No dejes que los bastardos te machaquen

Me da pudor comentar las cosas de la tele selectiva, porque empieza a parecerse a la RENFE franquista y sus trenes de tres categorías de vagones según clases sociales. Ahora, en lo audiovisual, hay espectadores de primera, que se lo ven todo en sus plataformas de pago; están los de segunda, que compran alguna serie para no sentirse marginados. Y los de tercera, los parias, que bastante tienen con llegar a fin de mes. Para hacer justicia, el Robin Hood de las descargas por internet reparte por amor al arte los inaccesibles bienes culturales. Unos y otros han podido gozar ya de los capítulos iniciales de la tercera temporada de «El cuento de la criada», serial de culto producido por Hulú y que aquí distribuye HBO. Es de esos placeres estéticos y narrativos que si te lo pierdes mueres.

La historia de Margaret Atwood ha evolucionado. Las mujeres de la teocracia de Gilead han pasado a la lucha después de años de ser usadas como úteros, esposas sumisas o sirvientas. La heroína de esta epopeya, tras poner a salvo a su bebé en Canadá, se queda en Estados Unidos para combatir la opresión a riesgo de la horca. June, renominada Dejoseph, es asignada al comandante Lawrence, arquitecto económico de la dictadura, intelectual y compasivo, que evoca al juez Janning, trasunto de Schlegelberger, ministro del III Reich, de la película «¿Vencedores o vencidos?», interpretado por Burt Lancaster, una eminencia, sí; pero artífice de las leyes nazis y que se autojustifica por la locura colectiva desatada por Hitler. 

El sacrificio de las mujeres queda expuesto en el grafiti que en mal latín pinta una de ellas con sus uñas: “Nolite te bastardes carborundorum”, algo así como “No dejes que los bastardos te machaquen”. En la realidad, con tipos como Trump, Bolsonaro y Abascal la llamada a la rebelión feminista es por pura supervivencia.

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