
Las imágenes de las CRS disolviendo brutalmente las manifestaciones en Paris y las de la Policía Nacional golpeando duramente a profesores y profesoras en Madrid, me han traído a la memoria los crudos enfrentamientos con los grises durante el tardofranquismo.
El propio Delegado del gobierno de Madrid ha abierto una investigación sobre la actuación policial, pero ha recibido una crítica altisonante por parte de algunos sindicatos del ramo.
La Sociología del ejército y de las fuerzas armadas ha confirmado que más allá y más acá de que, en palabras de Max Weber, el monopolio de la violencia legítima pertenezca al Estado- y que por ello se la dispute cualquier organización armada- dicho monopolio es una atribución política que se ejerce por medio de una administración que , a pesar de su supuesto apoliticismo, puede tener sus intereses propios directa o indirectamente políticos: por estos lares ya se conoció la existencia de una «policía patriótica» bajo el mandato del gobierno del PP.
Los mentados intereses pueden llevar a reivindicar la violencia policial creando ocasiones para su oportuno ejercicio. Así, por ejemplo, y según la prensa, el 2 de octubre de 2026, en la localidad de Reims, un individuo con máscara fue filmado lanzando una piedra a la policía, antes de refugiarse con los oficiales, siendo indentificado como un agente.Ese mismo día, en Aubervilliers, otro flic fue filmado golpeando la ventana de un restaurante varias veces con una lata, activando una dura intervención policial.
Estas imágenes parecen mostrar en estos casos una estrategia organizada que cuestiona quién causa realmente violencia, y para qué propósito, porque , continuando con el ejemplo, una manifestación puede unir a miles de jóvenes pacíficos, pero solo se necesitan unos pocos individuos violentos para que las cámaras olviden todo lo demás y las reivindicaciones desaparezcan detrás de las espectaculares imágenes de los enfrentamientos, bajo la consigna de «restaurar el orden».
Y si bien esta legitimación de la violencia represiva por sí misma no es atribuible directamente a los profesionales implicados que la administran – y si lo fuera para ello estarían los tribunales- tampoco es posible eludir las responsabilidades políticas correspondientes en la cadena de mando, al menos si se pretende mantener y defender los criterios que garantizan un régimen democrático.
Todo lo cual es de suponer que deberá ser muy tenido en cuenta a la vista de la convocatoria de Huelga General para el próximo día 11 de noviembre, pues la violencia policial puede de nuevo amparar una violencia política enmascarada que diluya las reivindicaciones en posibles enfrentamientos.
En fin, que quizás haya que recordar que ya en aquellos tiempos en los que la policía vestía de gris había una consigna: «No hagáis caso de las provocaciones»…
(c) by Vicente Huici Urmeneta