Franchutes

Francia va por la octava huelga general, Gran Hermano va por la 12 edición. ¿Adivina quiénes son los gilipollas que se van a jubilar cinco años más tarde? Mientras en Francia ponen firme a su pequeño Sarko Napoleón; en España, sólo se enderezan concursantes de Telecinco sobeteando tetas que llevan tatuado Made in Taiwan. Mientras arde París y los franceses atizan el fuego contra el poder, aquí sólo se calienta una casa, la de Guadalix de la Sierra. En Francia, los estudiantes están en la calle defendiendo sus derechos; aquí, también, pero haciendo botellón. Allí, corren a partirse los cuernos contra las injusticias y aquí nos movilizamos en masa porque unos metrosexuales privilegiados ganan una copa de fútbol. Mientras seamos reducto de ricas y famosas -la semana pasada en Bilbao se citaron las reinas, la baronesa Thyssen y Carmen Lomana-, y quedemos atrapados como moscas en la miel con los culebrones de princesas del pueblo, estamos condenados a tener en el curro una dentadura postiza de repuesto. Así que de mayores, los franceses podrán hacer turismo dignamente en bermudas y sandalias con calcetines mientras nosotros tendremos que traernos la Tena Lady al trabajo para contrarrestar incontinencias, al tiempo que recorremos la oficina con andador y consultamos en internet modalidades de prótesis. Aquí cualquier excusa vale para no moverse: (Tengo que pagar la letra del 4×4, he oído). Así se entiende que haya miles de personas tiradas en el sofá viendo a la Milá.

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