¡Oh balance, balance!

Todo balance es un ejercicio de desmemoria selectiva. Es la práctica habitual de empresas e instituciones. El informe del sector televisivo de 2019, presentado por Barlovento Comunicación, deja muchas dudas. Verán: si yo fuera muy rico no pondría mi dinero en la tele, salvo que tuviera necesidad de influencia social. El dato más relevante es que la televisión en España ha visto reducido sus ingresos unos 100 millones de euros respecto del año anterior. Era previsible: la economía ha ido a la baja y la competencia de la oferta a la carta, donde mandaban Netflix y HBO, ha crecido con Apple TV y Amazon Prime. ¡Y en marzo llega Disney+! 

También ha caído el consumo audiovisual. Aun así, 222 minutos diarios por persona es una cuota insostenible. ¿Y quién gana? Telecinco, que pretenciosamente se autodefine como “la televisión transversal”, con el 14,8%, seguida del poulidor Antena 3 con 11,7%. TVE, por debajo del 10%, tiene el peor registro de su historia. Fíjense, cuando en 2010 fue desplumada de anuncios por Zapatero, alcanzaba el 16% y era la primera. ¿Y la vasca? Igual, con el 8,3% en ETB2 y el 2,1% en ETB1. Cuánta necesidad de innovación tiene nuestra indispensable cadena y dejar atrás su viejo patrón de contenidos. Algo debería aprender de TV3, líder en su doble función de servicio público y medio de resistencia democrática.

Indigna saber que Atresmedia y Mediaset, que totalizan poco más de la mitad de la audiencia, sigan acaparando el 85% de la publicidad y se mofen de la libertad de mercado. La Comisión Nacional del Mercado de la Competencia les ha multado con 77,1 millones por “prácticas anticompetitivas en la comercialización de la publicidad”. Ya les digo que no pagarán, porque hay un Gobierno, como aquel oprobioso de Zapatero, que precisa sus favores. Para eso sirve la tele a veces: ganar dinero salvando gobiernos.

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