
El defecto más español es el complejo de inferioridad y no pierde la oportunidad de acreditarlo llegado el caso. El español tiende a desmerecer sus éxitos y a agrandar hasta la sangre sus errores. Lo vemos en esta pandemia. Ningún país del mundo es más crítico con la gestión de la crisis sanitaria que España consigo misma. Ningún Estado resta más méritos a su sistema que el español con el suyo. ¿Es masoquismo? No, es sentimiento de fatalismo.
¿Está haciendo el presidente Sánchez tan mala gestión de la crisis? No hay duda de que ha cometido errores, como la centralización de la competencia sanitaria negando la capacidad de las comunidades autónomas, la militarización de la comunicación y algunos servicios y cierta incapacidad de liderazgo emocional. Sí, pero eso y otros errores, no desdicen su esfuerzo y el hecho de que la pandemia camina hacia su control, según parece.
En un ejercicio de tradicional complejo de inferioridad, los periódicos españoles destacan la buena administración que Alemania está realizando de la pandemia y el liderazgo absoluto de Merkel en esta historia. Que si ya tienen controlado el contagio, que su sanidad se ha demostrado robusta, que no ha colapsado en ningún momento y que es de entre todos los países de UE el de menor índice de contagios y más baja mortalidad. Supongamos que los datos sean reales (no me creo ninguno, ni de Alemania ni nadie), pero que Alemania lo haga mejor no quiere decir que España sea un desastre. Las comparaciones deben ser objetivas.
No creo que haya pueblos más inteligentes que otros. Hay personas más inteligentes y más eficientes que otras. Hay sistemas mejores que otros, pero no hay razas superiores. Temo que algunos aún lo crean. Nosotros tenemos medio siglo de razones para desconfiar de Alemania, que provocó en la mitad del siglo pasado dos guerras mundiales que mataron a no menos de 60 millones de seres humanos. Alemania, en su mayoría, enloqueció detrás de un demente y lo arrastró hasta casi el exterminio. ¿Tan listos?
Admiro a Alemania, pero no la mitifico, que es lo que hacen los españoles para continuar con su sentimiento de inferioridad. En mi reciente viaje a Berlín vi una sociedad avanzada y dinámica que, sin embargo, sigue amparando a los nazis. Presencié delante del Bundestag una manifestación de nazis sin que la Polizei la dispersara a palos. Se me heló la sangre.
Tenemos mucho que aprender de Alemania, como de otros países. Tenemos un sistema educativo infernal y caduco. Tenemos un sistema productivo muy ineficiente. Y pocas ganas de investigar. Seguimos con el “que inventen ellos”, del bilbaíno Unamuno. Tenemos un pasado que mata el futuro, hasta el punto de ser incapaces de ponernos de acuerdo en lo básico. Inferior no será España, pero sí tiene poca fe en sí misma. Y muy mala leche.








