
«¡Txiki ,Otaegi, el pueblo os salvará! gritábamos en manifestaciones de las que ya casi nadie se acuerda o que algunos prefieren olvidar.
Pero no, el pueblo no los salvó y el 27 de setiembre de 1975 , hoy hace cincuenta años, fueron fusilados junto con los militantes del FRAP José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y Humberto Baena, en un último golpe de autoridad de un Francisco Franco ya senil.
Pero como decía, aplicando el dicho a otra cuestión, mi abuelo jeltzale Ataúlfo Urmeneta, «abertzale sutsua» según Napartarra, La Verdad aparece como una bella virgen, pero cuando te acercas resulta insoportable su fétido aliento.
Y tal parece que esta ocurriendo en el cincuentaavo aniversario de estos crímenes de Estado, pues tirios y troyanos reivindican una única y contrapuesta Verdad sobre unos muertos que, como es lógico, ya no pueden hablar ni, por lo tanto ,defenderse.
Pues , cumpliendo las previsiones de Henri Bergson y Maurice Halbwachs, unos y otros configuran una memoria selectiva , individual y colectiva, según los intereses de hogaño , reforzando un relato sobre el significado de lo que ocurrió antaño.Y así ,hay quien los ve como antifranquistas pero no como revolucionarios, como revolucionarios independentistas, como inocentes separatistas, como simples delincuentes y hasta tal que brutales y psicópatas asesinos
Pero en el fondo,y una vez más, está la cuestión de la naturaleza de ETA, organización en la que militaban los susodichos, asunto sobre el que se continúa opinando en muchas ocasiones sin mayores profundidades, eludiendo el contexto histórico y las sucesivas condiciones y coyunturas sociopolíticas.
Lo cual lleva a no comprender este fenómeno armado en el sentido weberiano, y a tener que escuchar simplezas como » ETA nunca tenía que haber existido» que no deja de ser un brindis al sol , pues también y con la misma contundencia e inanidad se podría decir » La dictadura franquista nunca tenía que haber existido».
Y ante esta falta de rigor intelectual y político, y a pesar de algunas evocaciones sinceras por claras y distintas, no queda sino apartarse de cualquier fétido aliento y recordar una vez más aquello del Quousque tandem abutere patientia nostra?
(c) by Vicente Huici Urmeneta








