¡Mal! ¡Mal!

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Con el cambio de testigo en el tándem gubernamental del PPSOE, alguien en el Ente Público de Televisión Española ha debido pensar que a falta de publicidad, buena es la Propaganda, pues hay que ver lo que se prodiga la Casa Real desde que los trapos sucios del Duque de Palma y los de su esposa la Doña Infanta Cristina salen a relucir día sí, día también, dándonos a conocer cómo se las gastan en Zarzuela, pues a decir de sus antiguos vecinos, “Urdangarín no aprendió eso en Vitoria. ¡Es más!” – Apostillan- “Iñaki, era un buen chaval antes de juntarse con la ralea”.
Pero suplir los anuncios de comida basura, coches basura, ropa basura y demás cosas que nos ofrecen a consumir, con continuas tomas falsas de la Sagrada Familia metidas con calzador durante el Tontodiario ora por el cumpleaños ora por el desfile, lejos de hacernos olvidar los escandalosos datos que las investigaciones están sacando a la luz sobre las supuestas fechorías del yernísimo, nos las traen una y otra vez a la memoria por el temido “efecto rechazo” que aumenta en el espectador cuanto más se lo intentan ocultar tras la pantalla. Así, en este caso, el tiempo en vez de jugar a favor del acusado por la disminución de lo que se ha dado en llamar “Alarma social” lo está haciendo en contra, detalle que por un momento me ha llevado a ponerme en su lugar y en el de su familia tanto la de sangre como la política, sentimental o de negocios, sintiendo como nunca antes en vida mía el aliento de la certera incertidumbre que aguarda a quien no tiene una salida airosa de no ser por accidente, sólo como está entre tanto escolta y servicio secreto al servicio de Su Majestad.
Poniéndome en el lugar del Capo de Familia dirigiéndose al suplente, el razonamiento iría como sigue: Mientras hizo mal y no le pìllaron ¡Bien! Porque si no lo sabes, en este oficio se trata de pillar hasta que te pillan . Pero Ahora que le han pillado bien, la cosa está mal. Y está mal porque estarás conmigo que investigar a un miembro de nuestra Familia está mal, nosotros estamos al margen de la Ley; pero una vez que se ha conocido que lo investigan si cerramos la investigación ¡Mal también! porque se nos acusará de haber presionado en esa dirección que es cierto, mas no conviene que se sepa. Luego, si le procesan ¡mal! Menuda imagen, seremos la comidilla de todos los noticieros internacionales y el condenado Hispasat repitiendo el bochorno por el Canal 24 horas. Y, si con todo lo que se ha averiguado no lo procesan, ¡pues mal igualmente! porque recaerá sobre todos nosotros la sombra por generaciones de su sospecha, no olvides que a los condenados en vida se les absuelve una vez muertos, pero a los sospechosos se les condena para la eternidad. Ya ves tú qué horizonte…Luego, si lo condenan ¡mal! Porque quedará testimonio documental histórico de su falta siendo todo un borrón en la Dinastía. Pero si sale absuelto, ¡ni te cuento la que se va a armar! lo de la Bastilla quedará corto. O sea, que muy mal. Y por último, si ingresa en chirona, huelga comentario. Pero si he de ser yo quien ha de firmar el indulto suyo…¡Mal! Pero que muy mal, porque perderé la poca estima de la plebe que nos resta.
Desde esta repentina empatía, no resulta fácil meterse en el pellejo de Iñaki. Yo de él, suscribiría ¡ya! un seguro de vida. Porque, si en el trascurso de los procedimientos el Duque de Palma sufre un accidente mortal que acaba con su vida mal; pero si no lo sufre…

Del uso de niños en la promoción de la monarquía

Con la venida al mundo de Froilán, como articulista tuve que afrontar el dilema de, mantenerme fiel en la crítica a la monárquica aunque ello supusiera en ocasiones situar en el centro de mis opiniones a personitas inocentes cuya posición en el árbol genealógico de la dinastía les convierte, de facto, en una seria amenaza para la causa republicana, o por el contrario, anteponer mis convicciones morales en favor de los derechos humanos, sobre todo los de la infancia, absteniéndome de escribir cualquier comentario negativo sobre los nietos del monarca, a pesar de que tan noble ventaja seguramente juegue en contra a la larga, por motivos emocionales, de la postura política que propugno.

No faltaron los motivos externos que bogaban por la primera opción, o sea, la de no renunciar a combatir la Monarquía por la presencia de niños en el teatro de operaciones dialécticas: desde las desafortunadas palabras que dijera su propio padre sobre su parecido con la madre al poco de nacer, hasta la imposibilidad por Ley de diferenciar la persona física de su utilidad biopolítica consistente en encarnar la institución misma y algún día la del Estado. Seguramente, tan facilona elección, activaría el sentimiento de piedad para con los más desamparados empujándome a decantar por la segunda opción, es decir, por evitar valerme de cualquier chance que los infantes pudieran brindar, al menos hasta que alcanzasen los 30 kilos en las hembras y los 35 en los machos.

Es por ello, que durante estos años he guardado un respetuoso silencio sobre los maltratos psicológicos que gente de esta ralea inflinge protocolariamente de continuo a sus propios vástagos según sea su situación de salida en la línea sucesoria, en recepciones, fiestas, viajes, apariciones públicas, etc. Me tuve que morder la lengua cuando el Rey obligó a su nieta Victoria Federica a contemplar el desfile de la Hispanidad a ras de acera como el resto de la chusma asistente denegándole el acceso al palco de autoridades donde sí estaban sus dos primitas Leonor y Sofia para que comprendiera ante todo el mundo, cuál es su puesto dentro de la familia ¡se me cayó el alma al suelo! O cuando Zarzuela – no se sabe a ciencia cierta si la orden provino de su abuelo, de su tío o a iniciativa del Jefe de la Casa Real – se impidió que Froilán y Federica aparecieran en la foto oficial con la Selección recién proclamada Campeona del Mundo. Hacen eso a mis hijos…¡Y los cuelgo! De ahí mi extraña reacción aparecida bajo el título “Froilan, legítimo heredero al trono” donde me proclamé partidario de devolver sus legítimos derechos a Doña Helena a través del reconocimiento de su primogénito como primer heredero al trono a la muerte de Don Juan Carlos, donde además denunciaba la estrategia de desgaste que sobre Froilán se estaba tejiendo durante estos años cuando su indefensión como menor es absoluta, clave que podría despejar muchos flecos sueltos que hay detrás de la mala prensa que se proyectara sobre Don Jaime de Marichalar quien como buen padre intentara defender los derechos de sus hijos pequeños, pero sin demasiado éxito, toda vez le viera las orejas a los servicios secretos; por no citar el exilio forzoso educativo al que fuera enviado quien supone una adolescente aspiración a la Corona cuyos partidarios en aumento, cada vez tenemos más clara la injusticia para con él y su madre cometida.

Ante semejante desprecio familiar, mediático, institucional y legal recibido por los niños de la familia Real, los validos y cortesanos del Reino de Borbonia, guardan el debido silencio típico de los estómagos agradecidos. Al Defensor de la Infancia, al Defensor del Pueblo, a los políticos y sobre todo a los periodistas y medios de comunicación me refiero, porque no se entiende que por mucho menos, las autoridades se han permitido separar a los hijos de sus padres y retirar a estos la custodia para preservar los derechos de los más indefensos y hasta el más anónimo chaval que aparece en la tele, lo hace con el rostro desdibujado o cuando menos con la correspondiente sombra negra sobre los ojos de tratarse de una fotografía en los periódicos.

Pues bien, resulta que, si el uso de los niños siempre ha sido consustancial a la pervivencia de la Institución monárquica con la excusa de preservar la dinastía, con la bendición de la Iglesia, la misma que condena la concepción de un hijo para curar a su hermanito mayor por aquel malinterpretado precepto kantiano de que “el hombre ha de ser un fin en su mismo”, con la crisis para la moral convencional – que no la mía – en que se ha visto sumida la Familia Real de Orbajosa al completo, con los Reyes separados, queridas y amantes desfilando por la alcoba de palacio, una Infanta divorciada, un yerno procesado, etc, el uso y abuso de menores en la promoción de la monarquía se ha visto acentuada, al extremo de verme en la necesidad de reclamar la urgente intervención de la UNICEF y del Comité ético por una publicidad responsable en los medios de comunicación.

En los últimos tiempos, hemos asistido a una proliferación de imágenes dignas de ser escaneadas al objeto de sustraer todo el significado subliminal que en ellas se esconde, verbigracia la foto del abuelo, el padre y la primogénita donde se transmite la impresión de sucesión garantizada, estabilidad, juventud, futuro…ideas todas gratas al inconsciente colectivo de una sociedad que como la nuestra atraviesa un momento de zozobra, mas en la que quedan fuera tanto la abuela, como la madre y la hermana, contundencia iconográfica políticamente incorrecta cuya conveniencia, empero, radica en fijar muy oportunamente, cuál es la esencia de la Familia Real, sin necesidad de expulsar de la página Web al Yernísimo caído en desgracia del que no es tan sencillo desembarazarse, sin fiarlo a la providencia. La confirmación, la hallamos en la foto de consolación aparecida inmediatamente después, donde podemos contemplar una escena familiar que cualquier etólogo podría clasificar como prototípica de la especie humana de una pareja joven jugando en el hogar con sus cachorros. Huelga enumerar los efectos psicotrópicos que disparan en nuestros cerebros tan enternecedora estampa, los mismos que actúan en las propagandas en que aparecen niños o incluso únicamente voces infantiles.

En este orden de cosas, no es el caso de que no diga, que comprendo mejor a cuantos debiéndose ganar la vida contando la vida de los demás, no han tenido remilgos profesionales a la hora de tratar temas de dudosa importancia informativa bajo el paraguas del periodismo que todo lo permite, sobre los asuntos íntimos de los distintos miembros de la familia Real, aspecto en el que yo mismo me autocensuro por respeto a las personas, aunque estas mismas personas, reconozco, se lo ponen muy fácil o muy difícil, según se mire. En consecuencia, pese a que es la propia Casa Real la que sitúa en la línea de fuego a sus inocentes hijos usándolos sin escrúpulo alguno como auténticos escudos humanos, yo me abstendré de disparar los dardos de mis palabras. No obstante, espero con ilusión el día en que Leonor y Sofía acepten ser fotografiadas de arriba abajo para un desplegable, como se ha prestado a hacerlo muy tardíamente Letizia posando a lo Ana Belén en su cuarentena.

Dos palomos en Zarzuela

Esta semana pasada hemos asistido a una pantomima que no por muy ensayada en sus precedentes sesiones habidas deja de ser bochornosa en su representación; A la convocatoria por parte de la Casa Real y dócil asistencia de los monigotes Fernández Toxo y Cándido Méndez en su calidad de quintacolumnistas del movimiento sindical de los trabajadores, me refiero.

¿Se puede saber qué diantres van a hacer dos presuntos representantes de la clase obrera al Palacio de la Zarzuela? Se mire por donde se mire, la única explicación válida apunta a prestarse solícitamente a hacerle el juego a una Institución que está de capa caída. Porque veamos: que el Rey se entreviste entre cacería y cacería con la flor y nata de la Patronal local e internacional, es lógico, a fin de cuentas, es su negocio como ha quedado probado reiteradamente; que mantenga despachos continuos con los Presidentes de Gobierno de turno y los distintos dirigentes autonómicos, es imprescindible para coordinar sus fuerzas contra el cuerpo social; Pero ¿reunirse con los sindicatos? ¿Para qué?

Según ha trascendido a la prensa, durante la sospechosa reunión los presuntos sindicales han trasladado a la suya Majestad, la convicción respecto a la necesidad de someter a referéndum las políticas económicas que está desarrollando el Gobierno, al ser radicalmente diferentes a las planteadas en las últimas elecciones generales. ¡Vaya! Seguramente cuando les den la orden de acudir a Moncloa a entrevistarse con Rajoy le transmitan a este la necesidad de convocar un Referéndum específico sobre la Monarquía ahora que va a acontecer un cambio generacional y no procede que lo que decidieron nuestros abuelos, afecte más de lo debido a sus nietos. Y ya puestos, visitarán a Roucco Varela en el Obispado para que condene espiritualmente la usura de la banca, a Botin para que presione a favor de que la Iglesia pague el IBI y así con todo, a saber: mal, a destiempo y donde no procede.

También ha trascendido que en la conversación pudieron mostrarle a su Majestad Don Juan Carlos la ¡terrible! preocupación que embarga a las centrales sindicales por la situación que atraviesa la minería del carbón, los mineros y sus familias. Lo que no me ha llegado ha sido la reacción del Monarca, pero me la puedo imaginar: seguramente el a su vez les habrá confesado que el asunto más de una vez le ha impedido conciliar el sueño.

Mississippeada la duración de su paso por palacio, lejos de ser lenta como corresponde al dicho, fue ligerita; lo justo para saludarse, despedirse, hacerse la foto sonrientes y pronunciar las frasecitas antedichas que deberían justificar su extraña presencia en el lugar. Y con este entremés de la función política veraniega, con este sainete vacacional de entre huelgas, se nos quiere hacer creer que es posible un Pacto por la estabilidad institucional y social.

Por descontado, reconozco la labor del guionista, del tramoyista y de los acomodadores; el problema radica en la sensación de franca impostura que transmiten los actores en la escena ante las cámaras, pues a pocos nos escapa que la sinceridad con la que les atiende el Rey corre pareja con la que se pronuncian los dirigentes de CCOO y UGT.

Es una pena que ya no vea la tele, porque antaño, con la poca vista que tengo, me daba para contar las genuflexiones de estos vendeobreros cuando acudirán a reuniones con la CEOE, gesto que por si solo lo decía todo del entreguismo con el que se acudían a ellas. Pero la foto del cazador exhibiendo a los dos palomos atrapados en sus corbatas, no tiene desperdicio.

Reina y Mendiga

Estaba calibrando la posibilidad de encabezar estas líneas con el título “El extraño caso de la ruinosa España y la exitosa Roja” parafraseando la conocida obra de Stevenson, cuando temiendo su recorte en la redacción he tenido la fortuna de dar con algo más breve y oportuno de Mark Twain, aunque cierto es que, “El extraño caso del Doctor Jekill y Mr Hyde” plantea mejor la esquizofrenia del caso que nos ocupa donde un mismo personaje se desdobla para la historia que “Príncipe y mendigo” donde su autor precisa de dos personajes para desarrollar la trama, pues por desgracia, ni aun aplicando la ecuación de Dirac, a falta de colonias, contamos con una Antiespaña que sufra por separado los males mientras en positivo gozamos de la fiesta perpetua.

Llevo meses intrigado por saber cómo sobrellevan personalmente nuestros representantes democráticos y deportivos el incómodo fenómeno coincidente de que cuanto mejor nos van las cosas en los campos, pistas, circuitos y canchas, peor lo pasamos en bolsa, deuda, paro e impuestos y viceversa, por cuanto sería interesante sondear si acaso estuvieran dispuestos a sacrificar nuestra economía si con ello garantizásemos una segunda Copa del Mundo en la próxima cita de Brasil 2014. Mas como quiera que el acceso a un amplio número de ellos me está vedado, he tomado la iniciativa de operar a otra escala para mi más accesible, cuál es, la de acudir a una oficina del INEM, infiltrarme en la cola que hacen los inmigrantes para obtener los papeles en una comisaría y merodear por los alrededores de un comedor social para averiguar que opinan los mendigos del asunto y así, poderme hacer una idea.

Mira que uno ha estudiado en literatura la evasión de la realidad que supuso el Romanticismo o en psicología los mecanismos de inhibición que operan en el cerebro para no sufrir daño como darse de baja por medio del coma, y con todo, no deja de sorprenderme que en estos lugares, la gente, en vez de estar echando pestes contra el Gobierno, tramando venganza contra la Banca, organizándose en grupos de afinidad para dar cumplida respuesta al resto de la sociedad que les maltrata, resulta que discutían sobre si el césped estaba seco y que los polacos no lo regaron a propósito, lo grande que es Fernando y que se le ve buen chaval, que Nadal se lo merece todo y más, y por supuesto, que España es la mejor selección que ha habido nunca en la historia del futbol. El último comentario escuchado a un pobre hombre, desdentado, en camiseta de blanco isabelino con los vaqueros roídos y en alpargatas, trajo a mi memoria aquellas lecciones del antiguo “Consultor” de primaria donde se presentaba a España como la primera potencia exportadora de naranjas y con las mayores minas de mercurio, cosa de la que por unos días me sentí super orgulloso con ocho años hasta que mis antipatriotas padres me hicieron ver la diferencia por una parte entre las naranjas con el petróleo y por otra entre el mercurio con el oro.

Allí, nadie hablaba de crisis, recortes, desahucios, corrupción, copago, menos de hacer la revolución y cosas de esas que se charlan en los corrillos del 15-M o en las tertulias radiofónicas. A lo más que se le aproximó una conversación, fue a quejarse de algunos empleados de supermercado que trapichean con los productos caducados reservándoselos a los jubilados en vez de ponerlos a disposición de todos en los contenedores ¡como se ha hecho siempre! Y es que, bastante tienen con sobrevivir como para ocuparse de otras cosas.

Tras esta pequeña investigación de campo, se podría concluir que en la piel de toro, la población, es pobre pero alegre, porque lo de honrada hace tiempo que no se pretende, o que la procesión va por dentro. Pero por muy dentro debe de ser, pues no faltan pobres vergonzantes vistiendo la camiseta de la Selección que como un senegalés que acababa de recibir la nacionalidad, salen a la calle dando saltos de alegría gritando eso de “Yo soy ¡español! ¡Español! ¡Español!”

El precio del silencio

Normalmente los articulistas vamos detrás de los acontecimientos, a lo más, al hilo de los mismos, aventurando hipótesis de ulteriores desarrollos, pero siempre tomando como base lo ya sucedido. Pues bien, la columna que ahora mismo redacto, es el premio de consolación que me queda después de haber pergeñado durante todo el fin de semana una pieza ingeniosa sobre lo que yo personalmente haría de encontrarme en la situación de Su Alteza el Señor Don Diego Torres, Socio del Yerno Real el Señor Don Iñaki Urdangarín. En la misma, urdiendo a mi estilo ironía, denuncia, reducción al absurdo de los argumentos etc, planteaba la posibilidad de que este personaje hasta hace poco anónimo para el gran público, no sólo no saliera perjudicado del trance de verse pillado en un asuntillo de corrupción que de no ser por la notoriedad mediática e institucional de su compañero de fatigas, seguramente pasaría del todo desapercibida tal como está el patio, que incluso, podría sacarle rédito de saber hacer valer ante la Sagrada Familia su capacidad de mantener la boca cerrada acatando la ley de Omertá.
Pues bien, hoy Lunes, antes de ponerme a pulir el divertido texto que me traía entre manos desde el Viernes, me desayuno un artículo titulado: “Torres pone precio a su silencio” cuyo contenido literal resumido viene a decir que “Diego Torres exige 10 millones de euros, los honorarios de su bufete de abogados, el pago de la fianza, un trabajo fijo y no ser condenado a pena de cárcel; A cambio, ofrece no implicar a la Infanta Doña Cristina ni al Rey Don Juan Carlos, destruir los más de 200 correos electrónicos comprometedores para la Casa Real y otras instituciones, así como destruir cualquier otra prueba o documento referente al caso.
La noticia me ha frustrado porque soy de naturaleza supervaga, no habiendo cosa que más me fastidie que meter horas en balde, por no reconocer que me habría marcado un puntazo de haber publicado yo antes mi ocurrencia. Pero no ha sido así. Y ahora toca hacer de tripas corazón aprovechando la mezcolanza de realidad y ficción que se me ofrece.
Una vez más, la realidad ha superado mi ficción: en mi texto, yo exigía únicamente 1 millón de euros, sucediéndome como al Sr. Maligno de la serie Austin Powers que tras pasarse una temporadilla en chirona, cuando vuelve tras 30 años a la cúspide de su organización criminal exige como rescate a las Naciones Unidas ¡Un millón de dólares! cantidad que en su día era referente obligado para Fantomas, Fumanchú y compañía, pero que en la actualidad es todo un insulto para el chantajeado. Por supuesto yo también exigía pago de abogados, la fianza, no ser condenado a cárcel…pero lo del trabajo fijo, y los 10 millones de euros, confieso que ha desbordado todas mis expectativas. Pero…¡No del todo!
Porque en mi inocente fantasía, yo sin embargo, planteaba la posibilidad de divorciarme de mi actual esposa para casarme de inmediato con mi amor platónico la Infanta Helena. Con este enlace, a imitación de los efectuados antaño entre las monarquías europeas para evitar guerras y aún los de las grandes familias de la mafia para asegurarse mutua fidelidad, además de aunar intereses para que todo lo ganado en estos años de extorsión y estafa generalizada quedara en Casa Nuestra, me curaba en salud ante cualquier eventualidad o accidente, pues al igual que Diego Torres en la vida real, yo también manejaba la variable de que me quitaran de en medio como revelan fuentes de “El Mundo” le sucede al socio de Urdangarín que está obsesionado con su seguridad personal cambiando constantemente de teléfono para dificultar ser grabado, sin apenas salir de su domicilio, evitando sentarse cerca de ventanas, etc. Y es que, una cosa es robar al Pueblo de Mallorca, al de Valencia o al de España, que a fin de cuentas sale gratis y otra muy distinta es chantajear a la Casa Real, de probada experiencia en estas lides a lo largo de su historia.