
Se lamenta Pepe Carvalho, el detective pergeñado por el sutil Manuel Vázquez Montalbán, en su obra postuma – Milenio Carvalho– de que «los dioses del pasado tuvieran la fea costumbre de aparecerse en los desiertos».
Y tal parece que nos está aconteciendo en estos tiempos, pues en el desierto psicológico y social que avanza al par de la pandemia del COVID-19, se van oyendo voces de los dioses de hogaño, que no son sino los expertos en esto o aquello, sacerdotes que ni siquiera profetas de nuevas religiones.
Y así lo mismo se advierte de que no estamos preparados para las consecuencias de una tormenta solar o el impacto de un meteorito – estos no se han recreado con Bruce Willis en Argameddon– o de que la economía no está preparada para otro confinamiento o por fin, de que el desplome del PIB – siglas macroeconómicas esotéricas- nos lleva a la mayor crisis económica del milenio.
Por otro lado y en paralelo tono, otros profetas, tan bienpensantes como buenistas, auguran el fin de un modelo económico basado en la explotación global de tierras y humanos,avisando de que la Nueva Normalidad no será parecida ni similar a la Vieja.
Pero como dijo un ilustre filósofo representante del por aquí desconocido pragmatismo norteamericano y de cuyo nombre no me puedo acordar, los argumentos mayores de los ortodoxos milenaristas de cualquier género,aun en siendo rechazados por la mayor e incluso por cierto sentido común resiliente, se convierten pronto en comportamientos tácticos tan puntuales como indicativos desde las manos del poder realmente existente, económico a fuer de político, y, por ejemplo, la combinación de las profecías anteriores en apocalipsis de bolsillo ya comienza a desembocar en despidos masivos y cierres macro y micro patronales.
Y aunque todavía no está ni se le espera, el esfuerzo de reconversión de lo que acaso no sea sino un cambio de ciclo, uno más a los que nos tiene acostumbrados el capitalismo, pronto se manifestará en ajustes productivos ,presupuestarios y fiscales,bajo el paraguas de ese nuevo Plan Marshall europeo que ,todo modo, exige precisamente esos ajustes…¿Apocalipsis de bolsillo o Apocalipsis del bolsillo?








