ETB y el exilio

Quizás exista un registro actualizado de los vascos residentes en Madrid, que pueden ser miles. ¿Lo tiene la Euskal Etxea de allí? No pocos de los que emigraron trabajan en las cadenas de la capital tras iniciarse en la radiotelevisión vasca. Y son famosos. Están Carlos Sobera, Iñaki López, Ane Igartiburu, Emma García, también Iker Jiménez. Y Silvia Intxaurrondo. Son incontables los guionistas, realizadores y ejecutivos euskaldunes. Y ahora, nuestra Adela González se ha ido al destierro de Telemadrid a presentar La Redacción, un ameno magacín de tarde, esa hora que tanto le gustaba en Euskadi y en la que triunfó durante felices años.

            Doy por hecho que Adela cautivará a los espectadores madrileños. Pocos saben del esfuerzo profesional y emocional que hace cada día para ser la más entregada en la tarea de entretener e informar. Porque tiene el corazón roto en mil pedazos tras perder hace poco a su hija de 8 años por un cruel cáncer. Y allí se planta ella en el plató, como una heroína, a seguir con su vida y su labor. Deja cinco días a la semana, más de veinte al mes a su otro niño, su familia y su casa de Bilbao para cumplir un cometido que ETB le ha negado. ¡Maldita sea, esto no se hace! Cuando más apoyo necesitaba y era más urgente una oportunidad de recuperación y cercanía, los rectores de nuestra televisión la han forzado al exilio. Me siento abochornado.

            Trabajar en Madrid, bien lo sé, es ir a cuchillo. Lo último es el despido del guionista catalán Bernat Barrachina (¡honor para él!) por ser autor de un irónico e ingenioso rótulo insertado sobre la imagen de la heredera. “Leonor se va de España, como su abuelo” es un retrato absoluto de la democracia hispana. Rosa María Mateo, tan caducada en RTVE como Carlos Lesmes en la judicatura, ha ejercido de Torquemada. Qué desgracia de país que llora por no reír.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Catalunya y la libertad

La ciudadanía catalana habló ayer alto y claro. Y el resultado, con una mayoría independentista del 52%, superior a la que ya tenía, expresa la dimensión del problema político que existe entre España y Catalunya y en la propia sociedad catalana. ¿Qué se debería hacer para afrontar y resolver este conflicto histórico? ¿Cuáles son las prioridades?

En mi canal Youtube «Puente de 3 minutos», expongo mi parecer.


El infinito dolor de los niños

Les cuesta admitirlo, pero hoy los escritores piensan en pantallas al crear sus historias y sueñan verlas hechas películas o series. Es el transgénero artístico. La gente de comunicación decimos: “No se habla como se escribe, ni se escribe como se habla”. De ahí que las adaptaciones al cine contengan diálogos alambicados. La ventaja de Albert Espinosa es que fue cocinero antes que fraile: la televisión llegó primero y los libros después. Así su serie Los espabilados se parece poco a Lo que te diré cuando te vuelva a ver, la novela de origen. Movistar+ la emite en siete episodios de media hora. Todo en Espinosa es breve, aunque denso en emociones e ideas, porque para él los relatos no son pasatiempos sino ventiladores de almas. Estamos ante un producto genuino y de obligada visión dedicado “a la lucha de tantos niños encerrados injustamente en el mundo”.

Los espabilados son una cuadrilla de cuatro chicos y una chica que escapan de un psiquiátrico de Menorca, allí internados por sus tentativas de suicidio. Entre ellos no están Izan, el joven sordo de la novela, y su padre, buscador de niños, romántico oficio. Muchas cosas hermosas suceden en la huida, metáfora de libertad de los chavales aislados en centros de tratamiento. No existe dolor humano comparable al terror de un niño abandonado. Espinosa pasó por hospitales cuando tuvo cáncer muy joven y vio que había mucho que contar, sublimándolo. Hay amor radical, expresado así: “No puedo vivir sin ti./Sí que puedes./Sí, pero no quiero”.

Rodar con menores es complicado, un reto que Albert ha resuelto siempre con éxito, sobre todo en sus célebres Planta 4ª y Pulseras rojas. Alguien tenía que tomar la bandera de los niños, sus heridas y esperanza, su voz. En la culminación, a modo de moraleja, te propone: “Buscaría menos y me dejaría encontrar más”. Pues espabila.


El gazpacho escocés

Euskadi es un escenario de cine. Alex de la Iglesia rueda en Bilbao El cuarto pasajero, su próxima película, veintiocho años después de su ópera prima y tras malgastar en excesos sus 30 monedas. Estos días en playas y parajes vascos están apareciendo huesos y restos humanos relacionados con crímenes impunes, lo que ha desatado la imaginación popular. Un asesinato no resuelto es una herida en la memoria colectiva, una mancha para la policía y el caldo de cultivo para novelas y relatos. El Ayuntamiento de la capital vizcaina, como Nueva York y París, cuenta con un área especializada en facilitar los rodajes por su alto valor publicitario y económico. Así que estos casos misteriosos aportan inspiración y reavivan nuestra atmósfera cinematográfica.

            ¿Y qué ocurre si el criminal resulta ser tu delicado hijo? En este drama personal ha penetrado la serie Your Honor, de lo mejor de la actual temporada, producida por la CBS y emitida por Movistar+. Un juez compasivo de Nueva Orleans se enfrenta a la contradicción moral de proteger a su hijo adolescente que ha atropellado y matado accidentalmente a otro joven que, maldita sea su suerte, es el hijo de un capo. Denunciarle sería llevarlo a una muerte segura por venganza del mafioso. Se parece al relato de Defending Jacob, formidable producción de Apple TV+, en que el hijo de 16 años de un fiscal judío de Newton, Massachusetts, es acusado del asesinato de un compañero de instituto. Son los momentos en que dejas de ser un servidor de la ley para ser exclusivamente padre. 

            Todo no es perfecto en una historia desgarrada como Your Honor. Hay exageraciones y detalles tan burdos como la insinuación (en el cuarto capítulo) de que el gazpacho es escocés. Félix Linares, de La noche de…, podría incorporar este gazapo (o gazapacho) a su amplio panel de disparates de película. Imperdonable.