
De los tantos asuntos pendientes que me habían quedado del 2025, había uno que quería abordar con detenimiento y que era un larga entrevista con el filósofo catalán Miguel Morey en la que hace un repaso de su trayectoria vital y profesional.
En dicha entrevista hay un momento clave en el que articula toda su deriva posterior y que sitúa fundamentalmente en la experiencia escolar de los años sesenta, una experiencia plagada de una violencia inusitada – «la letra con sangre entra»- por parte del profesorado franquista y que luego se prolongó en la sistemática represión policial de los setenta en la universidad. Concluye Morey que aquellas vivencias le marcaron para siempre y que le colocaron desde entonces del lado de quienes sufrían y contra quienes ejercían cualquier tipo de violencia, fuera física , moral o incluso metafísica.
Y en este punto he encontrado otro vínculo con él, por más que ya tuviera otros derivados de intereses comunes , salpicados de libros, artículos, congresos y viajes varios y que es la experiencia de la represión directa , algo que puede resultar incomprensible para las nuevas generaciones.
Así que también he recordado las palizas sistemáticas a las que tuve que asistir en el Colegio Santa María la Real de los Hermanos Maristas de Pamplona – ¡ah hermano Melanio!- palizas que alcanzaban el nivel de tortura en algunos casos – ¡ clases de latín con el Santillana!- por no hablar de pederastia descarada como la ejercida por el hermano Braulio que, según dicen, fue luego expulsado de la Orden. Y, cómo no, la violencia policial del decadente tardofranquismo que viví en primera persona en los calabozos del Gobierno Civil de Navarra y que culminó en el asesinato de Germán Rodríguez en la masacre de la Plaza de toros de Pamplona en los sanfermines de 1978…
Violencia, sí, una violencia que a algunos y a algunas nos configuró como sujeto colectivo- de esto también habla Morey- y que sobre las mismas bases judeocristianas que simultáneamente nos iban modelando ideológica y confúsamente- Huici…¡Refúteme a Kant! – nos abrió las puertas de todas las doctrinas de la liberación desde el anarquismo hasta el zen pasando por el marxismo y el nacionalismo, en sucesivas o compartidas militancias.
Y conciencia de un sujeto colectivo, quizá siempre más «en-sí» que «para sí» en la terminología clásica, que, sin embargo, continúa irritándose ante la violencia del infame que la ejerce, en cualquier lugar y en cualquier momento…
(c) by Vicente Huici Urmeneta
Toda regla tiene su excepción don Vicente. Jamás recibí un tortazo en la escuela ni en mi casa. Sí que vi pegar, a veces con saña y regodeo, a algún maestro. Pero recuerdo uno que tuve, don Pascual, de los 7 a los 10 años, cuando reprendía con una varita dando un pequeño papirotazo en la mano abierta, creo que le dolía más a él que al alumno. Que dios le tenga en la gloria si es que existe.
Mis mejores deseo para los nuevos tiempos donVicente, a pesar de que está la cosa con muchos nubarrones.
Yo tampoco recibí muchos mamporros porque sacaba buenas notas y me portaba bastante bien. Pero ví mucha saña en algunos curas que se recreaban sobre todo con los más débiles y torpes de la clase. Con los más grandes no se atrevían.
Y también le deseo un buen 2026, viejo amigo, a pesar de que en efecto parecen llegar tiempos violentos y oscuros.