
Los tiempos electorales son propicios para las promesas, pues no tendría mucho sentido convocar a la ciudadanía para ofrecerle más de Lo Mismo.
Sin embargo, cuando lo que ha desaparecido es precisamente Lo Mismo a causa del paréntesis de la pandemia , no resulta fácil ofrecer grandes novedades.Más bien se tiende a postular la recuperación de la dinámica de Lo Mismo y tanto más cuando tras el fantasma de la muerte biológica, un nuevo fantasma recorre Europa – y el mundo : el fantasma de la crisis económica.
Y el problema de ofrecer la recuperación de Lo Mismo y con urgencia, ciega cualquier reflexión sobre la catástrofe vivida y sus circunstancias.
De manera que más allá de medidas tácticas, directas e indiscutibles, como el fortalecimiento de un sistema sanitario público que se ha visto colapsado o la revisión de la política social de residencias de mayores, en donde se ha producido el 70% de las muertes, poco más se ha alzado la mira estratégica.
Y, consecuentemente, poco o casi nada se habla de un modelo productivo que precariza a los trabajadores e hipoteca el futuro de los jóvenes, de un sistema educativo que se balancea sin mucho equilibrio entre lo público y lo privado… o de un PIB que se quiere incrementar con la receta obsoleta de un turismo masivo que ya ha arrasado muchas ciudades y pueblos, llenando los bolsillos de los consorcios multinacionales.
Pero, incluso yendo a lo más próximo, tampoco se ve mayor contradicción entre proclamar un nuevo rumbo de política energética más ecológico y reafirmarse , a la contra de las nuevas tendencias, en proyectos urbanísticos mastodónticos, de altas torres y enormes sótanos de garajes, celebrando el resurgir de la la construcción , la actividad industrial más especulativa y fiscalmente más opaca.
Y así parece que la recuperación de Lo Mismo , formando parte de la Nueva Normalidad , es la cuestión pendiente, pues aquí no ha pasado nada, y ahora paz y después gloria…








