TURISTAS ( y viajer@s )

Ya es de dominio público que el turismo se ha convertido en el maná nutriente de las ciudades y pueblos sobrevivientes en el desierto de las sucesivas reconversiones industriales. Curiosamente se presenta ahora como un arma nueva y cargada de futuro, pero resulta más vieja que Carracuca a poco que vean un par de películas del landismo de los años sesenta ( del siglo pasado, of course) cuando un tal Manuel Fraga era Ministro de Información y , oh sorpresa, de Turismo.

Y del futuro del turismo, ya se verá. Pues como dijo en su momento el historiador Manuel Tuñón de Lara hay burguesías , y entre ellas las vernáculas, con escasa visión estratégica, amigas inconscientes del pan para hoy y hambre para mañana.

Otro sí que que si las tornas cambian, y tal como vamos pueden cambiar, el futuro puede resultar asaz problemático. Léase al respecto, please, el estudio de un caso desarrollado por Javier González de Durana, titulado Bilbao después del colapso turístico .

Y acaso frente a la dinámica esquizoide del turista, que quiere estar en todas partes casi a la vez, dando vueltas – tours– sin descanso, viendo mil cosas de las que luego fotos y videos digitales darán puntual testimonio ante terceros hasta su mismo hastío , habría que reivindicar la dulce estática del viajero sosegado que visita los lugares de uno en uno sin acelerarse, dejando que la duración le aleje del tiempo del reloj.

Ese viajero, asesorado por buenos libros – no necesariamente guías-  y por los consejos de  amistades fiables, que escoge bien los lugares de destino y, dentro de ellos, los que va a visitar: tal una plaza o una calle, acaso una iglesia o un palacio; quizá también una taberna o un buen restaurante; que permanece luego en los lugares elegidos todo el tiempo necesario para impregnarse de ellos y observar paisajes y paisanajes con detenimiento; que come y bebe con los lugareños que no han sucumbido a las sugerencias algorítmicas de las redes sociales; que hojea los periódicos locales, escucha sus radios, y hasta ve- un poco- su televisión…

Ese viajero, esa viajera, que no desaparecerá cuando su destino esté pasado de moda porque no haya nada nuevo que ver …O porque las grandes empresas turísticas hayan descubierto nuevos paraísos terrenales…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

ORTZI ( semblanza de Paco Letamendía)

Francisco Letamendia, en un imagen de archivo. / Pablo Viñas

Francisco Letamendía

Poco a poco y mayormente en silencio se van yendo algunos y algunas que fueron referentes ideológico-políticos del último tercio del siglo pasado.

Semanas atrás fallecía Ramón Zallo y el domingo nos ha traído la noticia de la muerte de  Francisco Letamendía, conocido en el ámbito político como Ortzi, y Paco para los más próximos.

Aunque era ya muy conocido por su actividad como abogado defensor en el proceso de Burgos y por su obra Historia de Euskadi: el nacionalismo vasco y ETA , yo lo traté personalmente a partir de 1976, como ensayista de EL CÁRABO- Revista de Ciencias Sociales que , bajo la dirección de Joaquín Estefanía Moreira, agrupaba a quienes se situaban a la izquierda de la socialdemocracia del momento que a su vez publicaban SISTEMA bajo la égida de Ludolfo Paramio.

Eran aquellos tiempos de optimismo transitorio y no mucho después la mayor parte de quienes se pensaban revolucionarios se dieron cuenta de que solo eran antifascistas, como bien señaló Manuel Vázquez Montalbán.

Aun así, Paco Letamendía defendió con coraje y excelente retórica la opción rupturista como diputado en el Congreso formando parte primero de las filas de Euskadiko Ezkerra y después de Herri Batasuna.

Retomamos la relación ya en los años ochenta, cuando la UNED de Bergara le acogió – como a otros muchos, por cierto- como profesor, en plena redacción de su tésis doctoral. Recuerdo al efecto un viaje a Paris y el interesante encuentro que mantuvimos con Pierre Villar – todavía conservo el ejemplar dedicado de su Histoire de l´ Espagne que me obsequió- y las advertencias que nos hizo sobre las limitaciones de una democracia burguesa formal que se derivarían de una Constitución como la de 1978.

Finalizado su doctorado, Ortzi entró a formar parte de la UPV-EHU, no sin polémica, y continuó sus investigaciones, fruto de las cuales fue Juego de espejos: conflictos nacionales centro-periferia, publicado 1997.

Siempre interesado por la historia política del País Vasco y los movimientos nacionalista, fue también un docente muy querido , alquien en fin de quien se puede decir, en frase de Baltasar Gracián, » vivo amable, muerto memorable»…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

CLASES SOCIALES ( y redes sociales)

Desocupado lector, desocupada lectora: en estos días de feria cervantina y lejanos horizontes bloqueados, me he leído a mí mismo como si un clásico más fuera , y así que me he encontrado este viejo apunte en el Dietario de 2006 :

«Dice  Josep Pla en su magnífico Notes Disperses que dice Max Scheler que uno de los rasgos que caracterizan la forma de  pensar de la clase alta en una sociedad es la tendencia a la identidad, frente a la clase baja que tiene una comprensión más dialéctica o interrelacionada de los seres y las cosas.

Sería interesante definir con exactitud las expresiones “clase alta”  y “clase baja” y ver si el peso de la definición recae sobre la renta ( alta o baja), sobre la capacidad de  decidir políticamente ( alta o baja) o sobre la disponibilidad de recursos simbólicos ( alta o baja), teniendo en cuenta que la posibilidad de una combinatoria  triple por arriba o por abajo está  en nuestros días muy alterada por los medios de comunicación y la globalización.

En cualquier caso parece que la  tendencia la identidad,  a ser uno/una (s) mismo/a (s), cualesquiera que sean sus unidades básicas – individuo o grupo- indica un deseo de permanencia en la situación actual y un miedo explícito al cambio de cualquier género. Y también que un punto de vista dialéctico es un manifiesto deseo de disolución de la situación actual y una apuesta más o menos consciente por el cambio.

Algo así como que la clase alta quiere continuar siendo alta y que la clase baja quiere dejar de serlo.

No obstante  parece también que los problemas habituales ( de renta, políticos y simbólicos)  de una sociedad de clases se agudizan cuando una parte de la clase baja se ubica ideológicamente en las formas de pensamiento de la clase alta contribuyendo al mantenimiento de la clase alta como clase alta y ratificando inconscientemente y humillantemente  su condición vicaria de clase baja».

Y en fijándome en este último párrafo me ha parescido que lo que en él se indica, ese ubicarse ideológico de la clase baja en las formas de pensamiento de la clase alta, puede explicar la inexplicable actitud electoral de algunas gentes que esligen a dirigentes como un tal T.r.u.m.p o una tal A.y.u.s.o. sin ser en nada conscientes del tiro en el pie en que se ratifican.

Y otro sí que no es ajeno a todo lo anterior esta percepción de horizontalidad social que proporcionan las redes llamadas sociales que diluyen en la virtualidad de sus algoritmos los niveles de renta, de capacidad política y de recursos simbólicos, haciendo del Desierto cotidiano una nueva Tierra Prometida con café con leche.

Y que, of course, así nos va, pues, que diría un tal Forges…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

LA TRISTE RUTINA DE LA MUERTE (por Valen Riaño)

Son estos días tristes, de guerras y muertes. Valen Riaño, un médico que acompañó a muchos pacientes en sus últimas horas, y miembro del Taller de Escritura que coordino ha escrito estas líneas…

«Llevo días sin coger el bolígrafo, sin juntar dos letras, hastiado de la realidad. Un día y otro en lo mismo. Muertes y horrores, con la indiferencia de la lejanía.Los poseídos arios como defensores, imposible de denunciar la barbarie de un pasado reciente, propio, similar. Ahora, niegan cualquier insulto para los que fueron sus víctimas. ¡Tan implicados estuvieron en aquel genocidio!Y en el resto de Europa, cuchicheando, sin alzar la voz, con el miedo de los abusones. Y la justicia universal llorando su menosprecio.¿Hasta dónde debemos callar toda la crueldad desparramada? ¿Hasta cuándo negar la brutalidad derramada?

Niños abiertos en sus heridas, gimiendo sin fuerzas en el llanto. Madres gritando el horror, sabedoras del presente desde hace mucho. Niños en la guerra corriendo, en la huida continua. De aquí para allá, de allá para más allá, echados a la muerte en vida.¿Hasta dónde? Desterrados, sin tierra que volver a pisar.Y las madres sembrando de lágrimas los espacios abandonados.Y, ¿hasta cuándo? Los años se apilan en lo mismo, en la sangre escupida. Guerra tras guerra, en la desigualdad del artesano contra la tecnología. Cohetes frente a misiles. Navajas frente a ametralladoras.Así, siguen muriendo amontonados.

Y desde lejos unos alientan, empujan con el dinero de los dólares manchados. Niegan la condición de humanos a los contrarios. Los ven como invasores de sus tierras. Son las bacterias que deben ser aniquiladas, de la manera más efectiva. De esta forma, podrán arrasar cualquier atisbo de resistencia. Todo, muerte. Paisajes recuperados para el disfrute renacido.Israel busca el desierto humano en el bando contrario, el espacio de seguridad en su proclama. De nuevo la colonización para el avance y la repetición de lo ocurrido.

Los demás contemplamos desde el sillón, la muerte difundida por la rutina más intencionada…«

(c) Valen Riaño

LUIS HUICI ( breve apología de un republicano gallego)

La coincidencia de mi último viaje a Galicia con la relectura de la «Apología de Raimundo Sabunde» de los Ensayos de Montaigne, me ha hecho recordar al republicano Luis Huici.

Aquel Huici, hijo de un farmacéutico gallego y de madre asturiana, fue sastre de profesión, pero mucho más conocido como pintor, dibujante y grabador, formando parte de la vanguardia cultural coruñesa de los años veinte. Destacó como ilustrador, publicando sus dibujos en las principales revistas culturales gallegas . Fundó el primer cine club de A Coruña, que hizo posible en la ciudad la primera proyección de las películas de Einsentein. Estuvo al frente de la Asociación Española de Amigos de las Artes Nuevas, creada en 1936, y fue miembro de la directiva de Germinal, el ateneo libertario coruñés.

Asimismo , militó en las filas republicanas y del autonomismo gallego y concurrió a las elecciones en representación de Izquierda Republicana. El 7 de junio de 1936 compartió escenario con Castelao en un acto en favor del Estatuto de Galicia celebrado en el teatro Linares Rivas.

A diferencia de otros militantes progresistas o galleguistas que , como a Castelao, la sublevación militar les pilló fuera de Galicia, o que directamente se integraron en Falange para salvar sus vidas, como Gonzalo Torrente Ballester o Álvaro Cunqueiro, Luis Huici fue inmediatamente detenido y torturado hasta la muerte, siendo su cuerpo hallado en una cuneta el 20 de agosto de 1936.

Uno más de tantos, hasta hace poco desconocidos, que apostaron por integrar la vanguardia artística y el cambio social, y que la barbarie franquista se llevó por delante…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

TORRENTE ( Ballester, of course)

De paso por Ferrol y ya camino de Santiago de Compostela, recuerdo que aquí nació Gonzalo Torrente Ballester.

Aunque más bien sería mejor decir que aquí nació el primer G-TB, pues fue alguien que renació en varios lugares al par que le llegaban otros tantos hijos.

Viajó mucho. Leyó mucho. Escribió mucho. Y, al parecer, dictó mucho a un fidelizado magnetófono.

Y dejó una obra poliédrica, premiada y reconocida, summa theologiae de la cual podría ser La saga- fuga de JB, aunque a mí, particularmente, me interesó más su excelente columnismo periodístico.

Entre hijos y libros sobrevivió a los avatares políticos de su época ,pasando de militar en el Partido Galeguista a la Falange , amparado por los miembros refugiados en el Grupo de Burgos, y sobre todo por Dionisio Ridruejo, distanciándose después moderadamente del régimen franquista.

Hoy en día su memoria da nombre en su ciudad natal a un Centro cultural de gran empaque.

Una vida al cabo muy diferente a la de Ricardo Carballo Calero, filólogo y galleguista represaliado, también originario de Ferrol, cuya casa en ruinas todavía está esperando a ser reconstruida…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

¿SOCIOLOGÍA ( la hora de la?)

Patricia Amigot – Ignacio Mendiola

El sugerente diálogo transcrito por Jesús Barcos en el Diario de Noticias entre Patricia Amigot e Ignacio Mendiola , dos representantes de la nueva generación de profesionales del ámbito de la Sociología, me ha devuelto el ánimo tras haber percibido durante un largo periodo que la Ciencia Social se había convertido a un nuevo positivismo estadístico cuantitativo.

Pues como dice Amigot se necesita un avance de las Ciencias Sociales frente al tecnocratismo imperante, para lograr una mejor comprensión – yo diría que en sentido weberiano – de la situación en la que nos encontramos en la que » una atención saturada incide en pérdida de concentración » y el abandono de su correspondiente espíritu crítico.

Analizar con este nuevo sentido reflexivo las representaciones sociales que nos llegan a través de las redes sociales y los medios de comunicación, sea que se trate de la situación de Gaza o de Ucrania, del racismo o de la violencia de género, puede permitir detectar correspondencias de intereses inconfesados o mentiras tan repetidas como descaradas, generando una reestructuración de dichas representaciones sociales y facilitando acaso una respuesta colectiva.

Y en este punto,he recordado, cómo no, las largas conversaciones con quien fue mi maestro en estas lides, el profesor Jesús Arpal Poblador, en las que él abogaba por agrupar en cualquier investigación todas las dimensiones posibles, desde la estrictamente sociológica hasta la económica, la histórica , la antropológica o la de la psicología social, otorgando una particular importancia a la metodología cualitativa.

¿ Será que de nuevo vuelve la hora de la Sociología?

(c) by Vicente Huici Urmeneta

RAMÓN ZALLO (in memoriam)

Ramón Zallo Elgezabal ( 1948 – 2026)

Conocí a Ramón a finales de 1975, en las reuniones previas a la aparición de la Revista de Ciencias Sociales EL C¨ÁRABO, que bajo la coordinación de Joaquín Estefanía Moreira- luego director de EL PAÍS- pretendía agrupar la reflexión teórica del conjunto de la izquierda más allá de la socialdemocracia que, por entonces, estaba a su vez agrupada en torno a otra revista: SISTEMA.

Yo apenas había cumplido los veinte años y él veintisete, pero ya era un ideólogo y militante conocido y reconocido, y para mí un maestro, como muchos de los que formaban parte de aquella plantilla editorial, gentes tan diferentes como Jon Juaristi o Luciano Rincón, Pep Subirós, Jesús Leguina o Paco Letamendia- he comentado aquel fructífero ambiente en mi dietario 1978.

Ramón, como muchos y muchas , había pasado por la Juventud Obrera Católica (JOC) , militando después ETA y tras la VI Asamblea se había decantado por la izquierda trotskista. Hasta 1985 fue detenido y juzgado en varias ocasiones.

Posteriormente participó en Elkarri, y fue muy conocido por su faceta como tertuliano en diversos medios de comunicación. Asimismo fue uno de los fundadores de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la EHU, asumiendo diversas responsabilidades académicas hasta su jubilación como catedrático.También es destacable su labor de asesoría en el Área de Cultura del Gobierno Vasco liderado por Juan José Ibarretxe. Últimamente fue uno de los mayores críticos del proyecto de instalación de la nueva sede del Guggenheim en Urdaibai que , por cierto, ya ha sido desestimado.

Hace unos meses Ramón publicó ‘Retrovisor y bisturí’, unas sugerentes memorias que han quedado como testamento de su trayectoria personal y política. Un libro fundamental para comprender las visicitudes de la vida de una generación que hizo del antifranquismo y de la construcción de la democracia los ejes de su actividad pública.

A lo largo de estos años nos fuimos encontrado en varias ocasiones y por diversos motivos. Pero yo siempre le recordaré siguiendo atentamente una discusión mientras acariciaba lentamente el gato de Miguel Castells en cuya casa donostiarra celebrábamos las reuniones del Consejo de Redacción de Euskadi de EL CÁRABO

(c) by Vicente Huici Urmeneta


1977 (Irujo, Urmeneta, Caballero y los carlistas)

Esta foto…

Yo también fui el 25 de marzo de 1977 al aeropuerto de Noain a recibir a pie de pista a Manuel de Irujo.

Eran aquellos tiempos transitivos pero también intransitivos, sabíamos desde donde salíamos, de aquel tardofranquismo criminal, pero no hacia dónde nos encaminábamos, como he intentado dar cuenta torpemente en mi dietario 1978.

Y por todo lo anterior, cualquier buena noticia era muy buena noticia , como lo fue el retorno de Irujo de su largo exilio y su recibimiento por parte de las autoridades con mando en plaza vigentes en aquel momento.

Y en esa foto mi tío Miguel Javier Urmeneta, ex-alcalde de Pamplona y ex-diputado foral , vasquista implícito y reconocido como mi abuelo Ataúlfo lo fue explícito y represaliado, saluda al lider jeltzale desde su alto rigor de teniente coronel exclaustrado.

Y entre los dos , Tomás Caballero, alcalde ocasional a la sazón, sonríe tímidamente, sin adivinar que una decada y pico después moriría en un atentado de ETA. Sobre esta circunstancia ha escrito recientemente Iñaki Anasagasti y también sobre la falta de sensibilidad de que los rostros de sus ejecutores aparecieran en las camisetas de algunos corredores de la Korrika 2026 a su paso por la capital navarra -Korrikari buruz beste egun batean hitz egingo dut, lehenengo edizioan parte hartu bainuen, besteak beste, Jose Maria Jimeno Juriorekin.

Tomás Caballero, junto con Victor Manuel Arbeloa y bajo la égida de aquel Urmeneta, intentaron luego una tercera vía foralista en las elecciones de junio de 1977, integrando también al carlista José Ángel Zubiaur en un denominado FNI ( Frente Navarro Independiente).

Eran tiempos también de terceras vías que mayormente fracasaron pues el bipartidismo ya estaba bien abonado por los dólares y los marcos. Hasta el antiguo carlismo se había deshecho tras la ignominiosa toma de Montejurra por parte de las hordas fascistas de Sixto de Borbón en 1976 : «Los carlistas somos de comulgar y matar» que le dijo a mi madre Sylvia Baleztena … Carlistas…»Esta tierra dominada por carlistas disfrazados de liberales y carlistas» ,versos de un poeta hoy olvidado. Carlistas, siempre anti-capitalistas , desde el Antiguo Régimen o desde el Socialismo…Pero, a pesar de todo, algunos y algunas de ellos creyeron en Carlos Hugo y se comprometieron contra la dictadura, como pude comprobar al coincidir , por ejemplo, en la clandestinidad con varios miembros de la familia Zufía : seguramente una vez más sería necesario distinguir entre los dirigentes y los militantes, como ya apuntó en su momento José Extramiana.

Pero esa foto…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

MARTES DE BARRIO ( por Maite Moñux)

Maite Moñux, activa participante del Seminario de Escritura Autobiográfica que coordino, me ha hecho llegar este precioso texto que recoge un aspecto singular de la vida cotidiana de barrio, y que reproduzco aquí y con mucho gusto:

MARTES DE BARRIO

«El martes siempre llega sin hacer ruido, como si supiera que lo estamos esperando. A veces pienso que el barrio también lo sabe. Hay algo en el aire esos días, una especie de entusiasmo, inquietud y nerviosismo, como cuando alguien regresa a casa después de haber estado demasiado tiempo fuera.
Durante años me moví por otros ambientes más encorsetados, otros círculos, otros ritmos. Tediosas reuniones de empresa. Cafés donde las conversaciones eran más formales. Siempre trataba con gente seria que parecía tener prisa por ir a algún sitio. No era un mal mundo, pero no era el mío. Yo creía que sí, me había instalado en él y me sentía a gusto. En realidad era como llevar una chaqueta que te han prestado para una fiesta, pero que nunca llegas a sentirla propia.

Y sin embargo, de pronto, casi sin darme cuenta, volví al barrio.
No fue un plan premeditado, ni una decisión solemne. Todo empezó con un encuentro con una amiga de la juventud en una comida de hermandad, un saludo en la calle, una conversación breve en la panadería, un “¿te acuerdas de…?” que abrió la puerta que estaba cerrada desde hacía años. Detrás de esa puerta estaba todo, las caras conocidas, las voces de siempre, la forma sencilla de entender la vida.

Ya somos un grupo de doce personas. No siempre estamos todos. Los martes por la tarde nos juntamos para cantar, habaneras y bilbainadas. Nada demasiado formal, un pequeño ritual que ya forma parte de nuestra semana.
Primero en un bar, luego en otro. En concreto dos bares del barrio que parecen hechos para eso. Mesas de madera desgastada, vasos que tintinean suavemente y el murmullo de la gente que se va callando cuando empezamos a entonar las primeras notas.
Las habaneras tienen algo de mar. Cuando las cantamos, parece que la voz se mueve como una ola suave, lenta, con ese ritmo que invita a cerrar los ojos por un momento. Luego están las bilbainadas, más nuestras, más de aquí, más de calle y de cuadrilla. Se cantan con una sonrisa que empieza tímida y acaba iluminándolo todo. Las canciones se repiten cada martes, sin embargo, nunca suenan igual.

Lo curioso es quiénes somos. Está la panadera, que tiene las manos siempre tibias, como si acabara de sacar pan del horno aunque lleve horas fuera del obrador. Cuando canta, lo hace con una voz sorprendentemente firme.
El profesor, es el más joven. Al principio parecía el más serio de todos. Llegó un día invitado por una vecina, se sentó discretamente en una esquina y durante un rato solo escuchó. Pero cuando por fin se animó a cantar una bilbainada, resultó que conocía todas las letras, incluso las más antiguas. Comentó que había entonado muchas de esas melodías con su padre, en el txoko.
Luego está el aparejador, que tenía un negocio de construcción y es quien ha mejorado y rehabilitado los locales y pisos de medio barrio. Tiene una forma divertida de explicar las cosas y siempre cuenta alguna anécdota. Además de ser mi vecino, es el director del coro, y viene acompañado de su mujer.
El administrativo que trabajó en el concesionario de coches donde yo llevaba mi vehículo a arreglar, también custodiado por su mujer. El jubilado que conoce todo el barrio, la mujer que siempre trae caramelos de menta en el bolso, el que llega tarde pero canta más fuerte que nadie, así hasta completar la cuadrilla.

No somos extraordinarios. Y tal vez ahí esté la belleza de todo esto. Cuando cantamos juntos ocurre algo curioso. Las voces, que por separado serían sólo voces normales, se mezclan y crean algo que parece más grande que nosotros. No es un coro perfecto, ni pretendemos serlo. A veces alguien entra antes de tiempo, otra persona se equivoca en la letra, y siempre hay quien se ríe a mitad de la canción, pero nadie se enfada, al contrario, esas pequeñas imperfecciones son parte de lo que nos une.

Después de cantar llega uno de mis momentos favoritos de la noche, las charlas.
Las mesas se llenan de vasos, las sillas se acercan un poco más, y la conversación empieza a rodar como una pelota que nadie quiere detener. Hablamos de todo, del barrio, de cómo ha cambiado la vida, de la actualidad, aunque evitamos los temas políticos.
El profesor habla de cómo piensan y actúan los jóvenes. La panadera cuenta que cada vez hay menos gente que compra pan a diario. El aparejador explica cómo las ciudades crecen y cambian de piel. También recordamos a nuestros padres, porque casi todos los conocíamos.
A veces participo, pero otras muchas veces prefiero quedarme observando la escena. Las caras iluminadas por la luz cálida del bar, las manos que se mueven al hablar, las risas que estallan sin aviso. Entonces pienso en lo curioso que es todo.

Durante años creí que avanzar significaba alejarse. Ir a otros sitios, conocer a otras personas, moverse en ambientes distintos. No me arrepiento de haberlo hecho, porque también aprendí mucho allí fuera. Pero ahora entiendo algo que antes no veía, la esencia no se pierde del todo. Puede quedarse dormida, escondida bajo capas de tiempo, de experiencias nuevas, de caminos distintos, pero sigue ahí, esperando. Y un día, casi sin avisar, vuelve.
Eso es lo que siento cada martes cuando caminamos de un bar a otro entre canción y canción. Las calles del barrio parecen mirarnos con complicidad, como si dijeran: “Ya era hora”. Yo sonrío, porque sé que es verdad.
He vuelto a encontrar ese sabor que nunca debía haber perdido. El sabor de lo cercano, de lo sencillo, de las personas que no necesitan aparentar nada. He vuelto al barrio.

Cuando salimos del segundo bar, la noche suele estar ya tranquila. Algunos se despiden en la esquina, otros siguen caminando juntos un rato más. Siempre hay alguien que dice:
-El martes que viene, ¿no?
Y todos respondemos casi al mismo tiempo.
-Claro.
Porque ahora sabemos que esos martes no son sólo una costumbre, son una pequeña forma de volver a casa».

(c) Maite Moñux