El lado mágico

Por alguna sinrazón creemos en la existencia de un lado mágico. La Navidad es el momento propicio para este delirio. Como es inane y algo ayuda, nos dejamos llevar. Es parte de nuestra automedicación emocional. La tele juega un papel propagador y saca beneficio de ello a través de la publicidad. Algunas marcas dejan para esta época sus anuncios mágicos. El objetivo de la Lotería navideña no es vender boletos (se venden solos), sino revestir el azar de una ilusión prodigiosa. Sus nuevos spots de son magníficos, cuatro historias enternecedoras de afecto y solidaridad. El Corte Inglés es de los que más se esmeran. Lleva un par de temporadas haciéndonos creer que somos elfos, seres míticos pero reales que repartimos felicidad en regalos. Es una preciosidad de mensaje, de esos que gusta ver y cantar su canción: “Creo que esta chica es un elfo, sí lo es, sí lo es…”

Mi preferido es el de Casa Tarradellas, la marca catalana de pizzas, relato familiar de una mudanza caótica en la que las dos hijas adolescentes se rebelan contra el cambio de domicilio y una de ellas amenaza con encadenarse a su habitación y tragarse la llave. Pura creatividad de encanto y sonrisas. ¿Ha sido Trump quien ha decretado el fin de las fascinantes campañas de Coca-Cola? ¿Por qué Euskaltel ha renunciado a sus memorables anuncios? ¿Qué fue de los mensajes navideños de ETB que encumbraron un estilo? ¿Qué hizo perder la chispa a los cavas y los perfumes glamurosos? ¿Se han vuelto todos iconoclastas?

Ahora es Campofrío quien ostenta el liderato imaginativo. Le vale un superanuncio para ganar prestigio para un año entero. Esta vez no nos abronca por el uso excesivo de la tecnología digital y hace ironía de las fake news con una producción impresionante. Suya es la audacia por seguir creyendo en los sueños. Pues eso, mágica Navidad para todos.

Serrín de abedul

La dirección de ETB exigió a Ion Aramendi que no consumara su abandono hasta finalizar el EiTB Maratoia (la de los 1.500 Lau teilatu y el millón de euros para los niños con cáncer), cuya gala le había sido encomendada. El miércoles fue su adiós. Tres años ha durado su desdicha en la televisión pública vasca y el balance de ¿Qué me estás contando? no puede ser más decepcionante en audiencia y reputación. Procedente de la telebasura de Telecinco, llegó para remediar las tardes de Euskadi, que no han levantado cabeza desde que Patxi López y Alberto Surio liquidaran el exitoso Pásalo de Iñaki López y Adela González. ¿Quién pensó que este frívolo aventurero era la solución? ¿Por qué implantar aquí una sucursal de la simpleza española, de fruslerías y charla tonta? La defenestración de Klaudio Landa, por incompatibilidad con el advenedizo, fue el colmo del despropósito. 

El huido conducirá en TVE El Cazador, un concurso diario para gente mal entretenida. ETB es otra cosa. No estamos para idioteces y cuando hacemos humor lo hacemos con la solvencia de Vaya Semanita. Somos de Rolex o de carteras, ya lo dijo Aitor Esteban en la tribuna política. Expertos hay que defienden la pertinencia de mezclar géneros, lo serio con lo divertido, y maridar. Maldita palabra. En un restaurante de Madrid comí setas con serrín de abedul, y aún flipo. ¿Se ha inspirado la tele en la gastronomía experimental para crear sus potajes indigestos? Los programadores creen que todo tiene que ser picante, quizás porque así encubren sus viandas podridas. Niego la mayor: hay que ser brillante.

Lo natural ahora sería que Arantza Ruiz -a quien Aramendi humilló en DEIA llamándola “muleta fantástica para mí”- se hiciera cargo del vespertino. O la polivalente Adela. ETB tiene el banquillo más desaprovechado del mundo y la autoestima profesional en busca y captura.

La marmota y otros tópicos españoles

La próxima vez que un contertulio diga en la tele que “estamos en el día de la marmota” para referirse a la repetición de hechos en la política española le denuncio por contumaz crueldad. ¡Ya vale de apelar al maldito roedor! Temo que muchos crean que este esciuromorfo pasa su existencia calcando continuamente sus acciones. Pues no. La recurrente idea procede de la película Atrapado en el tiempo, cuyo título original es El día de la marmota (Groundhog day) y toma como pretexto la tradición rural norteamericana de averiguar el final del invierno según el comportamiento del animal al salir de su madriguera el 2 de febrero. En la historia, protagonizada por Bill Murray, su personaje es incapaz de salir de esa fecha, y queda preso en una secuencia infernal no imputable al pobre bicho.

Los canales no tienen un libro de estilo que evite caer en los tópicos y otros males de la redundancia que tanto enfurecían a Unamuno. Deberían tenerlo para no extender la plaga del empobrecimiento verbal. La tele ha causado estragos en el bien hablar y el arte de razonar, quizás porque la mayoría de los opinadores se formaron en la escritura y no recibieron, para su desdicha, lecciones de oratoria y retórica. Los tertulianos, por un sueldo de miseria y unas horas de vanidad, se han convertido en el eco servil de la clase política. ¿Dónde queda su autoestima? Para analizar la realidad se precisan una mente escéptica y un corazón romántico.

La redundancia es pereza argumental y falta de audacia en las palabras. Deberían estar solo los mejores, aunque no sean perfectos comunicadores. Ningún comentarista tendría que estar más de dos años seguidos en su puesto, porque se abrasa el alma. ¡Qué conservadora es la tele! Pasa el tiempo y ahí siguen los de siempre, con sus inalterables filias y fobias y sin más cambios que la edad y las canas.  

VOX: 3,6 millones de fachas

No es cierto que Vox sea la expresión española de la emergencia continental de la extrema derecha: es anterior. El franquismo lleva décadas instalado, desde mucho antes de que el fascismo derrotado en 1945 volviera a asomar sus sangrientas garras en Europa. El partido de Abascal es la reedición de las viejas ideas del régimen surgido de la sublevación del 36 y que gobernó con saña el Estado por ocho lustros. Ese sustrato totalitario no desapareció con Franco, porque el fraude de la transición le dio continuidad bajo otro formato. La derecha heredó el franquismo. Con su perspicacia, Xabier Arzalluz solía llamar al PP “franquismo con votos”. De las filas conservadoras ha surgido Vox y de ahí provienen sus dirigentes y los votos ultras. Había llegado la hora de que el sector más vinculado al fascismo recuperase sus esencias.

            Con 52 escaños son el tercer grupo en el Congreso y han ocupado el corazón de las instituciones, gozando de capacidad de influencia para condicionarlo casi todo. No es solo el furúnculo del sistema, es también un actor con vocación de dinamitar la famélica y desorientada democracia del Estado. Los gobiernos de Andalucía, Madrid y Murcia, así como numerosos ayuntamientos se han constituido con el apoyo de la ultraderecha. La capital de España tiene alcalde del PP gracias al equipo de concejales de Ortega Smith. Y sin ir más lejos, en Euskadi obtuvieron el pasado noviembre cerca de 28.000 votos y en Navarra subieron a 19.440 sufragios. ¡Y un peligro inmediato! Con sus 6.423 de papeletas alavesas, Vox lograría un puesto en el Parlamento vasco en las elecciones de 2020. 

Tras el shock, no hay un diagnóstico preciso sobre las causas de este retroceso y tampoco hay acuerdo sobre qué debería hacerse para revertirlo. El PP prefiere tener a Vox cerca, porque lo necesita para ganar poder, cuando debería repudiarlo. Pablo Casado afirma que es imposible que haya en España 3,6 millones de fascistas y que se trata de una anomalía coyuntural derivada de la crisis catalana. Mal empezamos con la negación de la realidad. Pero sí, hay 3,6 millones de ultras en la piel de toro. ¡Y 48.000 en Euskadi, nada menos! Los dirigentes de Vox señalan que calificar de fachas a sus electores es un insulto. ¿Acaso sus líderes no han demostrado de palabra y hecho, durante la campaña y después, que sus ideas se corresponden con el más rancio de los fascismos?

¿Y entonces, qué hacemos? Como limitarse a resistir es poco, tenemos que ser proactivos. En mi opinión, conscientes de la gravedad de la amenaza de ese proyecto criminal, la estrategia debería concentrarse en tres frentes: colisionar, desenmascarar e informar.  

Colisionar

Vox es un poderoso veneno. La bicha nos ha mordido y su ponzoña ha penetrado en el torrente sanguíneo del sistema. El síntoma más claro es la desvergüenza con que los votantes jalean su voto y el valor resolutivo que le atribuyen. Vox tiene a sus principales valedores en el PP, confiado en que algún día recuperará sus votos y parte de su programa radical. Y tiene medios que le arropan, como Intereconomía, Cope y diarios digitales. No está solo y conoce los mecanismos de la comunicación social. Saben a lo que van y contra quiénes van. Pues bien, hay que colisionar frontalmente contra ellos, empezando por considerarlos lo que son: enemigos de nuestras libertades, liquidadores del autogobierno, ilegalizadores del nacionalismo vasco y continuadores de la represión. Son quienes arruinarán Euskadi y lo someterán a un modelo centralista a sangre y fuego so capa de leyes uniformadoras de nuevo cuño.

Si hemos vencido otras crisis, como la dictadura, el terrorismo y las violencias de Estado, la nueva versión del franquismo no podrá con Euskadi por grande que sea su fuerza. Para empezar, no podemos quedarnos en el mero combate verbal y el desahogo emocional. No por mucho calificarlos de fachas van a dejar de serlo. Hay que ganar la batalla de los símbolos y también la del relato. Darles puesto en las mesas de los parlamentos y en otras instituciones es muestra de debilidad y escasa inteligencia. Hay que aislarlos de todo lo que implique el blanqueamiento de sus ideas bárbaras. Vox busca la estética de la normalidad política.

El gesto de Aitor Esteban con un dirigente de Vox supuso por sí solo un potente mensaje de choque y dignidad ética. Es una vía a continuar con el bloqueo. De debemos resignarnos a las bravatas y barbaridades de esta gente. Hay que llevarles al oscuro rincón de la historia del que proceden y no dejar que penetren con su intransigencia en la actividad legal. Más que un cordón sanitario contra Vox hay que alzar un muro de decencia tan alto como el que pretende levantar en Ceuta y Melilla. No es un partido de reglas morales y es, con toda su zafiedad extremista, nuestro peor enemigo.

Desenmascarar

            ¿Por qué los líderes de los partidos democráticos no replicaron las mentiras y falacias de Vox durante los debates en las últimas campañas electorales? Ingenuamente, pensaron que era mejor ignorarlos y despreciarlos con el silencio, pero dejaron sin la debida refutación sus ataques contra temas sensibles, como la xenofobia, la emigración, la violencia de género, el modelo autonómico y otros asuntos en los que su basura manipuladora ha causado estragos y contaminado sus embustes.

            Ninguna de las propuestas de la ultraderecha, gracias a las que ha alcanzado su porción de poder, tiene la mínima consistencia. Su acervo de argumentos se funda en sentimientos de agravio, datos directamente falsos, verdades a medias, viejas rencillas y el españolísimo complejo de inferioridad, así como la patética creencia de que España vivía mejor bajo la bota militar. Su proyecto follonero necesita ser contestado y desenmascarado, junto con los odios y las promesas de reconquista y orgullo nacional de barraca que le acompañan. A la ignorancia hay que sacarle los colores y desbaratar su aventura caudillista que no resiste una réplica con criterio.

            La frustración histórica de la que ha hecho gala Vox para triunfar en las urnas no tiene contestación racional. Es campo de tratamiento psiquiátrico. El objetivo sería desprestigiar la incultura social que acumula, de modo que su ruda actividad demagógica pierda eficacia. No podemos corregir de inmediato los males del rencor, el racismo y la nostalgia de la dictadura, pero podríamos desbaratarlos con la simple certeza de las cosas reales. Se han cebado en Catalunya y los emigrantes, así como en el feminismo, el fracaso de la izquierda y los episodios de corrupción. Ese es su granero de votos. Si Vox es mentira, que sea la verdad sin más, lúcida y transparente, quien lo desmienta. 

Informar

            Así como procede el bloqueo de los ultras en los órganos instituciones, creo que lo más inteligente es concederles espacio en los medios informativos. Cada vez que hablan en entrevistas y tertulias se retratan. Los fachas tienden al exabrupto, la negación de las ideas ajenas y a mostrar sus odios. Cuando Abascal, Ortega Smith, Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio y Macarena Olona abren la boca y sueltan sus perlas ideológicas acreditan su exacta naturaleza. ¡Que resuenen! Es ahí donde hay que acorralarles y mostrar sus contradicciones. ¿Por qué tantos periodistas y tertulianos se muestran tan indulgentes con Vox? 

Si los políticos han mostrado un imperdonable desentendimiento de los peligros que acarrea Vox, mucho peor aún es que el vocerío tertuliano de la radiotelevisión se preste al blanqueamiento de los ultras. ¿Cómo aceptar a Vox como partido constitucionalista? ¿Cómo no criticar sin piedad sus posiciones en la violencia de género y la liquidación autonómica? Tan hostiles con Bildu y la causa catalana y tan blanditos con Vox. La batalla contra el descaro verbal de Vox, sus mensajes superficiales y su revanchismo se juegan en los medios y las redes sociales; y ahí, donde hoy la razón está más sola y débil, hay que poner el antídoto al veneno fascista que amenaza de muerte la democracia y a Euskadi con ella.

El chiste de Arguiñano y la violación en Gran Hermano

A ver si nos entendemos. Contar en la tele un chiste de pésimo gusto e hiriente frivolidad sobre las agresiones sexuales, precisamente el día en que se recordaba la tragedia de la violencia machista, es un error descomunal. No impedir que en el transcurso de un reality se perpetre una agresión sexual contra una mujer es una maldad absoluta. Lo primero es disculpable; lo segundo, imperdonable. Karlos Argiñano cometió una de las equivocaciones de su vida al hacerse el gracioso con las violaciones en El Hormiguero, de Antena 3. Cierto es que reconoció públicamente su estupidez y percibimos su sincera contrición. Deberá ahora revisar la carga de humor satírico, a veces al borde de la incorrección, de su espacio gastronómico. A sus recetas les sobra picante; o, como en este caso, amargura. ¿Y de qué se rieron, si se puede saber, el presentador y los actores Ricardo y Chino Darín?

Lo de Gran Hermano, de Telecinco, es de delito. Hemos sabido ahora, cuando se juzga la presunta violación de Carlota Prado por José María López, ambos concursantes en la edición de 2017, que la acción criminal pudo ser neutralizada y que los protocolos seguidos tras el suceso ocasionaron estragos añadidos a la víctima. ¿A quién le puede extrañar que la violación ocurriera en la cadena de Berlusconi, procesado por prostitución de menores, y en el programa que juega con fuego sexista? La empresa matriz de GH, la holandesa Endemol Shine, ha reprendido a la productora española Zeppelin por su conducta. Un simple tirón de orejas, pero sin cancelar el contrato. Al menos, cincuenta marcas les han retirado su publicidad. Eso sí que produce daño y cambios.

Quien tendría que intervenir es la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, CNMC, organismo público encargado de sancionar los excesos de la tele. Ni está ni se le espera. Me pregunto cuándo se ocupará de detener la telebasura y decretar un 155 ejemplar, este sí, justo y necesario