Románticos, siglo XXI

HISTORIAS DEL SEGUNDO CONFINAMIENTO

Nº 7 – 13 noviembre 2020

El día, por viernes y 13, no podía empezar peor. Me entero de la muerte de Andoni Alkorta, un colega, un amigo, una buena persona, sinceramente abertzale e incondicional seguidor del Athletic. Confió en mí algunas campañas de publicidad y tuve de él un trato excepcional y mucho respeto. Hace unos tres años nos encontramos en el supermercado y me dijo, sin más: “Tengo cáncer”. ¡Qué entereza! Y por Dios que luchó cada día hasta el final, con una dignidad y fortaleza que para mí quisiera. Descansa en paz, Andoni, que el mundo está muy difícil de vivir. A lo más sobrevivimos.

Y sin embargo, creo que el siglo XXI camina hacia un neoromanticismo. Así lo escribí en un artículo en DEIA. No tuve mucho éxito. El romanticismo es lo más ignorado y peor interpretado de todos los movimientos de la historia. Para la mayoría es una forma cursi de ser y amar. Y no, es la época más fecunda en política, pensamiento, arte, literatura y música a lo largo del siglo XIX. A la gente le gusta definirse como romántica, pero no saben lo que quiere decir. 

Tres cosas definen el romanticismo, en resumidas cuentas: amor, belleza y libertad, inseparables entre sí, en su grado absoluto y enmarcadas en una existencia fraternal. Al romanticismo le pertenecen la utopía y las causas imposibles y justas. Lo más noble, lo más generoso, lo más intenso y lo más tierno se identifican con los románticos de palabra y hecho. No los de Hollywood.

En un libro reciente de Isabel Allende Mujeres del alma mía” (en realidad una biografía feminista) y que he leído hace poco, dice la escritora chilena: “A lo largo de mi vida he demostrado ser una romántica incurable”. Y más adelante añade: “Amor romántico, esa ilusión colectiva que se ha convertido en otro producto de consumo”.  ¿Y qués es amor romántico, Isabel, si se puede saber? En mi opinión, se usa ese apelativo para negar la existencia misma del amor, para reducirlo a emoción y mera atracción sexual y pasajera.

La vida, vivida desde la perspectiva del romanticismo, es amor y lucha. Amor, porque es lo que da sentido a todo, absolutamente todo lo que vale la pena como seres humanos. Y lucha, porque todos los sueños personales, metas colectivas de libertad, justicia, igualdad, independencia nacional y cultural y respeto de derechos, todos exigen un choque frontal contra los poderes supremacistas que habitan este planeta. Todo lo valioso de nuestra existencia exige un tributo de sangre, sudor y lágrimas. El romántico es el ser menos ingenuo que existe. El romanticismo tiene su enemigo en toda dictadura y cualquier democracia mermada, como la liberal.

Los conservadores piensan que los seres humanos hemos alcanzado cotas suficientes de libertad y derechos básicos y no hay motivo para más lucha. Que ya está bien. Y es falso. Nunca tuvimos una libertad más vigilada que la actual. Tenemos libertad de compra y consumo, a mansalva; pero estamos bajo vigilancia, sin intimidad real y sin capacidad de rebelión. Nos observan, nos condicionan, nos roban, nos tutelan, nos engañan.

Salvar el planeta de la extinción es una causa romántica. Dar cabida a la emigración y facilitar la diversidad es una causa que abrazamos los románticos. La independencia democrática de los pueblos es otra. Y, desde luego, la causa de las mujeres y su igualdad de derechos. Abrazamos la libertad de creación, la democratización del conocimiento, la superación de barreras, el respeto a los animales y la naturaleza en su plenitud. Y volver a las raíces, como los primeros románticos, así como la superación de las religiones y todos los dogmas. Ser libres, pero serlo de verdad y sin límites. Felizmente.

Esas y todas la causas justas y utópicas marcan el neoromanticismo del siglo XXI. Hay mucha gente dispuesta a vivir por eso. Y, supuesto, a morir. 

3 comentarios en «Románticos, siglo XXI»

  1. Me gusta lo que dices. La Literatura Romantica me remueve, me agita y me reafirma en esa sensación constante de vivir en un tiempo que no es el mío.

  2. Lo romántico de las revoluciones se terminan cuando dejan de ser eso, revoluciones. Que hay de romántico y de revolucionario en las luchas financiadas, masificadas, politizadas, etc?

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