Una historia de España: los dos necios

Ya era bastante padecer durante cinco meses el espectáculo del frustrante desacuerdo de la izquierda española para gobernar unida, como para, además, soportar el goteo aburrido de los comentaristas de la tele. Según los tertulianos, la clave del fracaso es el relato, no un relato, no; más determinante todavía: el relato, la historia contada de quién es el culpable y quién el inocente, Sánchez o Iglesias. “Quién puso más, los dos se echan en cara / quién puso más, que incline la balanza / quién puso más calor, ternura, comprensión / quién puso más, quién puso más amor”, cantó tristemente Víctor Manuel para lamentarse de la dolorosa ruptura de unos amigos. De esta otra pareja no nace un solo verso, solo sátira e indignación.

Es asombroso el modo en que algunas palabras se transforman en virus y se propagan en los debates. ¿Y qué demonios es el relato, a juicio de la opinión televisada? Algo así como una verdad absoluta depositada en la conciencia colectiva, la fábula simple y emocional de una batalla que consagra la victoria de uno y la derrota de otro, un dogma de mercadillo de estilo Ana Rosa. Ya tuvimos por aquí, y aún colea, el relato lapidario que el Estado español y sus siervos mediáticos patrocinaban tras el fin de ETA sobre el conflicto en Euskadi y su derivada terrorista, una de cuyas falacias era establecer la responsabilidad de la gente (“miraban para otro lado”) para salvar la incapacidad de la clase dirigente en su solución y el uso carroñero de las víctimas.

Y con este sainete pimpinela de la izquierda nos vamos, salvo advenimiento de un milagro, a nuevas elecciones. ¿De verdad creen nuestros narcisistas líderes que alguien tiene interés en señalar al culpable? El relato, el puñetero relato, no es más que un cuento pueril titulado Los dos necios, secuela hispana de La conjura de los necios.

2 comentarios sobre “Una historia de España: los dos necios”

  1. Historias de necios… si yo le contara!!!
    Rivera – Sánchez
    Sánchez – Iglesias
    Puigdemont – Junqueras
    Otegi – Urkullu

    Me temo que los necios de verdad son los que confían en ellos y en que están verdaderamente preocupados por nuestro bienestar.

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