
Se ha comunicado que en el pasado trimestre en el Estado español se han perdido casi 300.000 empleos, mientras las regulaciones de empleo se elevan a 578.300. En Euskadi las cosas son algo mejores; pero los estragos se verán más adelante a causa de la pandemia. Junto a las cifras de muertos, es lo peor que podía ocurrir.
Todo es demasiado abrumador como para resistirlo. Apenas llevamos mes y medio de crisis y no tenemos capacidad ni serenidad para evaluar los daños humanos, económicos y sociales de los que no se salva nadie. ¿Cuáles son tus pérdidas, cuáles son las mías?
Estamos perdiendo la vida con nuestros entornos de relación. Estamos perdiendo la libertad de hacer las cosas más sencillas, entrar en un bar, ir al cine, acudir al fútbol, disfrutar de un concierto o ver la última exposición. La libertad incluso de pasear y contemplar el mar. Lo estamos perdiendo todo y, la verdad, no veo la necesidad. Alguien dice por ahí que las libertades básicas pueden restringirse por una causa mayor. ¡Mentira, porque esa razón mayor es falsa o fruto de la desesperación! Nunca hubo razón mayor que la libertad de la gente, ahora aniquilada. Estamos perdiendo el poder hablar y protestar por no pasar por incívicos. ¡Qué sumisa hace a la gente el miedo!
Entre los daños están la perdida de las fiestas. Son irrecuperables. No es que San Fermín, con sus tumultos y excesos, me importara demasiado, pero no se puede privar a la sociedad de sus ritos. Se suspenden las corridas de toros, eso me alegra. Todas las fiestas de julio (el Carmen, Santiago, Santa Ana) ya están anuladas. Y las de agosto, seguramente. Sánchez ha dicho esta tarde que la desescalada (ripiosa palabra) llevará ocho semanas, es decir, mayo y junio al completo. No ha dicho la verdad, porque la “nueva normalidad” (¿por qué no lo llama “nuevo orden” en términos de cambio de régimen?) es un disfraz de la condicionada realidad venidera.
Se están perdiendo mil historias. ¿Cuántos amores no serán posibles a causa de este vil encierro? He visto esta tarde la película americana “The Photograph”, aún no estrenada aquí, que trata de una preciosa historia de amor entre Mae, la hija de una famosa fotógrafa, y Michael, periodista que está escribiendo sobre su vida y experiencia en Nueva Orleans. Romántica sin moñas bajo una música excepcional. Esto es lo que se pierden, las historias de verdad y las de ficción.
La gente de Vitoria-Gasteiz se han perdido hoy la fiesta de San Prudencio y se perderán también la romería a Estibaliz el viernes. Y el 1 de mayo tampoco habrá marchas por el Día del Trabajo, cuando más falta harían ante la amenaza de un desempleo brutal. La lista de pérdidas es inacabable y en gran medida no podremos pagarlas. Y frente a este colapso, ¿qué tendremos? Muchos sueñan con un cambio. ¿De veras? Ya me conformo con que ese cambio no sea a peor: huele a más Estado.










