
Ante la inminencia de la celebración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer,ha irrumpido una polémica sobre los actos habituales y , sobre todo, acerca de las ya tradicionales manifestaciones.
La ministra de Sanidad, Carolina Darias, se ha mostrado en contra de cualquier movilización con unas palabras contundentes – quizás hasta demasiado contundentes para una posterior matización- y , por el contrario, el grupo parlamentario de sus socios de gobierno ,Podemos, ha defendido el mantenimiento de todas las actividades propias de ese día.
Por otro lado, las organizaciones feministas, a pesar de sus contradicciones internas ( debidas mayormente a la progresiva distinción entre sexo, género y rol) han reivindicado mayormente las movilizaciones , señalando que, además, la pandemia está suponiendo un retroceso en los derechos de las mujeres, ya que muchas de ellas han debido retormar o, en su caso, incrementar, su dedicación al cuidado de terceros a cuenta de su vida personal y profesional.
La polémica viene, en todo caso, enturbiada por las interpretaciones acerca de las celebraciones del 8 de marzo del año pasado, que para algunas fuerzas políticas fueron la ocasión perfecta para que se desatara, precisamente, la pandemia del COVID-19: según parece, VOX pretende dedicar ese día a «la memoria de los muertos».
Pero más allá de esta última deriva, un tanto esperpéntica, con la polémica, que , como todas, es buena – «No ha de estimar al que nunca se opone, que no es señal de amor que le tenga, sino del que él se tiene», que decía Baltasar Gracián – se está poniendo en evidencia un nuevo encontronazo entre lo sanitario y todo lo demás, ya un tópico en la gestión global de la pandemia.
Pues hay circunstancias, como las que estamos viviendo, en las que, como dice el refrán , «aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid», se pretende, consciente o inconscientemente – eso lo sabrán quienes detentan el poder- limitar derechos duramente obtenidos tras largos años de lucha, arguyendo simplezas de un supuesto sentido común que, como es muy bien sabido, suele ser el menos común de los sentidos, a fuer de muy interesado.
Y si continuamente se pueden observar movilizaciones de trabajadores y trabajadoras contra los ERTES o los ERES, o contra las precarias condiciones de trabajo en el mundo sanitario o en las residencias de mayores, o de la hostelería y la restauración, o de los y las pensionistas, por no hablar de las ocasionadas por la prisión del rapero Hasél…¿Por qué no deberían manifestarse las mujeres en la celebración de su día, si lo hacen cumpliendo todas las normas de profilaxis y distancia social vigentes?








