» Carvalho recordó lo que decía Josep Pla sobre la Estética ( – aquesta cosa pesada que escriuen els professors alemanys- ), se levantó, se hizo con el primer libro de la Estética de Hegel, sopló para quitarle el polvo y lo echó al fuego de la chimenea. Luego, arrebujándose en su asiento, sonrió pensando en que estando como estaba en el primer libro de la serie, podría quemar muchos más tochos infectos mientras a M.V.M. no se le saltara algún bay-pass ( el siguiente sería El crepúsculo de las ideologías de Gonzalo Fernández de la Mora).»
Este texto tan prometedor me lo acaba de pasar A., una alumna a la que le dirijo su TFG mientras subimos en el funicular de Artxanda a tomar un txakoli.
Lo cierto es que estoy absolutamente sorprendido de que alguien que sobrepasa moderadamente la veintena pueda manejar con soltura tantas referencias «antiguas»( luego me enteraré de que en su casa del Ensanche hay unos diez mil libros), y de tener treinta años más le tiraría los tejos ( en principio, tan sólo intelectuales).
Pero hay algo que me detiene y que me contiene: su cuerpo está lleno de tatuajes de los pies a la cabeza. Antes , los tatuajes eran algo de marineros o legionarios, proclamando respectivamente su amor a La Madre o a La Madre Patria, pero ahora, de la mano de los nuevos Alcibíades mediáticos ( los jugadores de fútbol), podemos toparnos con ellos en cualquier esquina( no hablemos ya de la playa).
A mí, tan sólo pensar en la aguja me pone los pelos de punta, y hablando de pelos, me gustan las pieles finas y tersas, pero no tanto como de depilación definitiva ( que en mi caso sería algo dolorosísimo). Además, en llegando a mayores, supongo que experimentaría un corte epistemológico y testosterónico si, entre las sábanas, no pudiera distinguir si lo que tengo delante dibujado es la proa de un transatlántico o la cola de un diablillo.
«Muy bueno, muy bueno…Ahí tienes una obra, que no te pase como en el caso del chiste del escultor del San José «( ¿No lo sabes amable lector/a? Pues pregunta, pregunta…)- le digo a A. Y ella sonríe pero en su cuello se dibuja de pronto un corazón palpitante donde aparece y desaparece un «I love You».
Creo que será mejor que en Casa Pedro me tome un mosto y volvamos al TFG.
«Arrebujándose». Qué bonita palabra y que poco se usa
Querido Antonio, sólo tu te fijas en esos detalles…Gracias.