GitAna Urrutia, corresponsal en la realidad

anaurrutia_22637_11ETB tiene una nueva corresponsal. No en Washington o Bruselas, sino en el país más desconocido y distorsionado que existe, la realidad. A ese mundo ha viajado Ana Urrutia como enviada especial, a inmiscuirse entre colectivos marginales y descubrirnos lo equivocados que estamos con ciertos grupos y culturas.

El formato elegido para la inmersión no es original y está inspirado en un reporterismo que hizo fortuna en Estados Unidos en la década de los sesenta y cuyo icono fue la perturbadora película Corredor sin retorno. Aquel modelo se ha concretado actualmente en el espacio 30 Days, de la cadenaFX Networks, pirateado por Cuatro para el programa 21 días y su secuela Conexión Samanta, ambos conducidos por la intrépida Samanta Villar. A nuestra chica del tiempo, sin necesidad de recurrir a la osadía, le ha bastado su impresionante capacidad de conexión emocional para penetrar, en su primera incursión, en la vida de la etnia gitana de Euskadi y derribar sus tópicos y ratificarnos algunas de sus miserias, como la homofobia y la discriminación de la mujer. Nunca hubiésemos imaginado que entre esta gente existieran euskaldunes y simpatizantes del PNV.  

Implicada exige mucho a Ana, porque su objetivo informativo y social es riguroso, aunque sin pretensiones. A la búsqueda de pulverizar los prejuicios hacia los gitanos, Ana se vio obligada a hacer el ridículo en bailes y fiestas, participar en los ritos de una iglesia evangelista, vivir los preparativos de una boda y ser vendedora de bisutería en un mercadillo, en parte como reportera incisiva y también como paya a la que se recibe como miembro del clan. Este doble papel contradictorio y los cortes intermedios con sus comentarios dieron al programa una agilidad infrecuente en un docureality.  

Es probable que Implicada haya logrado mejorar la imagen pública de la conflictiva comunidad gitana, porque ha tenido la habilidad de mostrar sin filtros el lado humano de ese pueblo. No pudo tener mejor final que el saludo de una niña calé y su flamenco “gero y arte”. Genial.

El exhibicionismo o la jactancia paleta

ongietorri4_foto960GUARDAR los secretos propios y respetar los ajenos son cumbres de la grandeza humana, donde solo al arte y a la literatura le cabrían la delicada misión de descubrir, debidamente sublimado, cuanto se oculta en el corazón. La intimidad y sus hermanos menores -pudor, rubor, discreción y decoro- nacen del mismo tronco de la dignidad. ¿El hogar entra en la categoría de lo privado? Desde luego que sí y por eso es un ámbito reservado a unos pocos amigos y a la familia. La tele ha llamado al timbre de las casas en busca del vecino con baja autoestima y dispuesto a enseñarlo todo. ETB tiene los jueves un espacio para este exhibicionismo primario. Se llama Ongi etorri, casas con encanto y lo presenta Patricia Gaztañaga. El espectáculo del mal gusto o lo kitsch no está en lo aparatoso de salones, jardines, baños, cuadros y piscinas, sino en el orgullo y la presunción con que los propietarios lucen a cámara sus residencias y otros objetos, como los hijos y el perro. Es la jactancia paleta.

¿Qué hace que una persona sienta la necesidad de mostrar a la curiosidad pública el secreto de su hogar? Un cierto carácter exhibicionista, obviamente. Nadie debería exponer la intimidad del lugar donde vive, por la misma razón que no se desnudarían en la calle. Es verdad: si hay exhibicionistas es porque existen los mirones; pero ni unos ni otros habitarían el planeta si nuestra sociedad cuidara el tesoro de la identidad personal. Somos de carne y hueso, no de cristal.

Hay quien se escandaliza de que la televisión pública dé cabida a la ostentación de los casoplones y pisos formidables, porque esto ofende, por antiestético e inmoral, a las víctimas de la crisis y el paro en Euskadi. Es una razón muy sensible; pero no es el problema principal. Es la sobrevaloración de la apariencia y el equívoco de la trasparencia. No se aprende decoración ni el arte del buen vivir en las visitas de Patricia a las mansiones vascas. En realidad, nos enseña lo estúpidamente vulgares que son la vanidad y el dinero. Vulgares no, lo siguiente: horteras.

Semana del GAL… y el GAL amarillo

GALDe la pugna y contradicción entre pasado y presente surgen los proyectos de futuro. Antes de olvidar hay que conocer. . Nuestra televisión pública ha dedicado toda la semana pasada al trigésimo aniversario del inicio de la carrera criminal de los GAL, banda financiada y dirigida por el Estado español a través de un gobierno socialista que regaló a ETA un arsenal de argumentos para veinte años más de terror. ETB2 otorgó a la memoria del caso Lasa y Zabala el prime time del lunes y jueves, con programas especiales de 60 minutos y El Dilema, así como varias tardes de Sin ir más lejos y de Airean, en ETB1, y una noche de intensa polémica en Debatea. Horas y horas de testimonios entre los que destacó el forense Paco Etxeberria, artífice del reconocimiento de los cuerpos de los dos jóvenes torturados. Este admirable profesor nos estremeció con la estricta crudeza de su relato, sin apelaciones emocionales. La verdad debería tener siempre esta imagen serena y limpia.

            Y frente a la autoridad moral de Etxeberria se escucharon coartadas del terrorismo de Estado. Digámoslo claro: a España no le repugnan aquellos asesinatos. El excomisario Amedo los enmarca en el contexto del activismo etarra de los años ochenta. Otros los justifican por el hecho de que diversos países democráticos tuvieron episodios parecidos. Ni una palabra de perdón. Además de los GAL verde, azul y marrón, hay un cuarto, el más cínico: el GAL amarillo, formado por la televisión y otros medios que callaron o retorcieron aquellos atentados y que ahora ponen rostro compungido a lo que entonces aplaudían entre brindis y risas. Nos guste o no, en nuestra sociedad la verdad pública es un relato mediático. No sé cómo se escribirá finalmente la historia sobre ETA; pero la verdad sobre los GAL sigue pendiente.

            Y en esta introspección en el pasado nos encontrábamos, cuando el pánico por el cierre de Fagor, con más de cinco mil empleos en riesgo, devolvió a Euskadi al inexorable presente. Carpe Diem.

Todo por la tele y para nada

FE¿Tan corto de imaginación anda el feminismo español que para conseguir unas efímeras migajas de notoriedad se apunta a hacer topless -y el ridículo- en el Congreso? ¿Qué puede aportar al movimiento por la igualdad una franquicia ucraniana como FEMEN que aún no ha salido del parvulario de los derechos humanos en la atrasada Europa oriental? ¿Qué tipo de degradación corporativa afecta a esa prensa que el pasado jueves emuló las portadas de Interviú?  ¿Qué le ocurre a la clase política y los colectivos sociales para que se muestren tan previsibles en sus acciones de comunicación reivindicativas y sus protestas públicas? ¿No es patético, por rancio, ver al diputado de Amaiur, Mikel Errekondo, representar en la tribuna parlamentaria, durante diez eternos segundos, uno de aquellos castigos que sufríamos los niños en la escuela franquista? ¿A lo más que aspiran hoy nuestros rebeldes es a lucir, orgullosos, una camiseta de campaña? ¿La solidaridad se mide en merchandising exhibido? ¿Tanto bochorno por un minuto de gloria en la tele?

La crisis no es solo económica. El empobrecimiento está también en las ideas y en la forma en que éstas se exponen. La izquierda y la derecha se imitan mutuamente y terminan por ser lo mismo. La falta de originalidad y las dificultades comunicativas son un problema de ausencia de osadía y entusiasmo creativo. Así que la máxima expresión transgresora es irrumpir en la televisión como sea, incluso en pelotas. Sigue existiendo una fascinación cateta por aparecer en la tele. Pero cualquier joven usuario de las redes sociales le da mil vueltas a las viejas organizaciones en valentía de discurso y en ruptura de los esquemas clásicos de vinculación. La tele está sobrevalorada, porque más que la popularidad lo que importa es la autoestima, la identidad satisfecha.

Todo el mundo está en crisis: las feministas, los políticos, las oenegés, las religiones, los optimistas… Todos menos esas personas, grandes en ideas y realizaciones, que teniendo méritos sobrados para ser admirados renuncian a salir en la tele.

Obsesión por ETB

1230716471_0El miércoles pasado El Correo Español aseguró en una información -diminuta en tamaño, pero gigante en mala intención- que ETB había registrado en septiembre un descenso histórico en sus audiencias. ¿Histórico? Los canales de la televisión vasca experimentaron, es cierto, una bajada en seguimiento popular; pero calificarla tan enfáticamente es una manipulación absoluta. De hecho, ETB2 ha regresado a los índices de julio y la magnitud de su pérdida es la misma que la ganancia obtenida hace solo cuatro meses. Nada indica que se esté produciendo un desplome de las audiencias como en la etapa anterior, cuyos datos tocaron fondo con un 7,7% en el segundo canal y 1,7% en la cadena en euskera. Aún es pronto para juzgar los resultados del cambio estratégico de ETB1, y con ETB3 al alza. Pero no hay duda de que el actual equipo directivo está errando en su objetivo situar al grupo público en niveles óptimos de aceptación y que el precio de la crisis es mayor para ETB que para las grandes televisiones estatales.

            ¿A qué viene esa obsesión de Vocento por ETB? Es una vieja fijación del pensamiento español, en la que centran todos los males políticos y hasta morales que, a su juicio, padece Euskadi por su desafección al proyecto constitucional. Vocento tiene dos problemas con la televisión vasca: el liderazgo informativo de ETB desbarata su cuenta de resultados en influencia ideológica y, además, es su principal competidor en la captación de publicidad local. ETB democratizó la información que hasta su creación estuvo colonizada por quienes negaron y cantaron los crímenes de la dictadura. Con semejante dolor político y económico la mirada de ese grupo periodístico a nuestra radiotelevisión pública nunca será objetiva y respetuosa.

            El barullo artificial montado por Vocento por la no inclusión de una referencia a ETA en el Plan Estratégico de EITB es otra muestra de sus inclinaciones obsesivas. ¿Hay que recordar que la sede de ETB fue destruida 2009 por una bomba terrorista? ¡Ah, la memoria!, dulce arma de protección masiva.