Asaltadoras mentales

El carisma no existe, es una mágica invención del poder y la religión. Como tampoco existe el liderazgo, otra entelequia para envolver de fascinación el ejercicio de la autoridad. Con estas farsas se han construido muchas tragedias humanas. En la realidad, donde la admiración tiene límites racionales, unos mandan y otros obedecen, con buenos y malos jefes, dentro de invariables estructuras piramidales. Causa risa que haya cursos de liderazgo y gurús que imparten conferencias. De estos asuntos también tratan las historias de la tele, las películas y no pocos libros. Ahora mismo hay dos series sobre la falsa capacidad de atracción de unas personas sobre otras con fines de curación.

La nueva temporada de Nine perfect strangers, oficiada por Nicole Kidman como gurú de la psicología para la sanación mental, coincide con la emisión de Matices, producción española que encabeza Elsa Pataky, cuyo papel se asemeja al de la australiana en su afectación. Coinciden en su elitismo, pues escogen a sus privilegiados pacientes, nueve con Kidman y seis con Pataky, que acuden con sus traumas y tormentos a recintos de gran lujo, un hotel en los Alpes austriacos o una bodega perdida en el paraíso. Una utiliza drogas sofisticadas y otra, simplemente, vino de reserva.

El modelo de los dos relatos es idéntico en su propósito de penetrar, uno por uno, en las almas afligidas de los personajes. Y así una historia se desparrama en varias, pero siempre centrifugadas por un único espíritu hechicero, que manipula a su antojo porque los pobres ricos creen poder comprar la superación de su victimismo. Las dos son exquisitas producciones, una de Hulu (autora de El Cuento de la Criada) y otra de Secuoya, para un público numeroso que aún cree en fantasías y mitos de salvación milagrosa.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

La indigestión del plato único

Antes de los bulos ya existían las encuestas. ¿Dónde está Narciso Michavila, que vaticinó la mayoría absoluta del PP-Vox en las últimas elecciones generales? Escondido en algún rincón del mundo. Hay una demoscopia honesta, por supuesto; pero sus sondeos no suelen ser públicos y se manejan en organizaciones para afinar decisiones estratégicas. La patronal de las teles privadas, UTECA, encargó no hace mucho una investigación que señalaba que siete de cada diez ciudadanos se informaban preferentemente en los noticiarios de televisión. Tengo mis dudas, porque apesta a propaganda.

El problema está en un segundo dato, que apunta que casi la mitad de esa gente consume noticias exclusivamente por la tele. Si ese dato tuviera certeza, la influencia de los telediarios en los votos sería decisiva. ¿De verdad? También aquí tengo mis dudas. Lo cierto es que estos millones de personas constituyen un grupo vulnerable, por su bajo pluralismo y fragilidad informativa. Su libertad de criterio está en peligro y expuesta a dogmatismos de todo signo. Son ciudadanos en riesgo de exclusión democrática, más allá de la pobreza y la falta de oportunidades.

Los que se nutren solo de noticiarios de Antena 3, líderes absolutos desde hace más de cinco años, corren el riesgo de saturarse de ponzoña ultra. Algunas cadenas, como Telecinco, compensan esa merma. Las emisoras públicas equilibran las privadas, las autonómicas contrarrestan las estatales y las locales completan la cercanía de las regionales; pero lo mentalmente sano es el surtido informativo y de opinión que incluya periódicos, radios y, sobre todo, libros para tener una visión crítica de la realidad. Aviso a navegantes de Antena 3 conducidos por Vicente Vallés: no habrá elecciones anticipadas en tanto la economía vaya bien. 

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

El silencio mata

¿Qué clase de persona es quien carece de imaginación? Alguien así sería como un canal de televisión sin ficción propia. O como un país sin historias. Para alcanzar esa dimensión se necesita invertir en talento con horizonte de rentabilidad. Es lo que le falta a EITB en su oferta de series y relatos de creación propia. Y no, no vale solo con apoyar el cine. Sintiendo esta carencia, ha emprendido la experiencia de Desaparecido/Desagertuta, con la participación de Netflix y el crédito de Elkargi, incluso con publicidad emplazada, muy forzada. Todo parece indicar que, por guion, producción, reparto y respuesta del público, ha sido un acierto.

Desaparecido/Desagertuta, de ocho episodios, tiene un excelente libreto, escrito por Xabi Zabaleta y Marta Grau, que posee la capacidad hipnótica del misterio, sencillamente porque Jon, uno de los siete miembros de una cuadrilla de adolescentes, ha desaparecido en el monte tras una excursión con sus amigos y amigas. Ocurre en Euskadi y en una localidad interior, como podría ser cualquier otra, verde y trabajadora, vitalista y de muy vasca emocionalidad. Como hay pocas cosas que provoquen más angustia que una desaparición sin rastro, nos sentimos atrapados por lo que sucede y por los silencios. ¡Ay, el silencio mata!

Vemos a algunos de nuestros mejores actores: Itziar Atienza, como inspectora de la Ertzaintza; Gorka Otxoa, como padre desesperado, y también a la cantante Leire Martínez. Hemos conocido lo que nunca: su estreno mundial en la plataforma de streaming Primeran. Y un doble rodaje, en euskera y castellano, opción poco eficiente, pues duplica tiempo y recursos, pero preserva el valor de cada idioma sin relegarlo a subtítulos. Este es el audaz modelo de ficción que necesita ETB para completar la realidad de Euskadi.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Un gran periodista se jubila

Una televisión pública de un pequeño país es información e identidad, un sistema de autorreconocimiento y autodefensa frente a vecinos más fuertes. La cadena oficial de Euskadi reúne estos valores y los amplifica por su dualidad lingüística, su hipersimbolismo, su radical pluralismo político y, además, por el sufrimiento y la violencia de cuatro décadas. Para un profesional nada es igual aquí que en otro canal de cualquier país: el orgullo es mayor y los retos, más difíciles. Jose Ituarte, la imagen vasca del deporte, se acaba de jubilar después de más de treinta años de destacada carrera en ETB2, de la era analógica a la digital. 

Ituarte es un hombre moderado y ecuánime, ajeno a los extremos y con eso ha sabido mantenerse como conductor deportivo en un país adicto a las peleas banderizas. Ha toreado las infantiles trifulcas de nuestros equipos de fútbol y sus estúpidos complejos. Somos una nación foral donde, demasiadas veces, cada herrialde va a lo suyo. ¡La de disgustos que soportó Ituarte, acusado por las partes de favorecer a hermanos rivales! Ha sido misión histórica de EiTB canalizar las divisiones provincianas y evitar rupturas sociales. Ituarte cargó con esta tarea haciendo equilibrismos y modulando las posiciones de clubes y afilados opinadores. Si estás en medio recibes palos de ambos lados.

Una televisión pública es una gran familia, 1.200 de plantilla en EiTB, un poder indispensable de autogobierno, pero con viejos males, como el control de la izquierda abertzale en redacción y técnicos con su merma democrática y la dificultad de abordar el relato terrorista. En esta complejidad ha trabajado honrosamente Jose Ituarte, que renunció a ser estrella mediática. Era como de la familia, cotidiano y querido. Un tipo cabal y serio. Eskerrik asko!

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

La España que roba y calla

Hay dos Españas y no son la roja y la azul, tampoco son “una España que muere y otra que bosteza” machadianas. Ahora son la España de Revilla, que muestra su desencanto borbónico, y la España de Feijóo, que alaba el legado del emérito pese a su indecencia. Y como “la justicia es igual para todos”, Juan Carlos le puso una querella a Revilla por decir cosas gordas sobre él que son ciertas, reales para ser exactos. Estas dos Españas, cañí y cainita, se pelean ahora en un juzgado. ¡Qué espectáculo cutre pero elocuente, ver al heredero de Franco arremetiendo contra el veterano pregonero de las anchoas y los sobaos! Con este duelo a garrotazos Goya firmaría una de sus mejores pinturas negras.

Revilla es un adicto a la tele, habitual de La Sexta, con plaza fija en El Hormiguero y se apunta a un bombardeo si se televisa. Dice que no cobra caché a cambio de hablar a su antojo. Nos ha contado que el Borbón fue su ídolo hasta que se conocieron sus fechorías. ¿Nos quiere hacer creer que nunca antes tuvo noticias de los chanchullos del monarca? Revilla, que no calla, se calló, del verbo callar y, cuando no había remedio, cayó, del verbo caer, en la cuenta. Ya era tarde. Con su silencio de entonces encubrió el lucro ilícito del rey, sus delitos fiscales, su eficacia como comisionista, su oscuro papel en el 23F y de cómo el Estado le pagaba las conejeras y los chantajes de sus amantes.

El emérito retirará la querella antes del juicio, pero su amenaza quedará flotando mafiosamente. Todo seguirá igual mientras no se suprima el privilegio de la inviolabilidad que permite al jefe del Estado saltarse cualquier ley. Revilla llora, pero cuando ocupaba el poder calló, del verbo callar. Revilla y su España van de víctimas, pero son culpables de un antiguo y vergonzoso mutismo.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ