
No oigo más que hablar de expertos. Los expertos en esto o en lo otro. De repente, España está repleta de expertos. Y quienes se refieren a ellos lo hacen de una manera que parece que hablasen de los salvadores del mundo, de los sumos sacerdotes, de los infalibles, de aquellos en los que debemos confiar porque nuestra vida está en sus manos. Aún peor, algunos dicen que hay que dejar que decidan los expertos. Que decidan lo que hay que hacer y lo que debemos acatar sin réplica. Piden así el gobierno de los expertos, la tiranía de la soberbia.
Ah, ya sé. Reclaman la vieja tecnocracia, el gobierno de los especialistas, de los técnicos en economía y otras áreas del conocimiento. Una especie de aristocracia, literalmente el poder de los elegidos, de una categoría social. ¡Acabáramos! En el Estado español ya se hablaba de tecnocracia y de tecnócratas en la tiranía franquista, con los ministros, afines al Opus Dei (López Bravo, López Rodó y otros), que estaban allí más por sus conocimientos que por lo fachas que fueran, que lo eran, ya lo creo. Y se hablaba de tecnocracia por eludir la democracia, que es lo que faltaba. Esta gente, recuerdo, cambió el término de obreros por productores, porque así, cambiando las palabras, se intentaba cambiar la realidad de un país oprimido. ¡La repera! ¡Los tecnócratas!
Si pudiera existir un gobierno tecnócrata, debería contar con legitimidad democrática, es decir, ser elegido o nombrado por la sociedad. Gobernantes de todos los países ya lo hacen. Ponen al frente de la economía o la ciencia a personas independientes con mucho conocimiento en una materia determinada. Sí, pero quedan al servicio de la democracia.
Me crea desasosiego la idea del poder de los expertos. ¿Qué expertos? ¿Expertos en qué? ¿Quién o dónde se otorga ese título de expertos? En materia de coronavirus y la pandemia consiguiente no había expertos. Ni los hay aún. Estamos ante un virus nuevo. Y los expertos discrepan entre sí. Discrepan sobre su tratamiento, de cómo acometer el aislamiento social y de cuál puede ser la evolución a corto plazo. No hay expertos, aunque sí mucha gente con profundos conocimientos en áreas medicina y la biología. Y mucho fraude entre ellos.
Esta noche tengo la impresión de que, en su ignorancia y mala fe, hay grupos que llevan su rechazo de la democracia al deseo de la dictadura. ¡Todo el poder para los expertos! Una tiranía cualificada. Pues no. Puede que tengamos una clase política mediocre; pero de ahí a poner a los robots al frente, ni por el forro.
¿Y por qué no el poder del algoritmo? Necesitamos un sistema elegido y dirigido por líderes de corazón y con razón, que gestionen las diferencias, las prioridades y la realidad humana hacia su dignidad. ¿Poder de los expertos? ¿Expertos en qué? No, el poder de la gente.









