
Luce una mañana luminosa y voy paseando alegremente por Abandoibarra como si formara parte de la Monty Python. Poco antes de subir hacia el Palacio Euskalduna , una bicicleta me pasa a toda velocidad por la derecha atravesando el estrecho espacio que queda entre el que suscribe y la barandilla que da sobre la ría.Me sale un exabrupto ( moderado) que es respondido con una higa por el ciclista que, por otro lado, va bien pertrechado con casco y rodilleras.
Suspiro y subo hacia la escultura titulada «Sitios y lugares»- popularmente» los kaikus»- de Ángel Garraza y he aquí que me encuentro con una patrulla a sotavento enfilada hacia el macro-hotel del parque. Me acerco, llamo a la ventanilla. El número se sorprende y deja de leer el periódico. El diálogo es más o menos como sigue:
– Egun on…Mire, acaba de pasarme una bicicleta a medio metro y a toda leche por ahí abajo…¿No decían en ese periódico que habían comenzado ustedes una campaña de control sobre el uso de las bicis?
– ¡Ya! Pero claro, luego dicen que reprimimos…
– Entonces …¿Tengo que ser yo el que «reprima» como dice usted?
En este punto, el número que acompaña al conductor interviene con voz autorizada: «Bueno, podemos tomar nota de la incidencia». Y yo: «Me parece bien, pero no estaría de más que giraran el vehículo y salieran a echar una ojeada de vez en cuando…»
Cruzo el semáforo y me interno en el Parque. El fluir reposado de las fuentecillas me sosiega mientras continúo caminando, que es lo mío. Pero cada cierto tiempo me doy cuenta de que niego con la cabeza. Cualquier día de estos nos prohibirán pasear, porque una bici, como ya ha pasado en otras ciudades, se habrá cargado a un tranquilo viandante.
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