1978 o La Transición vista desde el cuartel ( por Francisco José Martínez)

Mi querido amigo y colega Francisco José Martínez, catedrático de la UNED y miembro siempre activo de la FIM ( Fundación de Investigaciones Marxistas), me ha enviado este largo comentario sobre 1978– un dietario, que se suma a anteriores recensiones y reflexiones, y que transcribo a continuación, como siempre, muy agradecido:

«20 de Noviembre. Tercer aniversario de la muerte de Franco. Será difícil explicar en el futuro lo que esta figura ha representado para quienes nacimos en los años cincuenta. (V. Huici, 1978)

Recibo un libro de mi amigo Vicente Huici, Peli, titulado sobriamente 1978 y que se basa en un diario que el autor redactaría dicho año en el que concluyó su servicio militar en Madrid. El libro, por supuesto, es personal pero también es generacional y por eso me he sentido tan concernido por él. Huici y yo nos cruzamos en nuestras milis respectivas: yo, madrileño, la llevé a cabo desde julio de 1976 hasta septiembre de 1977 en el País Vasco y Navarra, Vitoria y Estella,- siguiendo, por cierto, los crímenes perpetrados en Vitoria y Montejurra por la policía y los carlistas ultras, siendo Fraga el ministro del Interior -, mientras que Huici, pamplonica, la llevó a cabo en Madrid, Alcalá y Leganés, entre 1977 y 1978. En el texto se recogen reflexiones que conjugan la experiencia personal con la experiencia colectiva de nuestra generación y condición: intelectuales urbanitas de clase media nacidos en los años cincuenta. Temas como la familia, el ejército, la militancia política, el consumo ávido de cultura y la escritura como objetivo último se abordan de forma indirecta en este breve pero vivido texto.

En relación con la familia se ve en el libro la inserción del autor en la tradición familiar, con sus luces y sus sombras, pero reconociendo siempre lo que debe, como persona y como intelectual, a dicha tradición familiar en sus dos ramas. En una época en que se fomenta la ideología del individuo como alguien que no debe nada a nadie, que no reconoce ninguna deuda y al que le es todo debido, Huici reconoce humildemente lo que debe a su familia.

El libro relata el último año de servicio militar del autor en Leganés y la vida en esas condiciones tan especiales y tan difíciles de entender para los jóvenes que no han pasado por esa experiencia está en el centro de la narración. En el aspecto burocrático de contacto con los oficiales que tenían casi todos los intelectuales en sentido amplio en esas condiciones. Huici era maestro y además por su capacidad de dibujo tenía una relación privilegiada por los mandos. Por otra parte, la relación con los compañeros de clase y de instrucción expuesta a través de la relación de las conversaciones de todo tipo, políticas, culturales y personales y la diversión de comidas, bebidas y cuchipandas. Nuestra generación se formó básicamente a través de las conversaciones con los amigos y la diversión conjunta. Por último, el contacto con los jóvenes analfabetos a los que daba clase para obtener el graduado escolar, por los que muestra un gran afecto y de los que recuerda cuando se va su lealtad y solidaridad.

He de confesar que mi experiencia fue muy parecida. No tanto en la relación con los mandos ya que yo no ocupé cargo alguno en los destinos que tuve, como en el intercambio de experiencias con los compañeros, especialmente con los procedentes de las capas más populares. Y aquí se encuentra unos de los aspectos para mi más enriquecedor de mi experiencia militar: el convivir con tipos humanos que yo solo conocía por los libros. En el grupo de los Franciscos, en Estella – nos ordenaban por el nombre y no por el apellido – conocí un espectro amplio de chicos procedentes de las capas más populares.

Lo primero que extrañaba era el elevado número de analfabetos que había en los años setenta entre la juventud española. En mi compañía que era especial, era la Compañía de Escaladores y Esquiadores de la Sexta División Navarra, compañía que tuvo sus orígenes en una compañía gemela fascista italiana, entre 200 soldados había casi 30 analfabetos totales. Yo conocí allí a jóvenes, yo llegaba ya con varias prórrogas, es decir con 24 años, la edad de los  tenientes recién salidos de la Academia, mientras que la mayoría de los reclutas no llegaba a los 20 años, jóvenes con vidas de libro. Uno de un pueblecito de Jaén contaba que eran tres hermanos jornaleros y albañiles según la época del año que tenían una casita en el pueblo, un piso en Jaén y una moto y que vivían en una economía de comunismo primitivo, excepto el más joven que se iba a casar y guardaba lo que ganaba para él. Otro procedente de un pueblo de Córdoba era un mecánico que había estudiado con los salesianos y era un cuadro medio. Por último, al final de la mili hicimos unas maniobras en Montejurra donde a nosotros nos tocó hacer guardia durante periodos de cuatro horas para que el enemigo no rompiera las líneas defensivas. Tan largo tiempo lo empleé en leer uno de los libros más aburridos que he leído, los Principia Ethica de G. E. Moore, y en conversar con un chico que vivía en Barcelona procedente de un pueblecito manchego. Este joven me contó cómo llegó un conocido al pueblo y les dijo que en Barcelona había mucho trabajo y primero fue el padre y el mayor y al final toda la familia se estableció en Barcelona. Me quedé de piedra cuando este chico de apenas 20 años me confesó que tenía una lesión de columna y que si en algún momento se quedaba inútil se “caería” del andamio para no ser una carga para su familia. Mi compañía estaba compuesta la mitad por gente de Madrid y la otra procedente de Barcelona, la mayoría charnegos. Allí en las animadas conversaciones se producía una formación mutua en la que los más avispados aconsejaban a los otros en temas sexuales, políticos y de todo tipo. Hay que tener en cuenta que para muchos de ellos esta era la primera vez que salían de su pueblo y el contacto con gente de procedencias y culturas muy diversas era por un lado un poco angustiante pero por otro también enriquecedor por poder acceder a otras experiencias y tradiciones.

La mili con su exigida mescolanza de gentes de diversas clases sociales y distintas procedencia geográficas y culturales era una buena ocasión para los jóvenes intelectuales urbanitas como nosotros para llegar a la conciencia de que no dejábamos de ser “una burguesía progre emergente”, progre sí, pero también y muy esencialmente, burguesía. El localismo de los reclutas se veía muy bien en la comida, cada uno solo comía lo que conocía y se traían comida de su pueblo. Para mí esa fue una experiencia muy enriquecedora ya que ha sido junto con mi corta experiencia de trabajo como ingeniero la única vez que he tenido una relación más o menos intima con gentes procedentes de medios no intelectuales. No puedo concluir esta breve reflexión sobre el ejército sin confesar que no comprendo cómo se puede ser republicano sin defender junto a la elección democrática del Jefe del Estado la existencia de un ejército popular y de algún mecanismo de redistribución de la riqueza. Estos tres elementos han sido esenciales en todas las experiencias republicanas clásicas desde la griega y la romana hasta el republicanismo del siglo XIX, pasando por el humanismo cívico de las ciudades italianas renacentistas exaltado por Maquiavelo. Esta es una más de las innumerables asignaturas pendientes que la izquierda tiene olvidadas pero que no deja de tener su importancia como vemos en la actual revisión del tema del servicio militar obligatorio que algunos países europeos esté comenzando a traer de nuevo a la palestra.

Las reflexiones de Huici tienen como segundo tema esencial el contexto histórico de la época con la supervivencia del franquismo enquistado en los aparatos de Estado y la cuestión del terrorismo etarra que Huici como historiador y como político seguía muy atentamente. Hay que tener en cuenta que nuestro autor se podía haber convertido en unos de los intelectuales de referencia de la izquierda radical vasca por su formación y sus capacidades pero su fuerte tendencia hacia la escritura y el hecho de que, como él mismo dice en una ocasión, su vinculación con la izquierda radical vasca era más emocional que política, le hizo centrarse en su verdadera vocación que era la enseñanza y sobre todo la escritura. En sus comentarios se ve la crítica de las actuaciones, muy duras y continuadas durante ese año de los milis de ETA, y su apoyo a las tendencias más pactistas como la de los poli-milis. De esa manera no deja de lamentar que precisamente fueran los más proclives a la negociación con el Estado los que fueran asesinados por sus compañeros más radicales, alentando la sospecha de la confluencia entre las tendencias más militaristas de ambos bandos, ETA y el Estado, para mantener la lucha armada, unos con el objetivo utópico de una Euskadi independiente y socialista y otros con el objeto de utilizar el pretexto del terrorismo para controlar y disminuir los nacientes logros democráticos. Es un tema que alguna vez habría que analizar con acribia y desapasionamiento. Un nacionalista moderado como el autor no tiene inconveniente en resaltar un artículo de Sánchez Ferlosio que oponía con motivo de las celebraciones comuneras de Villalar de ese año los narcisismos alternativos de las nacionalidades como reflejos especulares del nacionalismo español. Huici, como lo más serio de las izquierdas vascas, siempre ha tratado de conjugar marxismo y nacionalismo, articulando la cuestión social con la cuestión nacional, en lugar de someter aquella a esta como ha sido la tendencia dominante hasta ahora de casi todas las corrientes que salieron de la constelación que giraba en torno a ETA.

Por último, la cuestión de la escritura. El texto es un diario, es decir, pertenece a un género literario específico. En el mismo se alude a diversas películas, obras de teatro y libros que fueron esenciales para él en esos años de formación en los que la lectura aparece como un refugio y la escritura como una necesidad; como un gusto convertido casi en obligación; como una disciplina necesaria. Las lecturas esenciales en ese año fueron Baroja, Flaubert, Pla y Umbral; más o menos las mismas que las mías, excepto la de Pla al que todavía no me he acercado, siendo su lectura una de las innumerables asignaturas pendientes que aún tengo. Comparto con el autor su devoción por Umbral al que yo también leí desde esos años hasta su muerte. Su estilo acerado y penetrante era capaz de abordar cualquier tema, banal o esencial, con profundidad y humor al mismo tiempo. La escritura, para Huici, no solo era un placer y una disciplina sino que le ayudaba a refrenar la velocidad del pensamiento por su menor velocidad en el tratamiento de los temas. Importantísima la alusión de Pla a la necesidad de conjugar los sustantivos y los adjetivos, especialmente para autores que como los filósofos, sociólogos e historiadores casi no usan adjetivos y mucho menos adverbios. Huici como escritor se confiesa como “más adicto a la copa corta que al trago largo”, cosa que se ve en su producción centrada en los cuentos y especialmente en los haikus, esos prodigios de concisión y profundidad en los que nuestro autor es un maestro.

Concluyo esta breve nota animando a la lectura de estas páginas a los de su quinta para que recuerden su juventud y a los más jóvenes para que se acerquen a esta crónica de la Transición escrita desde la observación participante de ese gran sociólogo y literato que es Vicente Huici».

UCLÉS ( y la cultura de la cancelación)

Vaya la que se ha montado con David Uclés. Y no tanto ni precisamente por su producción literaria, sino por la espantá que ha protagonizado al no acudir al ya famoso y finalmente suspendido ciclo de conferencias intitulado «1936: La guerra que todos perdimos».

Confieso que no he leído casi nada del chico de la boina. Lo intenté con su primer libro,el tan generosamente vendido La penísula de las casas vacías que me había pasado un amigo, pero no llegué ni a la tercera página: será que no me interesa este tipo de realismo mágico tan majico. Del por ahora segundo ,el galardonado Premio Nadal La ciudad de las luces muertas , un conocido y reconocido crítico se ha leído sus casi trescientas , concluyendo que es «un cúmulo de invenciones, agudezas o simples ocurrencias y las ganas de epatar pierden el efecto sorpresa buscado y la novela fatiga por reiterativa». Sin más, como dicen ahora los adolescentes.

Pero como decía, la actualidad de este joven escritor está marcada por su negativa a acudir al mencionado ciclo de conferencias, argumentando que no quería compartir mesa ni mantel con representantes de la derecha recalcitrante como el expresidente del Gobierno José María Aznar o el ex secretario general de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, porque se pretendía una equidistancia innoble ante la última guerra civil, al equiparar a vencedores y vencidos.

Y yo me pregunto si , en teniendo algo que decir al respecto- lo cual es mucho suponer- no hubiera sido mejor acudir y decirlo , ahora que se puede, con claridad y distinción . Porque marcharse épicamente haciendo mención al contexto es dejar vía libre al texto que , por otro lado, con toda legitimidad alternativa acaso se desea imponer.

Porque abstenerse en un caso como este , por mucho que se inspire en un desvahída cultura de la cancelación , contribuye al desprestigio del debate, al abandono de la confrontación discursiva, algo que está en la raíz de lo democrático y cuya supresión es uno de los principios estratégicos del autoritarismo iliberal que se intenta imponer bajo el modelo trumpista.

Pero , claro, para quien no ha conocido ni siquiera el tardofranquismo, todo lo anterior le debe sonar a realismo…¿ mágico?

(c) by Vicente Huici Urmeneta

1978 (Agradecimientos)

Hace ya dos meses desde la publicación de 1978, un testimonio diario y directo de la vida cotidiana, social, política y cultural de aquel año singular, desplegado entre los últimos estertores del franquismo y la ilusión de una incipiente democracia.

Ha habido presentaciones del libro ciertamente animadas, destacando las de Pamplona y Bilbao, pero ahora quiero manifestar públicamente mi agradecimiento a quienes lo han leído y particularmente a aquellos y aquellas que han tenido la delicadeza de enviarme sus comentarios y sugerencias: es en este diálogo que se abre entre quien escribe y quien lee en el que radica la cálida maravilla de la comunicación humana .

Entre los comentarios recibidos los ha habido privados, de amistades viejas y nuevas, unos más melancólicos recordando aquel año crucial, otros sorprendidos de los hilos ideológicos y políticos que movían aquel mundo.

Y también los ha habido públicos en esas grandes plazas mayores a fuer de algorítmicas que son hoy en día las redes sociales. Así los de mis queridos Miguel Sánchez-Ostiz ( «Un dietario excepcional «) o Tere Irastorza ( «Liburu ederra«) o el directo y sincero de Eduardo Laporte: «Tiene casi todo lo que le pido a un diario: cercanía, estados de ánimo, referencias culturales, descripciones de gentes y ambiente… Todo ello con una voz nada belicosa, sino más bien abierta, tolerante, con un punto de bonhomía que atrae. Muy recomendable«.

Por otro lado, han aparecido en diversos medios , y desde el primer momento, recensiones rigurosas como la que en su momento publicó mi querido colega Iñaki Urdanibia«El cuaderno negro del Peli» – , el espléndido apunte de Valentí Gómez i Oliver – «1978, de Vicente Huici Urmeneta» – o la más reciente y acertadísima de Jesús Ferrero, compañero de letras y entusiasmos desde la ya lejana adolescencia – «1978, el año axial «. Y sin olvidar a Paco Roda y su «1978, todo un año«.

Y , por supuesto, quiero asimismo hacer una mención especial a quienes desde el mundo del periodismo han dado cuenta de esta apuesta por la literatura memorialística y particularmente a Jesús Barcos, de Diario de Noticias que publicó una excelente entrevista al respecto : «La transición no fue tan pacífica. Entrevista «.

Gracias y muchas a todos y todas, por acompañarme en esta tímida aventura.

(c) by Vicente Huici Urmeneta

HAIBUN 4 ( Benetako bizitzak)

«Benetako bizitzak ez dira nobeleskoak» irakurri dut esku-programan.

Eta irteeran, taberna bateko izkinako mahai batean babesturik, paperezko serbilleta batean idatzi dut:

«Esaldiak kontraesanean jartzen du esaera herrikoia, bizitza batzuk eleberriak direla edo nobela baterako balioko luketela dioena.

Baina, gainera, amorragarria da XX. mendean zehar zabaldu den narratologiarentzat; izan ere, bertsio guztietan adierazten du ez dagoela bizitza historiarik narraziorik gabe, eta, beraz, ezin dela suposatu «benetako bizitzarik» bizitza kontatua baino lehen edo harago.

Beraz, «Benetako bizitzak ez dira nobeleskoak» esaldiaren atzean kulturarik falta edo besterik gabe xalotasuna dagoela pentsa daiteke.

Baina, gainera, «benetako bizitzaren» eta haren nobela-kontakizunaren arteko bereizketa horrek esentzialismo trakets metafisiko bat ezkutatzen du, autoritarismo politikoaren oinarri ideologiko gisa oso ondo egokitzen dena, pixkanaka inbaditzen ari zaiguna eta, berekin dakarrenagatik, errealitatearen eraikuntza sozialaren edozein bertsio mespretxatzen duena «.

Irten naizenean, ipar haizeak gogor jotzen zuen eta haiku hau bururatu zait.

Haize hotza eta
«haize hotza»… Eta non
egia, lagun?

-.-

HAIBUN 4 ( las vidas de verdad)

«Las vidas de verdad no son novelescas» he leído en el programa de mano.

Y a la salida, refugiado en una mesa en la esquina de un bar he escrito en una servilleta de papel:

«La frase contradice el dicho popular que precisamente afirma que algunas vidas son de novela o que valdrían para una novela.

Pero además resulta irritante para la narratología que se ha desplegado a lo largo del siglo XX, y que, en todas su versiones, afirma que no hay historia de vida sin narración, de manera que no se puede suponer una «vida de verdad» antes o más allá de la vida narrada.

Así que se puede suponer que detrás de la frase «Las vidas de verdad no son novelescas» hay incultura o simplemente candidez.

Pero además,esa distinción entre «vida de verdad» y su relato novelesco oculta un esencialismo torpemente metafísico que se acomoda muy bien como base ideológica del autoritarismo político que poco a poco nos está invadiendo y que desprecia, por lo que trae consigo, cualquier versión de la construcción social de la realidad».

Cuando he salido , arreciaba el viento del norte y se me ha ocurrido este haiku

Viento frío y
«viento frío»… ¿Dónde la
verdad, colega?

Touroum Bouroum – 13

Me ha llegado el número 13 de la revista  Touroum Bouroum– Revue littéraire semestriell en langues des Pyrénées et du monde, publicada en Baiona bajo la dirección de Lucien Etxezaharreta y que en su onomatopéyico nombre evoca el ruido de las torrenteras montañosas.

Y en efecto, un torrente de textos variados, escritos en lenguas tan próximas como diversas- euskera, francés, castellano, veneziano, aragonés…- se cuelan entre originales ilustraciones, sobresaliendo , entre muchas otras, las colaboraciones de Aurelia Arkotxa, Sèrgi Javaloyès, Itxaro Borda, Jonathan Tamayo o Marisa Gutiérrez Cabriada.

Pero, a decir verdad, ha habido dos escritos que me han interesado – y conmovido, todo sea dicho – particularmente.

El primero , Errua, de Mikel Agirreazkuenaga, sobre las dificultades y en ocasiones, perversiones, de la asunción de la culpa socio-histórica generacional: «Gaixotasunak ba du izena : nihilismo probintzianoa»…» Ez dirudi argitasuna, infantilismoa baizik./ Ez dirudi umiltasuna, masokismoa baizik./ Adimen kritikoa, autoflaglekazioa bihurtu».

El segundo, el cálido homenaje dedicado por Luigi Anselmi al común y querido amigo Txema Larrea, fallecido en el verano de 2018 – ¡ cómo pasa el tiempo!: » Y lo peor de la resaca no es la del alcohol, / sino de la muerte/ de la gente que amamos:/ Una borrachera ciertamente abominable/ que ni siquiera nos concede / el bálsamo del olvido…»

Un nuevo número, en fin, para hojear durante unas cuantas tardes de este riguroso invierno, levantando de vez cuando la mirada para contemplar ese repentindo claro azulado que se abre entre las oscuras nubes del horizonte…

Y esta página / iluminada por el / sol entre nubes…

Eta orrialde hau… /  argitua hodei arteko / eguzki horrek…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

EL PALACETE DE GETXO ( y mi abuelo Ataúlfo Urmeneta)

No sé qué hubiera pensado mi querido abuelo Ataúlfo Urmeneta, jelkide de primera generación, sobre el caso del derribo ilegal del palacete Irurak- bat (1845) en Getxo para la construcción de un bloque de viviendas de lujo con implicación directa de afiliados a un partido en el que militó – Urmeneta, abertzale sutsua! decía Napartarra- y por lo que fue represaliado.

Pero probablemente, como creyente católico – de misa, ángelus y rosario diarios- le hubiera parecido incomprensible desde su estricta moral cristiana, incompatible con tales negras especulaciones.

Y, como patriota, absolutamente inaceptable, en la medida en que supone la destrucción de una parte del patrimonio vasco y de un lugar relevante de la memoria colectiva de un pueblo.

Pero aquella severa moral cristiana parece haberse diluido cuando no desaparecido, y una buena muestra concomitante de ello es la desgraciada y especulativa gestión del Obispado de Bilbao en el barrio bilbaíno de Abando.

Y , por otro lado, la defensa del patrimonio y de la memoria colectiva no parecen ser motivos suficientes para la correcta acción política ,sobre todo entre arribistas que trampean con las leyes defendiendo sus propios y particulares intereses como si fueran de toda la ciudadanía.

Sí, probablemente mi abuelo Ataúlfo habría propuesto la expulsión inmediata de los afiliados implicados y la petición pública de perdón por una operación inmobiliaria ilegítima que hoy en día , en pleno siglo XXI, y como bien ha explicado el profesor Javier González de Durana, tiene además unas derivaciones muy peligrosas tanto jurídica como socialmente.

(c) by Vicente Huici Urmeneta

T.R.U.M.P. ( ¿payaso?)

Circula por las redes sociales una precisa imitación de Donald Trump llevada a cabo por el actor y comediante escocés Lewis MacLeod que destaca por reproducir fielmente la voz, el tono, las pausas y los gestos característicos del presidente estadounidense y que ya ha obtenido más de 14 millones de visitas.

Sin embargo, no todos los videos que circulan son iguales. Así el presentado por el canal chileno Tiempo 21 es muy extenso y trata de asuntos varios, llegando a proponer , por ejemplo, a Nigel Farage como Rey de Gran Bretaña.

Una vesión reducida puede verse en Threads, en la que MacLeod habla tan solo de las guerras que ha logrado detener hasta el momento.

Y por fin, Instagram ofrece un corte claramente censurado, pues elimina del relato las guerras anteriores, una posible guerra civil estadounidense – Civil War in America- sobre la que el imitador de Trump dice que todavía está trabajando – «I´ m working on that one the moment».

Ciertamente no es de extrañar esta última versión censurada pues a pesar de la excelente imitación de T. r.u.m.p. – algunos medios lo escriben así probablemente para evitar demandas judiciales – hay efectivamente atisbos de graves enfrentamientos civiles en la América del Golfo de América, sobre todo a raíz de la actuación arbitaria y violenta de esa guardia de corps tan particular que se acoge al groenlándico nombre de ICE.

En cualquier caso, que el presidente del pelo anaranjado se presente como un payaso hasta el punto de concitar sonrisas más allá de las risas enlatadas que acompañan a la actuación del imitador escocés, no deja de ser preocupante, pues recuerda un tanto a la percepción cómica que se tenía en un principio del grandilocuente Adolf Hitler o del hipergesticulante Benito Mussolini…

Y a lo peor no estamos ya para payasos…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

LUCES Y SOMBRAS ( por Valen Riaño)

(D.V.)

Vivimos tiempos de sombras amenazantes que se ciernen sobre lo hasta ahora conocido y hay cierta nostalgia de alguna luz del pasado que ilumine el futuro. Valen Riaño, activo miembro del Seminario de Escritura Creativa que coordino, ha dado cuenta de estas incertidumbres en este texto titulado Luces y sombras, en el que , por otro lado, parece evocarse a Peter Handke o a Junichiro Tanizaki:

«Me despierto con este mantra, pensando que todo tiene su pro y su contra, su bien y su mal, y donde hay algo, allá está su contrario.Y pienso en la confrontación y en la complementariedad, y esto y aquello.Y en el bien y en el mal. Y si uno existe es por su opuesto. En este lío me muevo. ¡Vaya despertar más travieso!…Sonrío en mi dislate.

Y ahora el negro y el blanco, la mentira y la verdad, la paz y la guerra. En vaya lío me he metido. Mi cabeza en el piñón fijo. Todo y nada.Y ¿por qué? Y ¿por qué no?

Y entonces releo una frase: “Las más bellas lámparas a veces son esas que encendemos, no para ver la luz, sino para ver la sombra”.

Luces que dan sombra en una misión extraña, en una contradicción.Y no alumbramos la oscuridad, sino que la creamos. Para vivir en lo oculto. Ruido y silencio, de nuevo la cantinela, pero esta vez con la intención.

Regodeándonos de nuestro martirio. Y fíjate, el masoquismo elevado al anhelo, casi a la necesidad.

Al final les vamos a dar las gracias a todos esos dictadores que nos hacen admirar la sombra de la realidad, buscando el otro lado de la moneda«.

(c) Valen Riaño

TRUMP (y la caverna de Platón)

Llevo ya una temporada viviendo en una dicotomía crítica que ha llegado al límite de la esquizofrenia ideológico-política con el segundo advenimiento a la presidencia de USA de Mr. Trump.

Pues que, por un lado, junto a la crónicas de los dichos plenipotenciarios y los hechos militares y paramilitares de este propagandista de una nueva unidad de destino en lo universal que se acoge a la consigna de MAGA (Make America Great Again), me llegan razonadas opiniones varias que tienen como hilo conductor la falta de respeto del leader de pelo naranja por el derecho internacional.

Pero, por otro lado, y por vías intermedias, me entero de que todo lo anterior, crónicas y opiniones, no forma sino parte del versatil y sutil aparato propagandístico del Imperio y sus acólitos , siempre preparado para despistar ,y que la verdad de lo que está ocurriendo tiene más que ver , con datos de profundis, con un radical cambio económico estructural ante la decadencia estadounidense, el ascenso de la República Popular China y la inoperancia europea.

Así que me encuentro un tanto como uno de los atados y bien atados congéneres que en el fondo de la caverna de Platón solo conocen lo que se les quiere proyectar como verdadero, y otro sí como quien entre tanto está oyendo a quien habiéndose desatado y salido de la cueva ha decidido volver a internarse para proclamar la verdad verdadosa que ha conocido en el exterior.

Y reconociendo que esta dualidad platónica está tan asentada en nuestra cultura- eso de que solo algunos conocen La Verdad y otros, la mayoría, permanecen engañados frente a ella- mi degenerada tendencia a la comprensión que no a la explicación como sociólogo del conocimiento en excedencia, me ha llevado a recuperar lo que ya expresaron Karl Marx, Émile Durkheim, Max Weber, o Karl Mannheim, y que es que la verdad se construye socialmente salvo que se tenga detrás algún guardaespaldas metafísico y su correspondiente profeta, y que solo es comprobable en función de la acción u omisión social que genere consecuentemente.

Por sus frutos los conoceréis, decía el evangelista Mateo en sintética síntesis, y atentos y atentas que deberemos estar, pues, sea que Mr. Trump se esfume en un impeachment por hartazgo hasta de los suyos, sea que el MAGA acabe siendo una consigna unificadora alternativa traducida ya como «Make America Go Again!»…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

GEOPOLÍTICA DEL MIEDO ( una mesa redonda)

EL Colegio Vasco y la  Asociación Vasca de Periodistas organizaron recientemente una sugerente mesa redonda sobre la geopolítica del miedo en Bidebarrieta Kulturgunea .

Comenzó el acto con unas palabras de la presidenta Amaia Goikoetxea en las que destacó la importancia del buen periodismo para abrir un «refugio seguro frente al caos, al desorden y a las inmensas posibilidades de intoxicación que propicia el lado oscuro de las nuevas tecnologías».

A continuación y bajo la moderación de Julio Flor conversaron frente a un numeroso público la vicepresidenta de Reporteros Sin Fronteras, Edith Rodríguez, el profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la EHU ,  Juan Soroeta así como Adrián Zelaia, presidente del Centro de Investigación EKAI Center y exdelegado en el Comité Asesor en Política Industrial en la Unión Europea.

Rodríguez apuntó el miedo de los profesionales de los medios de comunicación ante la reversión de la libertad de informacion que, en el contexto de regímenes autoritarios o progresivamente iliberales, condiciona gravemente la investigación periodística como ha ocurrido recientemente en la invasión de Gaza por Israel.

Soroeta situó el miedo social en el ámbito de la regresión del derecho internacional al albur de los intereses coyunturales de las grandes potencias, poniendo como ejemplo el caso del pueblo saharaui.

Por su parte, Zelaia alzó la mira y matizó que el miedo que en estos momentos se percibe debido a la inseguridad generada por los conflictos internacionales, desde Gaza hasta Venezuela pasando por Ucrania o Irán, es debido a la falta de comprensión de la evolución geopolítica de las últimas décadas en las que el equilibro generado tras la II Guerra Mundial se ha ido paulatinamente quebrando, dejando a la Unión Europea en un órsay progresivo, mientras la República Popular China avanza con su modelo de capitalismo comunista ante unos Estados Unidos de América en franca decadencia.

Conclusivamente , quedó claro que la reivindicación de la libertad de información, uno de los pilares de la democracia liberal, acompañada de la adecuada investigación , es acaso la base más sólida para conjurar el miedo colectivo que va extendiéndose globalmente como caldo de cultivo de un nuevo fascismo y que puede permitir la convergencia en una acción social resiliente.

Cabe dejar constancia asimismo, que sobre este encuentro tan pertinente planeó la sombra de mi querido amigo y colega Juanjo Álvarez, catedrático de Derecho internacional privado en la EHU y Secretario del Instituto de Gobernanza Democrática, uno de los propulsores del acto según Amaia Goikoetxea, y al que finalmente no pudo acudir.

(c) by Vicente Huici Urmeneta