabras.

5 Los trabajos deben ser enviados antes del 31 de Mayo de 2019 por correo electrónico a la dirección gosoarelatoscortos@gmail.com especificando en asunto: “IV Premio Cafés Gosoa”. En el mensaje, además de adjuntar en archivo la obra, deberán incluirse los datos completos del autor: nombre, apellidos, DNI, teléfono de contacto y dirección de correo electrónico.

6 Los premiados en euskera y castellano serán convocados a una ceremonia programada para el 1 de Octubre, Día Internacional del café, donde se les hará entrega del galardón; de cincuenta ejemplares con las obras premiadas publicadas por Cafés Gosoa y un lote de su peso en café. En esa misma fecha se hará público el Fallo del Jurado.

7 El jurado, estará integrado por representantes del mundo de la cultura y un representante de Cafés Gosoa.

8. Los participantes, por su mera presentación, aceptan íntegramente las bases del certamen.

9. El premio podrá declararse desierto y el fallo del jurado será inapelable.

10. El jurado será soberano en la interpretación de estas bases.

El Gobernante Hijoputa y la creación de empresas. Parte V

Aquella tarde, el Príncipe de Orbajosa se la pasó egipciando sobornos y sobresueldos, asunto este que le entusiasmaba. Sin embargo, parecía como ausente; algo le preocupaba…Introduzcámonos en sus pensamientos.
-Príncipe: El Consejero ha aseverado que algunos ciudadanos llegan a albergar dudas filosóficas con respecto al procedimiento de crear empresas. No sé yo si eso es bueno. Los habrá que lleguen a concluir “Pienso luego ¡Insisto!” Por otra parte me inquieta que no esté claro el término con que me hago distinguir como gobernante…habrá que hacer algo.
Ni corto ni perezoso, el Príncipe mandó llamar con carácter de urgencia a un tropel de juristas, sociólogos, psicolingüistas, académicos de la lengua, traductores, periodistas, publicistas, así como representantes varios de instituciones y organismos oficiales.
La inquietud flotaba en el ambiente entre los convocados en el salón de plenos; unos se preguntaban a otros por la razón de su presencia allí. ¿Les solicitaría consejo para mantener altos los precios de la vivienda? ¿Les pediría una lluvia de ideas para abaratar la mano de obra? Todo eso y más ya lo habian hecho, y por consiguiente, nadie sabía de qué se podía tratar. En este estado de incertidumbre hizo su aparición el Príncipe de Orbajosa.
-Príncipe: Os he hecho venir a Palacio porque hay un tema que me preocupa seriamente y creo necesario sea resuelto a no más tardar por ustedes que para algo se les paga, a saber: la Hijoputez. ¡Dejen de murmurar! ¡Y atiendan! Como comprenderán, el asunto es de capital importancia para mi, ahora que ostento el título de “Muy Grandísimo Hijodeputa”. Es mi deseo que esclarezcan la cuestión con brevedad. Para ello permaneceremos aquí hasta tener un informe completo sobre mi escritorio.
Todos se miraban entre si. Unos carraspeaban; otros invitaban al de al lado a levantar la mano. Nadie se atrevía a intervenir primero. Finalmente, un reputado Catedrático, pajarita al cuello, tomó la palabra.
-Catedrático: Agradecemos que el Príncipe haya contado con nosotros para ayudarle en tan dificil asunto. – hasta aquí todo el auditorio asentia con gestos rotundos – Pero – aquí todo el auditorio se quedó helado – creo que antes de abordar el asunto conviene determinar con exactitud si la materia a tratar es ciertamente la Hijoputez y no el Hijoputismo o la Hijoputeidad, que no son lo mismo, para lo cual propongo un aplazamiento, mombrar una comisión de estudio y ya puestos establecer algún tipo de subvención. – En este momento todos los asistentes irrumpieron en aplausos; aplausos que el Consejero se disponía a atajar cuando sorpresivamente un resignado Príncipe le cogio del brazo al tiempo que lo invitaba a escabuirse con él por pasos perdidos, mediante la siguiente confidencia “Haga como yo. No se meta en semántica”.
-Consejero: Es usted muy franco…Es una pérdida de tiempo. No se hable más.
-Príncipe: Pues precisamente es con usted con quien deseo seguir hablando. Usted ha dicho durante el despacho matinal que el procedimiento burocrático que imposibilita la creación de Empresas genera en algunos incontrolados dudas filosóficas. ¿Qué dudas son esas?
-Consejero: Recuerde el Hijoputa que para constituir una Sociedad era preciso acudir al Notario y ya sabe que allí es donde hay un problema de exceso de información a la ciudadanía.
-Príncipe: No me lo recuerde.
-Consejero: Pues bien, esa información que se filtra no siempre es perjudicial a nuestros intereses, porque su conocimiento genera mayor estrés y frustración al emerger en la mente del ciudadano lego en estos asuntos burocráticos múltiples incomprensiones, aberraciones lógicas, contradicciones, despierta fobias y como le anuncié hasta dudas filosóficas, verbigracia la que acontece cuando en la Notaría le exigen que para constituir una empresa es conditio sine qua non, que haya un depósito de 3000 euros en una cuenta corriente a nombre de la empresa.
-Príncipe: Pues lo siento. No veo yo dónde resídela dificultad.
-Consejero: Cómo se ve que usted no ha debido crear una empresa…Hemos quedado que para constituir una empresa es necesario acudir al notario ¿Sí? Pero el notario exige una cuenta con 3000 euros a nombre de la empresa ¿No? El ciudadano puede acabar exausto de intentar comprender cómo va a crear una cuenta corriente en el banco a nombre de una empresa que no existe por no estar constituida. Porque si no puede constituir la empresa en el notario porque no tiene una cuenta corriente a nombre de la empresa, en el banco seguramente le dirán y con más razón todavía, que no le pueden abrir una cuenta corriente a nombre de una empresa que no está constituida. ¿Me he explicado bien?
Las voces de los académicos deliberando sobre la hijoputez y el hijoputismo se escuchaban a lo lejos. El Príncipe, bajo un tenue haz de luz de mediatarde alzó la mirada al cielo con el rostro iluminado recorriendo sus sonrosadas mejillas lágrimas de gozo y alegría junto a los jardines. En este estado de placidez y serenidad permaneció durante unos instantes.
-Príncipe: snif…Me hace usted muy feliz. Snif…Al principio de nuestras investigaciones temía que todo esto me distrajera de mis distracciones favoritas, snif… pero ahora le confieso que hablar de ello me motiva, me relaja y lo prefiero a cualquier otro vicio de los muchos que cultivo. Necesito que me cuente más. Quiero saberlo todo hasta el más insignificante de los detalles. ¿Hay ciudadanos que se han arruinado intentando crear una empresa? ¿Hay alguien que se haya suicidado por no poderla crear? ¿Sabe si alguien se ha vuelto loco por este motivo? ¡Por favor! Se lo ruego, hágame estadísticas como las de los muertos en carretera, suicidios en las cárceles, lleveme la cuenta semana a semana como con las mujeres asesinadas….
-Consejero: Los deseos del Hijoputa son órdenes. Tendrá todo eso y más.
-Príncipe: ¡Qué haría yo sin usted! Lamento haberle interrumpido en su exposición. Pero me he excitado como un colegial. Son estos los placeres del Gobernante que algunos denomnan “Sindrome de Orbajosa”, algo así como el de Stendhal, pero en política. ¡Prosiga! Que quiero conocer el desenlace de tan ocurrente galimatías.
-Consejero: Pues fíjese que el Banco puede hacer, lo que nadie más puede hacer, cuál es, puede hacer una cuenta a nombre de una empresa que no existe con 3000 orbys de depósito y extender un certificado de que esa cuenta existe de verdad, porque la cuenta existe, aunque no exista la empresa.
-Príncipe: Y ¿Cómo es posible? ¿Quién autoriza a la banca a permitir abrir una cuenta corriente a nombre de una empresa inexistente? ¡Ajá! Aquí está el fallo del sistema que andábamos investigando…¡Son ellos! ¡La bbanca! Ellos son los culpables de que los ciudadanos acaben montando empresas al margen del Estado.
-Consejero: ¡Cálmese! Está en un error…el banco lo que hace es una trampita consistente en crear de modo “Provisional” una cuenta corriente a nombre de una empresa que ciertamente no existe pero que puede existir o está en trámites de existir, es decir, está en potencia como diría Aristóteles. Para crear esta cuenta provisional, es necesrio presentar antes el permiso del Registro Mercantil. De este modo, el ciudadano lego se ve obligado a acudir al banco un mínimo de tres veces en el proceso de creación de una empresa: primero a consultar; después para abrir la cuenta provisional antes de ir al notario; luego regresar con el acta notarial para formalizar la cuenta etc. De este modo, su exasperación va en aumento; se le hace perder tiempo y pasan los días del calendario sin que la empresa pueda fuencionar. Por no mencionar lo de exigir ese depósito de 3000 orbys que no todo el mundo está en disposición de satisfacer así como así de entrada. Lo que de momento pocos saben es que podían haberse evitado dicho depósito declarando tener bienes o en especie por dicho importe en la misma notaría donde hacen el acta de constitución. ¿No le parece excelente?
-Príncipe: ¡Hummm! Y nosotros…Si este truco es tan bueno para ralentizar los procedimientos ¿Por qué no empleamos lo de provisional en otros trámites?
-Consejero: Pero ¡Grandísimo Hijodeputa! Es que lo hacemos.
-Príncipe: ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo?
-Consejero: Sea paciente. Todo llegará cuando abordemos dentro de unos meses el asunto del NIF. Todavía queda escudriñar lo del CNAE, la Agencia Tributaria, el ISEMPE…
El Príncipe y el Consejero permanecieron largo rato recostados sobre el banco del jardín contemplando entre risas y rosas la puesta de sol mientras muy lontanos aún se escuchaban los acalorados debates de los expertos en Hijoputerismo.

El Gobernante Hijoputa y la creación de empresas. Parte IV

En Orbajosa, todos los gobernantes a izquierda y derecha eran Hijosdeputa o querian serlo. Por esta razón el Consejero que fuera recientemente reconocido como Hijoputa por su contribución para el entorpecimiento burocrático de la creación de empresas, fue admirado y envidiado a partes iguales, mas por todos imitado en su afán por hacer la vida dificil a la ciudadanía. El Príncipe, muy complacido, atendia cuantas sugerencias le eran remitidas a Palacio en tal dirección y fue así como de la noche a la mañana, no faltaron concejales, alcaldes, diputados, senadores, congresistas, jueces del Supremo y ministros que fueran galardonados con el título de Hijoputa, al extremo de tener que establecer una nueva gradación para evitar confusión de protocolo y ante todo, disputas entre los afectados por ver quien era más Hijoputa. Así se acordó que para los cargos como concejal o alcalde le correspondía el de Hijoputa; para diputados, senadores y congresistas, se les otrogaba el rango de Gran Hijoputa, los Jueces del Supremo, Ministros y Consejeros se los distinguía con el título de Grandísimos Hijosdeputa y para el Príncipe le estaba reservado el de Muy Grandísimo Hijodeputa. Pero su farragosa reglamentación protocolaria fue obviada por propios y extraños para finalmente la población dirigirse a todos como Gobernates hijos de puta, voz que definitivamente dio por buena la Principesca Academia de la Lengua.
Tras varias jornadas de fiesta y siesta, el Príncipe de Orbajosa aguardaba ansioso nuevos despachos de su Consejero, animado como estaba ante la certidumbre de mejorar el Decreto para el Fomento Empresarial.
-Príncipe: ¡Por fin llega usted!
-Consejero: Disculpe la tardanza, es que entre pararme ante quienes me admiran y evitar a los que me envidian…
-Príncipe: No se queje usted, y sonria, que para algo ya es un Hijoputa. Aprenda de mi; siempre sonrio, aunque me llamen hijoputa.
-Consejero: Pero usted mismo nos obliga a dirigirnos a su persona como Hijoputa.
-Príncipe: Muy cierto. Pero con hache mayúscula que es propia del título y no con hache minúscula que es la del insulto.
-Consejero: Dice bien el Hijoputa, pero habría que darle una vuelta al asunto porque según tengo entendido, no es lo mismo hijoputa que hijodeputa y no significa lo mismo hijodeputa todo junto que separado, por no citar las enseñanzas recogidas en un sabio artículo titulado ¿Son todos los hijos de puta de puta madre?
-Príncipe: Me abruma con su erudición. Desconocia que el tema diera para una audiencia. Pero ahora no tenemos tiempo; en unas horas he de recibir sobornos y repartir sobresueldos. Así que abreviemos…¿Con que me sorprenderá hoy?
-Consejero: Bueno, hoy más que sorprenderle, le voy a disgustar un poquito.
-Príncipe: ¿No será capaz? Pues si que se estrena usted como Consejeo Hijoputa.
-Consejero: Es un pequeño fallo del sistema que por suerte para nosotros afecta a pocos casos y a los que afecta, dado lo intrincado de la legislación tiene los daños controlados.
-Príncipe: Vamos, estoy preparado para recibir el disgusto. ¿De qué se trata?
-Consejero: Los Notarios.
-Príncipe: ¿Qué? ¿Qué pasa con los Notarios?
-Consejero: Hemos detectado que algunos de ellos son honrados e informan a sus clientes de todo cuanto deben saber sobre la creación de una empresa.
-Príncipe: Pero ¿Cómo es posible? ¡No me lo puedo creer!
-Consejero: Creaselo. Nuestros espias nos han informado que incluso aceleran los trámites y lo denominan Constitución Express.
-Príncipe: ¡¡¡Hijosdeputa!!! ¿Qué estúpido les ha dado autoridad para hacer eso?¿Qué idiota ha sido capaz de poner ahí a esos traidores al Estado? ¿Quién es el imbecil que les ha dado ese poder de informar a la ciudadanía?
-Consejero: Disculpe su Majestad, pero no ha sido ni un estúpido, ni un idiota, ni un imbecil…
-Principe: Entonces quién.
-Consejero: Un Hijoputa, concretamente el Muy Grandísimo Hijodeputa. Usted.
-Príncipe: ¡Ah! Comprendo. Ahora resulta que tampoco nos podemos fiar de los Notarios del Reino. Cómo puedo ser tan torpe. Dios hizo seres tan inútiles que los hizo nacer príncipes para que pudieran subsistir. Cómo he podido ser tan ingenuo. Yo que provengo de una familia de hijoputas no soy digno del cargo. ¿Cómo ha podido sucederme esto?
-Consejero: No se mortifique más. El Gobernante Hijoputa lo había diseñado todo muy bien. En lugar de establecer una ventanilla única donde registrar, constituir y dar de alta la empresa, usted dispuso muy acertadamente forzar a los ciudadanos a ir de aquí para alla. Así la empresa se debía registrar en el Registro Mercantil, mientras para darla de alta era preciso ir a Hacienda. Pues bien, para constituirla usted propuso que fueran a una Notaría al objeto de que saliera más caro su creación. No estaba mal pensado.
-Príncipe: Y ¿Qué podemos hacer ahora? ¿Es posible destituir a los Notarios honrados? ¿Sería posible contar con el Servicio Secreto para provocarles accidentes? ¿Hay alguna forma de convencerles para que no informen a sus clientes?
-Consejero: Me temo que nada de eso nos ayudaría de verdad; sería pan para hoy y hambre para mañana. Por otra parte, ya le he dicho que este fallo del sistema afecta a poca gente y dado lo intrincado del procedimiento de creación de empresa los daños son limitados.
-Príncipe: ¡Explíquese!
-Consejero: La mayor parte de ciudadanos desiste de crear una empresa ante la falta de información y lo liado que se presenta su tramitación. Los pocos que se empeñan en continuar, la mayoría para cuando llegan a la Notaria y solicitan su primera cita, llegan con algún trámite ya cuplimentado por su cuenta, de mdo que la vocación traidora notaril se ve rebajada al respecto. Por lo demás, la estratagema del Gobernante Hijoputa de derivar la constitución de una empresa a una Notaría da sus frutos porque: primero, el ciudadano tiene que buscar una notaría; debe solicitar cita; se le concede cita para tal fecha que retrasa algunos dias sus trámites; en su primera cita como no tiene ni pajolera idea debe tomar notas de los requisitos solicitados para la constitución; luego como no los entiende estos, ha de investigar qué se le está solicitando e incluso le surgirán dudas filosóficas como podré mostrarle más adelante cuando tratemos el asunto del banco y la creación de una cuenta corriente a nombre de la empresa.
-Príncipe: ¡Fantástitico! Por un momento creí que todo el sistema se venía abajo. Pero continue…
-Consejero: Posiblemente en la Notaría entre otros muchos requisitos le soliciten tener el CNAE, una cuenta corriente a nombre de la Empresa con un depósito de 3000 orbys y un documento adjunto al Acta de Constitución del que ni yo mismo sé para que sirve pero consta como obligatorio. Como ve, usted fue muy diligente como Gobernante Hijoputa. Son otros los culpables de que algunos ciudadanos no desistan de sus intenciones de crear una empresa. Y no es necesario interferir en el trabajo de los Notarios.
-Príncipe: Eres un buen Consejero Hijoputa. Sabes levantarme el ánimo. Y me quedaría muy a gusto charlando sobre estos temas contigo, pero ahora debo dedicarme a mis obligaciones como Gobernate Hijoputa. Pero, mañana espero me cuente con detallle todos esos requisitos uno a uno, que es un deleite escucharlos.
El Consejero Hijoputa salió del despacho muy ufano abriendo sus puertas de par en par. A su salida pudo ver dos grandes colas una conformada por directivos de banco, constructoras, petroleras, industria automovilística, farmacéuticas…que esperaban para entregar sobornos, y otra integrada por sindicalistas, periodistas, altos cargos, congresistas…que aguardaban para recibir un sobresueldo. Entonces, el Consejero se dijo para sus adentros ¡Cuánto Hijoputa hay aquí dentro!

El Gobernante Hijoputa y la creación de empresas. Parte III

Aquella noche, todo el Palacio del Príncipe de Orbajosa permanecía tranquilo y en silencio. ¿Todo? ¡No! En un apartado rincón, en su diminuto habitáculo adyacente a la sala de Plenos, alguien parece agitado, con la luz encendida sin poder conciliar el sueño dando vueltas entre papeles junto al escritorio. Se trata del Consejero del Príncipe preocupado por la soledad del Gobernante.
-Consejero: ¡Pobre Príncipe! ¡Qué desdicha la suya! Saber que todos te llaman “hijoputa” a tus espaldas al extremo de convertir el insulto en Título. ¿Es justo? ¿A caso es posible que todas las putadas que hacemos a la ciudadanía sean responsabilidad de un solo hombre? ¿De un hombre solo? ¿Solo de un hombre? No nos engañemos…Si hay un gobernante hijoputa, es porque muchos hijos de puta colaboramos. No es bueno que el Gobernante esté sólo; debemos mostrarle todo nuestro apoyo y cariño; que se sienta orgulloso de si mismo y de quienes le rodean. Yo también soy un Hijoputa ¡¡¡Y se lo voy a demostrar!!!

Sin haber pegado ojo, el Consejero carpetas en mano y muy ilusionado se apostó firme a la entrada del despacho del gobernante a las 6:00 h. para ser el primero en darle los buenos días y hacerle saber algunas ideas propias para mejorar la DFE, la Disposición para el Fomento Empresarial.
Habían pasado las horas y el Príncipe no llegaba y su firmeza e ilusión se fueron acurrucando hasta caer al suelo vencido por el cansancio y el sueño, cuando a eso de las 11:00 h apareció el Príncipe.
-Príncipe: Pero qué formas son estas de presentarse a trabajar.
-Consejero: Usted perdone ¡Majestad! – Acertó a decir según se incorporaba y sacudía el traje.
-Príncipe: Es usted un holgazán. ¿No ha dormido lo suficiente? ¡Fíjese en mi! Yo apenas he dormido y aquí estoy cumpliendo con mi obligación. He pasado toda la noche de fiesta con muy buena compañía. Para estar con malas compañías tenemos todo el día.
-Consejero: Yo, si me lo permite el Hijoputa quisiera presentarle algunas ideas que se me han ocurrido para optimizar la Disposición para el Fomento Empresaria.
-Príncipe: ¡Adelante! Para eso está usted. Para dar consejos al Hijoputa. Pero no olvide que el Fijoputa soy yo.
-Consejero: Por supuesto. Como le decía, esta noche le he estado dando vueltas a lo que hablamos…y efectivamente no podemos evitar que algunos ciudadanos no desistan en su actitud y lleguen a enterarse por distintos procedimientos de que el primer paso para crear una empresa sea la de solicitar al Registro Mercantil el Visto Bueno del nombre de su futura empresa.
– Príncipe: ¡La verdad nos hará idiotas! Hasta ahora no has llegado a pronunciar ni un silogismo. ¿A dónde quieres llegar con decirme verdades que ya sé? Yo mismo separé el Registro Mercantil de las ventanillas de Hacienda que se ocupaban de sociedades y empresas para ponérselo más difícil al recién llegado. Pero lamentablemente no ha sido suficiente. La gente al final se entera de que hay un Registro Mercantil donde se debe solicitar el registro del nombre de la empresa; y una vez que la empresa está registrada…poco podemos hacer. Una cosa lleva a la otra y sólo es cuestión de tiempo que el ciudadano acabe montando la empresa y ponerla a funcionar.
-Consejero: ¡Amado Príncipe! Estoy al tanto de cuánto le hace sufrir este dichoso asunto de la creación de empresas. Pero se me ha ocurrido una idea para si no evitar que las creen, al menos que tarden meses y aún años en ponerlas en marcha. Como usted mismo ha observado, es una cuestión de tiempo.
-Príncipe: Pues a qué espera a revelarme sus ideas. Ya veremos si son dignas de ser incorporadas como mejora de la DFE.
-Consejero: Mi idea consiste simplemente en que dicho paso, el de la solicitud del Registro Mercantil, sólo sea posible telemáticamente.
-Príncipe: No le entiendo. Qué solo sea posible ¿Cómo?
-Consejero: ¿Lo ve? Ni siquiera sabe de qué se trata. Imagínese un pobre ciudadano, es posible que cuando alguien le indique que debe hacerlo telemáticamente en lugar de rellenar un papel a bolígrafo, avergonzado no se atreva a preguntar y se marche a su casita sin hacer el trámite.
-Príncipe: ¡¡¡Me encanta!!! Continúe. Por favor…¡¡¡Cuéntemelo todo!!! Exclamó el Príncipe sin esconder su entusiasmo, frotándose las manos y dando un bote de alegría.

-Consejero: Como bien sabe el Hijoputa, un mostrador con cristal es más distante que sin él. El cristal, además de una barrera física que entorpece el trato personal, visual y auditivo que aleja al funcionario del ciudadano, lo es también psicológica. Pero, como el Hijoputa muy bien ha subrayado el otro día, al final los funcionarios son ciudadanos y llegan a empatizar con los gobernados de lo que se derivan molestias evitables como la referida. Pues bien, creo tener la solución al problema.
-Príncipe: ¡Diga! ¡Diga de una vez! Me tiene en ascuas.
-Consejero: Pues muy sencillo: aunque exista un lugar físico como un edificio con sus distintos despachos y ventanillas donde el ciudadano pueda acudir a solicitar información para el Registro del nombre de su futura empresa, este trámite será telemático. Es decir, sólo se podrá hacer los trámites a través de ordenador.
-Príncipe: Me disgusta usted. Esa medida, lejos de ayudar al Gobernante Hijoputa beneficia a la ciudadanía. Los trámites los podrá hacer desde su casa; serán más rápidos y transparentes…
-Consejero: El Hijoputa tendría razón si el ciudadano tuviera esta via como opción y no estuviera forzado a ella, pero mi medida es que en vez de haber la opción de ir a ventanilla y relenar solicitud en papel o por via telemática, sólo sea posible por ordenador; y también tendría razón, si el ciudadano logra completar el trámite telemático y acceder sin dificultades a la página del Registro Mercantil; si cuando accede no se cuelga el sistema; si cuando completa el cuestionario y requisitos no se le borra todo y debe volver a empezar; si entiende todas las preguntas que se le hacen, etc. Y eso que no le he contado todavía lo de cobrar por ello una tasa a través de tarjeta de crédito.
-Principe: ¡¡¡Genial!!! ¡¡¡Genial!!! ¡¡¡Genial!!! Desde ahora eres mi Consejero favorito. Te voy a poner de ejemplo de cómo debe ser un servidor del Reino. Te voy…Te voy…te voy a dar un beso.

-Consejero: Yo solo quisiera que el Gobernante viera en mi a un Hijoputa como él: alguien capaz de dedicarse en cuerpo y alma a hacer más dura y difícil la vida de los ciudadanos.
-Príncipe: Siento orgullo y satisfacción de tenerte como Consejero. La idea que has tenido, tan sencilla y tan perfecta, va a mejorar mucho la DFE.
-Consejero: Bueno, modestamente, tampoco es para tanto. Sólo es una medida dentro de un intrincado sistema preexistente.
-Príncipe: Veo que usted mismo no se ha percatado del alcance de su genial idea. Le reconozco que es un Hijoputa, pero le queda mucho por aprender. Su idea no solo sirve para el Registro Mercantil…¡¡¡La vamos a incorporar en cuantos pasos sea necesario!!! Por ejemplo desde ya para la solicitud de Firma Digital. Pero eso se lo contaré mañana. Ahora lo que toca es un homenaje a su persona que se lo tiene merecido.

¡Dicho y hecho! Cuando el Consejero salió del Despacho acompañado por el Príncipe de Orbajosa, dos filas de criados, alcaldes, senadores, congresistas, diputados y jueces flanquearon su paso a modo de desfile hasta el exterior batiendo sus palmas y profiriendo el nuevo título del Príncipe.
-¡Hijoputa! Plas-plas; plas-plas; plas.
-¡Hijoputa! Plas-plas; plas-plas; plas.
-¡Hijoputa! Plas-plas; plas-plas; plas.

El Consejero, era el Consejero más feliz del mundo. Y todos los presentes tuvieron envidia de su reconocimiento como Hijoputa.

El Gobernante Hijoputa y la creación de empresas. Parte II

A primera hora de la mañana, el Príncipe aguarda el memorándum atribulado por la posibilidad de no haber hecho lo suficiente para impedir la creación de empresas en sus dominios, es decir, no haber sido lo suficientemente Hijoputa a este respecto cosa que lamenta muy sinceramente.

-Príncipe: ¡Ay! Mísero de mi. ¡Ay! Infelice! Yo que provengo de una familia de Hijoputas probada y reprobada no soy digno de mis ancestros. Mi familia ha arruinado países enteros, ha provocado guerras internacionales y civiles, ha logrado por un pacto de familia hasta liquidar todo un Imperio y yo, que me hago llamar Hijoputa ¿No seré capaz de impedir que los súbditos que viven bajo mi transición desistan de crear una empresa? ¡Se van a enterar! Les voy a quitar las ganas de poner hasta un puesto de caramelos.

-Consejero: Buenos días tenga el Hijoputa. Aquí le traigo el memorándum solicitado para hoy sobre las trabas y dificultades puestas por el Gobernante Hijoputa a los ciudadanos a fin de entorpecer la creación de empresas en nuestro territorio. Como puede apreciar no es delgado que digamos.
-Príncipe: Bien, empiece a leérmelo.
-Consejero: Pero, tardaremos toda la mañana. Son muchos años maquinando esta legislación para imposibilitar que un ciudadano monte una empresa por su cuenta. Va a ser tedioso. Y no sé si el Hijoputa está dispuesto a escuchar toda la retahíla de requisitos, plazos, instituciones, organismos que jalonan su lectura.
-Principe: El Hijoputa está entusiastamente dispuesto. Mas, dado que me advierte que nos llevará toda la mañana, mejor será que nos tomemos asiento y despachemos el memorándum mientras desayunamos.
-Consejero: Gracias ¡Majestad!
Tras estas palabras, el Consejero acompañado de su maletín se disponía a sentarse junto a la mesa del Príncipe cuando de pronto…
-Príncipe: ¿Qué hace usted? Usted deberá leerme el memorándum ahí de pie, mientras nos, desayunamos.
-Consejero: Disculpadme Hijoputa. Solo pretendía acercarle una copia del memorándum para que pueda seguir la actual trama de disuasión que diseñamos en todos estos años. Si lo desea el Hijoputa puedo empezar a exponerlo.

El Príncipe entretenido con un cruasán le hizo ademán de conformidad y el consejero emprendió la lectura del extenso y árido memorándum. Tras varias horas en las cuales el Gobernante Hijoputa ora se mostraba aburrido con el elenco de leyes, ora se venía arriba con las disposiciones arbitrarias que él mismo había dispuesto, la exposición del Consejero agotado llegó a su fin.
-Príncipe: Debo reconocerlo, como Hijoputa me encuentro gratamente sorprendido de lo bien llevado que está este feo asunto de la creación de empresas. Lo reconozco, está muy difícil ponérselo peor al ciudadano. Pero, es nuestra obligación que la oscuridad del recorrido burocrático sólo lo sea para el ciudadano y no para nos mismos el Gobernante hijoputa. Por consiguiente, repasemos detenidamente cómo funciona este mecanismo disuasorio para averiguar por qué no resulta infalible.
-Consejero: Los deseos del Hijoputa son órdenes. Para empezar, el Gobernante Hijoputa en previsión de que algunos ciudadanos se mostrasen interesados en montar una empresa, al objeto de desanimarlos y despistarlos en sus primeros pasos estableció en Hacienda varias ventanillas encaminadas a tal fin: dispuso una ventanilla dedicada a Sociedades y otra para dar de alta empresas. La idea era que cuando un novato se acercara a Hacienda para interesarse por cómo debía hacer para crear una empresa, arrojara la toalla por no saber siquiera qué preguntar, dado que en estas ventanillas no le podían dar respuesta a ninguna pregunta al respecto.
-Príncipe: Está mal que lo diga yo, pero la verdad es que estuvo muy bien pensado. Al principio estuve inclinado por poner funcionarios indolentes e ineficaces en estos lugares de atención al público, pero como quiera que en último término fueran hijos de ciudadanos, vecinos de ciudadanos, amigos de ciudadanos, en definitiva, ciudadanos ellos mismos, cabía la posibilidad que entre unos y otros se ayudaran de verdad, por no hablar de que los cuadros intermedios de los que debemos desconfiar siempre, se tomaran en serio su trabajo de selección del personal y por descuido la tropa funcionarial terminara nutrida por los mejores, no olvide que su modo de acceso es la oposición y son en consecuencia Opositores y Oposición. Así, querido amigo, como Gobernante Hijoputa que soy, dispuse no dejar en manos del azar o el capricho humano de terceros, lo que bien puede anticiparse de modo mecánico mediante la legislación. De este modo, aunque hoy contemos con un cuerpo funcionarial excelentemente preparado, diligente en su trabajo e incluso los hay de vocación, lejos de ayudar a su prójimo, con su buen hacer evitan que puedan crear empresas o cualquier otro menester, verbigracia, presentar un libro en una Casa de Cultura.
-Consejero: Perdone el Hijoputa, pero me he perdido en la exposición. No llego a entenderle del todo.
-Principe: Por eso solo eres Consejero del Gobernante Hijoputa y no Gobernante Hijoputa. Es un mecanismo sutil y sibilino digno del más Hijoputa Gobernante que quepa imaginar. Voy a ver si soy capaz de explicártelo de modo que lo entiendas mejor: imagina que el Gobernante Hijoputa lo confiara todo a un cuerpo de funcionarios perezosos, absentistas, con formación deficiente en su campo…sin atender debidamente la legislación, en otras palabras, un funcionario decimonónico. Y supongamos también que esa legislación fuera clara y sencilla como acontece en las sociedades libres y virtuosas. Evidentemente, el resultado circunstancial de la confluencia de una buena legislación en manos de un funcionario de esas deseables características, sería del todo perjudicial para el ciudadano y muy beneficioso para el Gobernante Hijoputa.
-Consejero: Y ¿Dónde está el problema?
-Príncipe: El problema reside en que el perezoso se puede desperezar; el absentista se puede presentar; y el poco instruido se puede formar por las noches y a escondidas…¿Qué sucedería entonces? Las leyes se cumplirían y todo funcionaría sin necesidad de Gobernantes Hijoputas y sin Consejeros de Gobernantes Hijoputas, esto lo digo para que lo entiendas bien.
-Consejero: Pero las leyes están para ser cumplidas…
-Príncipe: Pero solo las malas leyes. Las buenas leyes sólo son referencias morales, algo así como mandamientos… ¿No serás tú de esos que quieren que se cumpla la Constitución o que se han creído la Declaración de los Derechos Humanos? Esas cosas están para ser firmadas, juradas y celebradas cada cierto tiempo. Pero no para cumplirlas. ¡¡¡Habrase visto!!! Sólo las malas leyes se cumplen a rajatabla con los más débiles y desamparados.
-Consejero: Reconozco en su persona a un auténtico Gobernante Hijoputa.
-Príncipe: A lo que estábamos…Pero, si el Gobernante Hijoputa, en vez de dedicar sus primeros esfuerzos en crear un cuerpo de funcionarios lentos, vagos, torpes e ineptos, que ciertamente harán la vida difícil al ciudadano, pero que tampoco se la facilitarán a él cuando se trate de hostigar, vigilar, reprimir y castigar al Pueblo por las mismas razones, empeñara toda su energía y talento a conformar una legislación opaca, laberíntica, arbitraria, compleja y sumamente injusta, nada habría de temer de contar en nómina con los mejores en las distintas disciplinas entre los funcionarios, pues su pericia profesional inmersa en un sistema denso, oscuro y demencial como el descrito, antes de corregirlo, lo acentuará por defecto, no poniéndose así en riesgo el objetivo de entorpecer en lo posible la vida de la ciudadanía. No olvide que los funcionarios son ciudadanos y pueden empatizar con quien tienen en frente, pueden sentir irrefrenables deseos de ayudar, pueden haber acudido ese día felices al trabajo, e incluso pueden verse animados a demostrar su capacidad mental o profesional ante una determinada dificultad…y si esto sucede con gente torpe, no hay problema; pero estaríamos apañados de acontecer con los funcionarios del siglo XXI, los denominados “milennials” que tienen master, saben informática y hasta inglés. Los ciudadanos dejarían de tener problemas si la legislación fuera buena, clara y sencilla. Y todos sabemos que si no hay problemas, no son necesarios los Gobernantes Hijoputas.
-Consejero: Ahora comprendo…El Gobernante Hijoputa ha diseñado un sistema en el que interactúa un funcionariado, ágil, diligente, capaz y eficiente con una legislación densa, oscura, laberíntica, opaca, compleja e injusta. Lo que no entiendo del todo, es ¿Por qué no haber puesto en relación esa misma legislación demencial con un cuerpo funcionarial lento, torpe, incapaz e ineficiente? A mi parecer el objetivo de fastidiar a la ciudadanía se vería reforzado.
-Príncipe: Es posible que al principio así fuera…pero en tal caso todo el sistema se atrofiaría y pronto sería reemplazado por otro totalmente opuesto por la Ley del Péndulo. Es decir, a medio plazo, habría una revolución de carácter autogestionario donde un reducido personal muy eficiente asistido por una pequeña legislación clara y sencilla bastaría para una ciudadanía libre y virtuosa. Te lo voy a explicar con un ejemplo: supongamos que buscamos acabar con la vida de los habitantes de una aldea por motivos urbanísticos. A tal propósito se presenta en el Consejo de Ministros la idea de meterlos a todos en un autobús y que sufran un accidente. Evidentemente, para dicho objetivo sería absurdo contratar un chofer de primera, descansado y abstemio con un autobús de lujo dotado de todas las comodidades, limpio, reluciente, recién salido de la Mercedes. Pero, tampoco sería muy hábil por nuestra parte, contratar los servicios de un chofer borracho, insomne sin carnet de conducir y ponerlo al frente de un autobús destartalado, sucio, que echa humo y un motor ranqueante, porque en tal caso nadie querría subirse a él. Ahora, sustituye chofer por funcionario y autobús por legislación y comprenderás mejor lo que te digo.
-Consejero: Pero, qué Hijoputa es su Majestad.
-Príncipe: Bueno, para empezar no está mal. El ciudadano interesado en crear una empresa, infeliz acude a Hacienda para que le informen de qué debe hacer para crear una empresa; aquí le informarán de todo, menos de eso y le harán ir a Sociedades, Alta de empresas, IVA, IAE…hasta que a alguien se le escape, que lo primero que ha de hacer es ir al Registro Mercantil para registrar el nombre de la Empresa.
-Consejero: ¿Y a ese funcionario de Hacienda no se le puede sancionar de algún modo?
-Príncipe: Lamentablemente no. Pero estoy fatigado y como a la tarde debo firmar algunos indultos te emplazo a otro momento para seguir con el repaso del memorándum que por cierto, precisa un título adecuado para darlo a conocer a la ciudadanía.
-Consejero: Que le parece “Disposición para el Fomento Empresarial”.
-Príncipe: ¡Excelente! Veo que has entendido perfectamente mi intervención.