Joaquín Sabina y los 400 defensores de lo indigno

Si algo he aprendido de la televisión es a defenderme de ella. Te caricaturiza. Ante las atosigantes cámaras no puedes corregir de tus palabras lo que en el control de la escritura es pertinente. El oficio de tertuliano te condena al patinazo: es como si en tus relatos y artículos perdieras la facultad de enmendarte. Opinar en la tele es de una maldita inmediatez. Muchos intelectuales cometen el error de creerse multimedia y acuden con la idea de que hablar a la vista de todos es lo mismo que escribir en voz alta. Y la pifian. ¡Nadie es buen multimedia! Arcadi Espada, ensayista y periodista, es de los que se equivocan de medio a medio y lo acredita en los debates de Ana Rosa. Es difícil encontrar a alguien tan apegado al exabrupto.

            Por su condición de corresponsal del odio en Catalunya y no por sus libros, Risto Mejide le sentó en su Chester y, antes de ser desalojado del plató, se coronó de gloria con una apelación a la eugenesia para las personas con síndrome de Down. Además de mantener su plaza en Telecinco, 400 artistas, escritores y periodistas han suscrito un manifiesto en su apoyo, entre ellos, el abogado de uno de los presos políticos catalanes y Joaquín Sabina. Otra vez el cantautor entre los abajo firmantes: “El abajo firmante anda en la inopia / a cuenta de la obscena realidad”, dijo en verso, premonitoriamente. ¿Vale más la españolidad que la decencia? 

            Antes era el papel y ahora es la tele lo que lo aguanta todo. El placer, al igual que la necesidad, nos impulsan a participar en las tertulias. Veo a Espada con tanto gusto por la exaltación de su melena como por su palabra incendiaria. La democracia tiene un serio problema con el narcisismo de los líderes de opinión.Al otro extremo, Jordi Évole, con humilde empeño, ha logrado entrevistar al Papa, en quien reside el drama de la pederastia.

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