Goya al mejor actor para Marchena

            Tres meses de juicio a los 12 líderes independentistas catalanes dan para mucho. Para ver de qué van los jueces y cómo lo están interpretando unos y otros. Para valorar su incidencia en la política real y de cómo los medios, que en su mayoría podrían ocupar las sillas de la acusación y que con el calificativo cotidiano de “golpistas” anticipan la condena, van dirigiendo a la sociedad española hacia la pertinencia de una sentencia de escarmiento, bajo la escenificación tramposa de un proceso justo. Para comprobar cómo lo vive Catalunya, lo más parecido a una humillación pública o un escarnio. Este es el desarrollo del teatro, a medio camino entre el drama y el sainete, que tiene lugar en el pomposo Tribunal Supremo. 

            La emisión pública de la causa a través del canal 24h, de la cadena pública estatal, y con la señal abierta a cualquier medio digital, es una decisión impostada y en absoluto neutra. Con ella se quiere a decir a los catalanes y a las instituciones europeas (la opinión de los españoles importa poco) que no hay nada que ocultar. Luz y taquígrafos, enfatizan. Esa es su apariencia y el afán de quienes se sienten culpables de un proceso absurdo que viene penalizando de antemano a diez de los acusados con una abusiva y cruel prisión provisional. La retransmisión abierta sería innecesaria -con toda la teatralización que conlleva- si la justicia española tuviera conciencia de un juicio justo y sin trampas; pero tiene que dar el pego. A efectos jurídicos, en cuanto a los posibles recursos posteriores ante las instancias comunitarias tras la sentencia contra los dirigentes independentistas, el hecho de que la causa se emita en directo por televisión es irrelevante. Es solo un espectáculo, con su porción de reality, para el engaño colectivo y la autojustificación del poder judicial. Pero no engañan.

            El reparto de este drama-sainete es largo. Están los siete miembros de tribunal, seis de los cuales realizan papeles secundarios, sin decir nada, pero que muestran un lenguaje facial y corporal de lo más expresivo, disimulado a veces por el tedio de las largas sesiones. Están los fiscales, con Javier Zaragoza al frente, que encarnan la función de malos, o de buenos, según las preferencias del espectador. Son los duros de la película, empeñados en la destrucción personal de los líderes catalanes, uno a uno, sentados en el banquillo, y los que no están. Hay también un papel significativo para la fiscal Consuelo Madrigal, cuyo rol es proporcionar un toque de surrealismo y permitir al presidente de la sala un lucimiento puntual dentro de su falsa neutralidad.  El interrogatorio de los fiscales lleva la carga del odio que una gran parte de los ciudadanos españoles les han encomendado. 

Entre los actuantes está la abogada del Estado en un papel menor, hierático, complementario del ministerio público, pero que suma en la degradación. Y, como invitados especiales, los abogados fachas de Vox, que actúan bajo el cartel de acusación particular, con Javier Ortega Smith, secretario general del partido ultraderechista, simultaneando su papel en este vodevil con su participación en las campañas electorales. Es el lado más trágico y significativo: fascistas inculpando a demócratas, como en un tribunal nazi o en los consejos de guerra sumarísimos del franquismo. Solo por esto el juicio debería ser invalidado, ante el horror de la inversión de la inocencia y la culpabilidad, una alteración inmoral que pasará a la historia de la infamia.

El escenario es oscuro y siniestro, como en las historias de la inquisición. Los magistrados ocupan sillones más altos y adornados con ribetes dorados. Frente a ellos, en medio, los acusados en filas de tres. La disposición de los acusadores y los abogados defensores, a ambos lados de los independentistas, es tan irracional que obliga a los testigos a torcer el cuello a izquierda o derecha cuando son preguntados y emular a la niña de El Exorcista, con la resultante de una tortícolis perenne. El teatro del absurdo encontraría en este formato una gran inspiración. Las togas y puñetas en jueces y letrados, junto con las infladas palabras de ilustrísima y con la venia, dan un aire de respetuoso esperpento.

Humillar es peor que condenar

Manuel Marchena, presidente del alto tribunal, es el intérprete estrella. Grave, locuaz, retórico, narcisista, petulante y cómodo en su función divina, ha construido ante la gente y ante sí mismo una imagen de juez destinado a pasar a la historia, depositario del dogma de España y cargado con el peso de una responsabilidad impropia. Y se lo ha creído. ¡Qué formidable actor es Marchena! Un Goya para él, por favor. 

La obsesión de Marchena es disfrazarse de magistrado neutral, de hombre bueno carente de prejuicio político o jurídico. Lo suyo es un ejercicio de apariencias y un juego de maquillaje. El revelador tuit del exsenador del PP, Ignacio Cosidó, en el que se felicitaba por la candidatura de Marchena a la presidencia del CGPJ para controlar “por la puerta de atrás” con su nombramiento la sala que ahora juzga a los políticos del procés, quedará para siempre como mancha en su toga. En un intento de acreditar su ecuanimidad, ha desplegado un cierto paternalismo hacia los defensores y los acusadores. Corrige, riñe, aconseja, alaba, pacifica. Lo mismo adopta una pose de profesor venerable ante sus jóvenes pupilos que advierte y se enfada ante los excesos de unos y otros, como juez de paz entre vecinos enemistados. 

A veces, Marchena muestra cierta ironía, momento en el que alcanza el clímax de su representación. Huye del estereotipo de los jueces cazurros que habitan la Audiencia Nacional, no le vayan a homologar con la simpleza de Carmen Lamela o la zafiedad de Ángela Murillo. No, Marchena está en la élite intelectual de la magistratura. De momento, y antes de la condena prometida, tiene que orientar con disimulo el propósito esencial del procedimiento: humillar a Catalunya.

Juicio a la realidad insoportable

España, a través de sus poderes, ha sentado en el banquillo a la realidad política de Catalunya -una realidad insoportable- y al espíritu de libertad y hartazgo de la mayoría de aquella sociedad. No puede aceptar que una parte del Estado escape de su unidad obligatoria. Y por muy democrático que haya sido el proceder de los dirigentes independentistas y sus partidos, niega todo derecho a su emancipación. Contra esto se hace el juicio de Marchena. No va contra presuntos delitos de rebelión, sedición y malversación. Esa parte es solo instrumental y dentro de una apariencia legal.

            Es Catalunya quien se sienta en el banquillo. Si España fuera inteligente y escuchase, algo difícil en una sociedad donde “de diez cabezas, nueve embisten y una piensa”, sabría que contra el juicio de Marchena está prácticamente toda Catalunya, más allá de su pluralidad ideológica. Hay allí un sentimiento de unanimidad: la humillación. Y la humillación es peor que la condena penal, porque sus efectos son de mayor alcance que las penas sobre 12 cabecillas escogidos. El tinglado teatral de Marchena es una factoría de desprecio anticatalán, socapa de apariencia de justicia, para someter a todo un pueblo desde lo más profundo. Sí, esta es una guerra de emociones. España celebra en el Supremo su odiosa victoria, pero ignoro qué sentimiento alberga hoy el corazón de Catalunya.

17 comentarios sobre “Goya al mejor actor para Marchena”

    1. Eskerrik asko, David. Es todo tan evidente, que el que tenga ojos para ver y razón para entender se dará cuenta del teatro.

  1. La prision y la reprecion son armas arrogadisas. La unica via de entendimiento en una sociedad civilizada. Es el dialogo y el respeto para el que opina diferente

  2. Y yo pregunto? Todas estas persona jueces fiscales abogacía bueno todos las personas que los acusan pueden dormir tranquilas y sentarse a desayunar con sus hijos y nietos mirarlos de frente si sentirse avergonzados!!!! es una pregunta) bisca Catalunya y su jente libertad para todos

  3. Lo dice la ONU, lo dice mi abuela y lo dice chiquilicuatro…
    Pues dice todo lo contrario el tribunal de Estrasburgo esta semana, el cual era venerado por Puigdemont hasta hace poco y ahora ya no…Qué casualidad!!!
    A ver si os enteráis de una vez y veis más la prensa que más de uno parece que vive en Marte. Eso va también para el redactor de este artículo periodístico de prosa fácil y surrealista.

  4. Lo dicho, ningún juicio es justo o para unos u otros siempre será injusto, para que queremos leyes ?, Creo que una anarquía pondría en su sitio a la clase de animales que somos, es igual ser de izquierdas o derechas, ser víctima o verdugo, siempre revolotea sobre los pensamientos lo poco que nos gusta lo contrario a lo que pensamos o creemos, las leyes no son para todos iguales, sin embargo la igualdad de la razón sostiene una civilización, dictaduras o democracias, solo se diferencian en matices donde al final el pueblo sigue sin tener derecho a nada, está parridocracia que tenemos es solo la punta del iceberg, en fin esto solo a echo más que empezar, el ser humano por naturaleza es torpe y no suele pensar razonando los porqués, y cuando lo hace suele errar, que viva la estupidez que es donde nos encontramos más cómodos como animales parlantes.

  5. Que pena que no exista la inhabilitación permanece y el pago de todo lo gastos que se generan como.candecuencia de la egolatría de los políticos por parte de estos, otro gallo cantaría, si fuera como los médicos de alguna antigua civilización que si te curaban que buenos eran, pero como no lo hicieran te acompañaban al más allá, muchos se lo pensarian

  6. Si partimos de la base de que España es un país soberano, democrático, donde la separación de poderes es un hecho y tiene el reconocimiento y respeto de todo el panorama internacional. Ya podéis tergiversar, patalear, burrificar, versionar interesadamente, barritar, etc…todo lo que queráis, que no por ello váis a subvertir, a cambiar la realidad de lo acontecido. Chapó Marchena por la clase magistral que ha dado a todos los golpistas de este maravilloso país. No creo para nada que la gente sensata, gente de bien, los demócratas, los que respetan las leyes y el odenamiento jurídico hayan sentido más que respeto y orgullo de que nuestra justicia tenga a personas tan válidas como Don Manuel Marchena. A los fans de los golpistas sólo les queda ladrar como buenos cancerberos. Y a seguir amenazando, coartando, coaccionando, señalando con el dedo y con pintadas a la gente de bien que NO piensa como ellos, a seguir adoctrinando mediante el odio y la mentira hacia el resto del pueblo español, eso sí, siempre de una forma «pacífica» porque cuando agreden a las fuerzas del orden o a los divergentes de sus mentes abyectas cuadradas contaminadas del tercer reich…lo hacen «pacíficamente»

  7. Dime cómo te titulas y te diré de qué careces: democracia?… orgánica, con vox y sin voto. Seguro que defiendes a los golpistas de verdad. El artículo es real, y desnuda al brazo ejecutor de la razón de estado. Al de «yo le puedo interrumpir a usted pero usted a mí no»…Qué cruz.

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