Final Injusta

http://www.youtube.com/watch?v=17iAvDJ7gKw

Llevo treinta y pico años ufanándome de ser del Athleic “sólo cuando gana” para evitarme disgustos. Pero la ilusión futbolera debe ser más contagiosa que la gripe funcionaria que se coge al primer anuncio de Couldina y resulta que el pasado Miércoles me he llevado a la cama la tristeza de todo un pueblo derrotado ¡No por el infortunio! Sino por la injusticia. ¡Como lo oyen!
No es justo que dos equipos que tan necesitados de alegrías como son el Athletic de Bilbao y el Atlético de Madrid, tras una temporada de ¡Aupa! Tengan que jugársela a un cara o cruz para que las televisiones hagan negocio con los sueños de sus seguidores, por no hablar de las agencias de viajes, que cuando menos podían devolver a los perdedores el importe de su billete para que así perdamos todos y no únicamente los aficionados que por culpa de los políticos se han adquirido muy malas costumbres.
Tampoco es justo que siendo rojoyblanca la indumentaria de ambos equipos sólo uno de ellos tenga el placer de competir con sus colores. Este factor pudo ser psicológicamente determinante, pues todo el estadio parecía apoyar a un solo equipo, cuando en el campo había dos. ¿Por qué no se podía haber jugado los dos equipos con su vestimenta habitual? O en su defecto ¿No podrían haberse turnado de rojoyblanco el primer tiempo uno y el segundo otro?
Muchas veces escucho decir eso de ¡El fútbol es así! Cuando lo que se debería exclamar es ¡El fútbol es injusto! No sé, creo que podría introducirse ciertas medidas equilibradoras durante los partidos como expulsar al jugador que marque gol o acortar en 10 cm la anchura de la portería por cada gol encajado, para reducir las diferencias entre los competidores para hacer la justa, ¡eso! Más justa.
Por último, antes de que me cabree más leyéndome según escribo, durante toda la puta semana hemos estado oyendo dale que te dale que es una final española, entre dos equipos españoles, España p aquí España pa ca…pues si es tan española, lo justo sería que anulasen los goles metidos por extranjeros y que descalifiquen al Atlético de Madrid
Por otra parte, como dice mi amigo Miguel Ibarra, ha sido toda una temeridad pretender sacar la Gabarra ante Neptuno.

2 comentarios en «Final Injusta»

  1. Ja, ja,ja, Nicola.
    Yo soy del Athletic hasta cuando pierde (romanticismo vs sentimentalismo), aunque por aquello de las inteligencia emocional, que es la única que me adorna, no sufro demasiado en las derrotas, pero disfruto como una loca con todo lo demás del Athletic, con el calor de la gente, la alegria natural, los gestos espontáneos de amor por el equipo y de orgullo por nuestra esencia, por mantener ésta a pesar de las zancadillas ( o quizás precisamente por eso: te sientes diferente y eso te une a todos los que son como tu), por tomarnos con humor todas las fanfarronadas que se nos ocurren sobre cómo gastaremos la piel del oso que aún no hemos cazado, y tantas otras emociones atropelladas, pero compartidas.
    Los que no somos muy gregarios, como es mi caso, encontramos en el Athletic el vínculo mas fuerte con los demás, cuando «los demás» son todas esa masa desconocida que hasta podría ser hostil…si no fuera del Athletic.

  2. A cuenta de que Fernando Llorente, futbolista de élite, se haya negado a prorrogar su permanencia en el club en las condiciones propuestas por el Athletic – al que está vinculado desde hace 17 años – se ha desatado en alguna prensa local un clima de angustia que en poco se diferencia de la zozobra que ya arrastraba a cuenta de la crisis económica, o a mí me lo parece, cuando menos.

    Algunas frases que se pueden leer sobre el asunto son:
    – «cañonazo a la línea de flotación del Athletic.»
    – «dramática decisión por lo que supone de golpe sobre la clave de bóveda de la institución.»
    – «el club está por encima de cualquier jugador.»
    – «el Athletic no se perfila por el elenco de actores sino por las escrituras sagradas de su filosofía, un legado intocable de un árbol de 114 años de historia.»

    Igual hay que leerlas con sentido del humor y tomarlas sólo como «fanfarronadas» ligadas a algo tan etéreo como «el orgullo por nuestra esencia» al que apelan algunas personas.

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