EpC: Cómo hacer para que te presten atención

Es posible que si usted fue educado en época predemocrática, todavía confíe en el poder de la palabra de una sola persona para mover a las masas a su antojo, como los bebés intentan mover los objetos a voluntad por medio de la mirada, lo que traducido en hechos le hará probar abrirse paso entre la multitud exclamando el anticuado ¡Por favor! antes de tomarse la molestia de desplazar su volumen sirviéndose de patadas, codazos y empujones, de rogar el trasnochado ¡Silencio! hasta quedarse afónico cuando desea dirigirse al gentío e incluso hacer acopio de grandes dosis de la caduca ¡Paciencia! para que le atiendan debidamente sus demandas sea ante un funcionario o una operadora de atención al cliente de Timofónica. Pero para algo he modificado los materiales de la asignatura EpC, de modo que atienda los casos que a continuación le presento, si es que verdaderamente pretende que se le haga caso en esta Era de Postmodernidad.

Se suele definir al hombre – más que a la mujer – como animal racional, en cualquier caso queda claro que sobre el primero de los términos no tenemos duda alguna y en consecuencia como tales deben ser tratados y del mismo modo que los actos reflejo nacen en la médula espinal sin necesidad de que intervenga el cerebro, así hemos de procurar que sea la pronta respuesta de nuestros semejantes – fórmula de cortesía – a nuestros requerimientos, cosa que antaño podía entrañar cierta dificultad que requería de ciertos conocimientos psico-sociológicos, pero que gracias a lo extendida que está en el espacio-tiempo las técnicas de manipulación mediática en aras del consumo por medio de la publicidad, la situación es favorable para que cualquiera pueda aprovechar de inmediato los beneficios que se siguen de su aplicación.

En el primer caso, nos hallamos por ejemplo intentando salir de un bar abarrotado de gente con una copa de vino en una mano y en la otra un pincho de tortilla; El modo antediluviano de pedir paso consistente en ¡Por favor! ¿me permite? y similares, es evidente que no funciona, entre otros motivos porque ¿A qué objeto esa gente que está disfrutando relajada de su momento puntual de felicidad ha de interrumpirlo para que usted cómodamente haga lo propio con el suyo? ¿Qué derecho asiste a una persona que desea que todos los demás se incomoden para su único beneficio? Estas impresiones mentales enviadas sutilmente por miradas esquivas a su paso son proyectadas sobre usted al extremo de que se ve forzado a pedir perdón según va avanzando, cuando lo hace…¡Olvídese de esa educación apolillada! Empiece a aplicar los nuevos métodos conductistas versados en la observación científica del comportamiento humano. En este caso en concreto, lo apropiado es echar mano del instinto básico de todo animal de evitarse un mal próximo; A tal efecto, no vale gritar ¡Fuego! que es lo que se recomienda para que la gente se asome a la ventana cuando te veas amenazado de noche en la calle, dado que chillar ¡Socorro! ¡Auxilio! precisamente provoca la respuesta contraria, aquí lo más apropiado es proferir sin demasiado énfasis ¡Cuidado que mancho! Fórmula que he ensayado con éxito en infinidad de situaciones y jamás me ha fallado.

Para ilustrar la segunda situación, podría valer querer tomar la palabra en una asamblea de vecinos: hoy levantar la mano para que un moderador te conceda hablar, es tanto como declararte públicamente de parvulitos que necesita que la seño le permita ir al baño…lo que se lleva es ponerse a gritar como hace el resto y no parar hasta que los demás cedan ante tu chorro de voz; Mas como quiera que los espíritus refinados, tranquilos, tímidos o retraídos sean incapaces de amoldarse a estas técnicas austrolopitecas, aquí les ofrezco la solución a sus remilgos. ¡Déjense de pedir silencio! En su lugar, les recomiendo valerse del segundo instinto primordial de todo bicho viviente, cuál es, atender a toda posibilidad de hacerse con un beneficio inmediato. Para ello, usted no precisará más que exclamar una sola vez y no demasiado alto, la siguiente pregunta ¿Se le ha caído a alguien estos cincuenta euros? También esta técnica ha sido probada con resultados siempre positivos en cualquier tipo de reuniones, desde las deportivas hasta las de APAs.

Una tercera oportunidad para probar estas estrategias nos la brindaría, por ejemplo, estar delante de una ventanilla del Exmo. Ayto. para tramitar un permiso de obra; Esperar diligencia, prontitud de respuesta y similares es demasiado para nuestra administración, podemos darnos por satisfechos con que no se nos diga aquello de ¡Vuelva usted mañana! o su actualización ¡No funciona el ordenador! En esta tesitura, no hay nada como apelar a la costumbre de escuchar conversaciones ajenas combinada con el instinto de supervivencia. Así, acuda al mostrador provisto de un móvil, y mientras el funcionario de turno le hace esperar, usted mantiene el siguiente monólogo “ te he dicho que ¡No! No hay conciliación…¡Me da igual que le echen a la puta calle! Yo me he tenido que joder…denunciarle, ir a juicio…ahora que cumpla la sentencia…que me hubiera atendido debidamente…” Y entonces comprobará su reacción, que bien por temor, bien por ahorrarse un mal rato, suele ser habitual que imprima a su labor un ritmo más rápido y servicial de lo que es su costumbre.

Podría continuar hasta la saciedad comentando como aprovechar la superstición, el espíritu de competición, la envidia, la codicia…de los sujetos de los que queremos atraer su atención, pero creo que ya tienen bastante para probar su eficacia. ¡Ya me contarán!

2 comentarios sobre “EpC: Cómo hacer para que te presten atención”

  1. Son de agradecer estas fórmulas de carácter práctico. Sobre todo la primera y la tercera las encuentro de gran utilidad. la segunda la veo un poco más difícil de immplementar, porque el cajero de mi caja, cuando le pido cincuenta euros me da dos billetes de veinte y uno de diez.

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