
No sé qué hubiera pensado mi querido abuelo Ataúlfo Urmeneta, jelkide de primera generación, sobre el caso del derribo ilegal del palacete Irurak- bat (1845) en Getxo para la construcción de un bloque de viviendas de lujo con implicación directa de afiliados a un partido en el que militó – Urmeneta, abertzale sutsua! decía Napartarra- y por lo que fue represaliado.
Pero probablemente, como creyente católico – de misa, ángelus y rosario diarios- le hubiera parecido incomprensible desde su estricta moral cristiana, incompatible con tales negras especulaciones.
Y, como patriota, absolutamente inaceptable, en la medida en que supone la destrucción de una parte del patrimonio vasco y de un lugar relevante de la memoria colectiva de un pueblo.
Pero aquella severa moral cristiana parece haberse diluido cuando no desaparecido, y una buena muestra concomitante de ello es la desgraciada y especulativa gestión del Obispado de Bilbao en el barrio bilbaíno de Abando.
Y , por otro lado, la defensa del patrimonio y de la memoria colectiva no parecen ser motivos suficientes para la correcta acción política ,sobre todo entre arribistas que trampean con las leyes defendiendo sus propios y particulares intereses como si fueran de toda la ciudadanía.
Sí, probablemente mi abuelo Ataúlfo habría propuesto la expulsión inmediata de los afiliados implicados y la petición pública de perdón por una operación inmobiliaria ilegítima que hoy en día , en pleno siglo XXI, y como bien ha explicado el profesor Javier González de Durana, tiene además unas derivaciones muy peligrosas tanto jurídica como socialmente.
(c) by Vicente Huici Urmeneta








