
«…De poco sirve intentar salvar lo ajeno, siempre susceptible de ser abducido por la plusvalía política del caciquismo orgánico partidista, sin defender serenamente un barrio habitable, resistente a los intereses de quienes tan solo pretenden ocuparlo para sacar pingües beneficios sin importarles lo más mínimo la vida ciudadana»
No me he animado a publicar nada durante unos cuantos días, sumido en la murria que me han ido produciendo las noticias de los lares propios y lejanos.
Por lo que respecta a la piel de toro, todo ha devenido insulto y desprecio unidos a incultura y mala educación. Y tanto allende los mares como en el avispero de Oriente medio ya no se sabe si la impunidad es peor que la denuncia de la impunidad que tanta constatación de impotencia destila.
Pero…Pero ayer asistí a una asamblea de Abando Habitable, la asociación que lleva movilizándose desde hace varios años contra un macroproyecto urbanístico impulsado por el Trono municipal y el Altar diocesano, y volví a sentir durante un par de horas el vigor de lo comunitario, la fuerza del consenso proactivo de unas gentes de barrio que defienden en la práctica un bienestar ciudadano que otros y otras tan solo exhiben en las campañas electorales.
Cuando finalizó la reunión, acordada la continuación de la senda legal y también una serie de acciones de resistencia no-violenta, di un largo paseo dándome cuenta de que había comprendido una vez más que de poco sirve intentar salvar lo ajeno, siempre susceptible de ser abducido por la plusvalía política del caciquismo orgánico partidista, sin defender serenamente lo propio. Sin defender un barrio habitable, resistente a los intereses de quienes tan solo pretenden ocuparlo para sacar pingües beneficios sin importarles lo más mínimo los malos olores diurnos o los ruidos nocturnos.
Y ya en casa, he encontrado un libro en medio del suelo de mi estudio, Zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury, y al ir a recolocarlo en la biblioteca, me he percatado de que tenía una página marcada y un subrayado que decía :» Escribir es una forma de supervivencia. Debemos alzar las armas cada día, sin excepción, sabiendo quizá que la batalla no se puede ganar del todo, pero que cada esfuerzo ya significa una especie de victoria».
Y he escrito esto…
(c) by Vicente Huici Urmeneta








