1977 (Irujo, Urmeneta, Caballero y los carlistas)

Esta foto…

Yo también fui el 25 de marzo de 1977 al aeropuerto de Noain a recibir a pie de pista a Manuel de Irujo.

Eran aquellos tiempos transitivos pero también intransitivos, sabíamos desde donde salíamos, de aquel tardofranquismo criminal, pero no hacia dónde nos encaminábamos, como he intentado dar cuenta torpemente en mi dietario 1978.

Y por todo lo anterior, cualquier buena noticia era muy buena noticia , como lo fue el retorno de Irujo de su largo exilio y su recibimiento por parte de las autoridades con mando en plaza vigentes en aquel momento.

Y en esa foto mi tío Miguel Javier Urmeneta, ex-alcalde de Pamplona y ex-diputado foral , vasquista implícito y reconocido como mi abuelo Ataúlfo lo fue explícito y represaliado, saluda al lider jeltzale desde su alto rigor de teniente coronel exclaustrado.

Y entre los dos , Tomás Caballero, alcalde ocasional a la sazón, sonríe tímidamente, sin adivinar que una decada y pico después moriría en un atentado de ETA. Sobre esta circunstancia ha escrito recientemente Iñaki Anasagasti y también sobre la falta de sensibilidad de que los rostros de sus ejecutores aparecieran en las camisetas de algunos corredores de la Korrika 2026 a su paso por la capital navarra -Korrikari buruz beste egun batean hitz egingo dut, lehenengo edizioan parte hartu bainuen, besteak beste, Jose Maria Jimeno Juriorekin.

Tomás Caballero, junto con Victor Manuel Arbeloa y bajo la égida de aquel Urmeneta, intentaron luego una tercera vía foralista en las elecciones de junio de 1977, integrando también al carlista José Ángel Zubiaur en un denominado FNI ( Frente Navarro Independiente).

Eran tiempos también de terceras vías que mayormente fracasaron pues el bipartidismo ya estaba bien abonado por los dólares y los marcos. Hasta el antiguo carlismo se había deshecho tras la ignominiosa toma de Montejurra por parte de las hordas fascistas de Sixto de Borbón en 1976 : «Los carlistas somos de comulgar y matar» que le dijo a mi madre Sylvia Baleztena … Carlistas…»Esta tierra dominada por carlistas disfrazados de liberales y carlistas» ,versos de un poeta hoy olvidado. Carlistas, siempre anti-capitalistas , desde el Antiguo Régimen o desde el Socialismo…Pero, a pesar de todo, algunos y algunas de ellos creyeron en Carlos Hugo y se comprometieron contra la dictadura, como pude comprobar al coincidir , por ejemplo, en la clandestinidad con varios miembros de la familia Zufía : seguramente una vez más sería necesario distinguir entre los dirigentes y los militantes, como ya apuntó en su momento José Extramiana.

Pero esa foto…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

MARTES DE BARRIO ( por Maite Moñux)

Maite Moñux, activa participante del Seminario de Escritura Autobiográfica que coordino, me ha hecho llegar este precioso texto que recoge un aspecto singular de la vida cotidiana de barrio, y que reproduzco aquí y con mucho gusto:

MARTES DE BARRIO

«El martes siempre llega sin hacer ruido, como si supiera que lo estamos esperando. A veces pienso que el barrio también lo sabe. Hay algo en el aire esos días, una especie de entusiasmo, inquietud y nerviosismo, como cuando alguien regresa a casa después de haber estado demasiado tiempo fuera.
Durante años me moví por otros ambientes más encorsetados, otros círculos, otros ritmos. Tediosas reuniones de empresa. Cafés donde las conversaciones eran más formales. Siempre trataba con gente seria que parecía tener prisa por ir a algún sitio. No era un mal mundo, pero no era el mío. Yo creía que sí, me había instalado en él y me sentía a gusto. En realidad era como llevar una chaqueta que te han prestado para una fiesta, pero que nunca llegas a sentirla propia.

Y sin embargo, de pronto, casi sin darme cuenta, volví al barrio.
No fue un plan premeditado, ni una decisión solemne. Todo empezó con un encuentro con una amiga de la juventud en una comida de hermandad, un saludo en la calle, una conversación breve en la panadería, un “¿te acuerdas de…?” que abrió la puerta que estaba cerrada desde hacía años. Detrás de esa puerta estaba todo, las caras conocidas, las voces de siempre, la forma sencilla de entender la vida.

Ya somos un grupo de doce personas. No siempre estamos todos. Los martes por la tarde nos juntamos para cantar, habaneras y bilbainadas. Nada demasiado formal, un pequeño ritual que ya forma parte de nuestra semana.
Primero en un bar, luego en otro. En concreto dos bares del barrio que parecen hechos para eso. Mesas de madera desgastada, vasos que tintinean suavemente y el murmullo de la gente que se va callando cuando empezamos a entonar las primeras notas.
Las habaneras tienen algo de mar. Cuando las cantamos, parece que la voz se mueve como una ola suave, lenta, con ese ritmo que invita a cerrar los ojos por un momento. Luego están las bilbainadas, más nuestras, más de aquí, más de calle y de cuadrilla. Se cantan con una sonrisa que empieza tímida y acaba iluminándolo todo. Las canciones se repiten cada martes, sin embargo, nunca suenan igual.

Lo curioso es quiénes somos. Está la panadera, que tiene las manos siempre tibias, como si acabara de sacar pan del horno aunque lleve horas fuera del obrador. Cuando canta, lo hace con una voz sorprendentemente firme.
El profesor, es el más joven. Al principio parecía el más serio de todos. Llegó un día invitado por una vecina, se sentó discretamente en una esquina y durante un rato solo escuchó. Pero cuando por fin se animó a cantar una bilbainada, resultó que conocía todas las letras, incluso las más antiguas. Comentó que había entonado muchas de esas melodías con su padre, en el txoko.
Luego está el aparejador, que tenía un negocio de construcción y es quien ha mejorado y rehabilitado los locales y pisos de medio barrio. Tiene una forma divertida de explicar las cosas y siempre cuenta alguna anécdota. Además de ser mi vecino, es el director del coro, y viene acompañado de su mujer.
El administrativo que trabajó en el concesionario de coches donde yo llevaba mi vehículo a arreglar, también custodiado por su mujer. El jubilado que conoce todo el barrio, la mujer que siempre trae caramelos de menta en el bolso, el que llega tarde pero canta más fuerte que nadie, así hasta completar la cuadrilla.

No somos extraordinarios. Y tal vez ahí esté la belleza de todo esto. Cuando cantamos juntos ocurre algo curioso. Las voces, que por separado serían sólo voces normales, se mezclan y crean algo que parece más grande que nosotros. No es un coro perfecto, ni pretendemos serlo. A veces alguien entra antes de tiempo, otra persona se equivoca en la letra, y siempre hay quien se ríe a mitad de la canción, pero nadie se enfada, al contrario, esas pequeñas imperfecciones son parte de lo que nos une.

Después de cantar llega uno de mis momentos favoritos de la noche, las charlas.
Las mesas se llenan de vasos, las sillas se acercan un poco más, y la conversación empieza a rodar como una pelota que nadie quiere detener. Hablamos de todo, del barrio, de cómo ha cambiado la vida, de la actualidad, aunque evitamos los temas políticos.
El profesor habla de cómo piensan y actúan los jóvenes. La panadera cuenta que cada vez hay menos gente que compra pan a diario. El aparejador explica cómo las ciudades crecen y cambian de piel. También recordamos a nuestros padres, porque casi todos los conocíamos.
A veces participo, pero otras muchas veces prefiero quedarme observando la escena. Las caras iluminadas por la luz cálida del bar, las manos que se mueven al hablar, las risas que estallan sin aviso. Entonces pienso en lo curioso que es todo.

Durante años creí que avanzar significaba alejarse. Ir a otros sitios, conocer a otras personas, moverse en ambientes distintos. No me arrepiento de haberlo hecho, porque también aprendí mucho allí fuera. Pero ahora entiendo algo que antes no veía, la esencia no se pierde del todo. Puede quedarse dormida, escondida bajo capas de tiempo, de experiencias nuevas, de caminos distintos, pero sigue ahí, esperando. Y un día, casi sin avisar, vuelve.
Eso es lo que siento cada martes cuando caminamos de un bar a otro entre canción y canción. Las calles del barrio parecen mirarnos con complicidad, como si dijeran: “Ya era hora”. Yo sonrío, porque sé que es verdad.
He vuelto a encontrar ese sabor que nunca debía haber perdido. El sabor de lo cercano, de lo sencillo, de las personas que no necesitan aparentar nada. He vuelto al barrio.

Cuando salimos del segundo bar, la noche suele estar ya tranquila. Algunos se despiden en la esquina, otros siguen caminando juntos un rato más. Siempre hay alguien que dice:
-El martes que viene, ¿no?
Y todos respondemos casi al mismo tiempo.
-Claro.
Porque ahora sabemos que esos martes no son sólo una costumbre, son una pequeña forma de volver a casa».

(c) Maite Moñux

LA CIUDAD ( y Javier González de Durana)

La ciudad y sus cambios a lo largo de los dos últimos siglos ha sido un tema recurrente de la Historia , la Sociología, la Economía,la Antropología y, por supuesto, la Literatura.

En nuestros lares, el profesor Javier González de Durana, ha tenido desde hace ya unos años la habilidad de combinar todos estos registros en diversas actividades, bien como gestor,como asesor, o como escritor, sin desdeñar la intervención directa cuando ha sido necesaria ante la especulación descarada o la elusión democrática.

En la última entrada de su sugerente blog, titulada Bilbao, disección del escaparate,González de Durana realiza un modélico análisis de las transformaciones urbanas que se están implantando como consecuencia de la apuesta por el turismo como factor articulador de la renovación económica de las ciudades. Y lo hace tomando como referencia Bilbao, una ciudad que conoce muy bien.

El análisis que nos ofrece es conceptualmente excelente y resulta , además, una buena muestra de su fina escritura.

En conjunto, la lectura de este texto , más allá de las oportunas referencias al caso del que se ocupa, mueve a reflexionar críticamente sobre esta alternativa de revitalización urbana vinculada a la oferta turística que se presenta como novedosa sin recordar su casposo origen franquista, y que viene siendo promovida por organizaciones políticas supuestamente conservadoras ya abducidas por la eficacia tecnocrática neoliberal.

(c) by Vicente Huici Urmeneta

EL AGUJERO ( del Obispado de Bilbao)

Cuando por las mañanas abro las ventanas para orear las habitaciones procuro no mirar hacia abajo. Pero, inevitablemente, la mirada se me va hacia el agujero que ahora hay abierto en el lugar en el que antes se alzaba mi querida Escuela de Magisterio – BAM y sus espléndidas palmeras.

Y es este un agujero que me afecta particularmente, tanto como hueco físico como moral.

Como hueco físico , similar al dejado por una muela arrancada sin anestesia en pleno barrio bilbaíno de Abando, y ahora parcela sucia, embarrada, recrecida de oscuras hierbas innobles y poblada de grandes ratas negras.

Y hueco moral ,desangrado por quien debería ser y haber sido faro de ética, el obispado de Bilbao, que en este caso parece haberse eludido a sí mismo como norma. Y también hueco moral ,civilmente vaciado por un Ayuntamiento de Bilbao incapaz de hacer cumplir su propia ley y permitiendo la arbitrariedad de los poderes fácticos más arcaicos.

Y podría argumentar todo lo anterior con buena conceptualización y adecuada documentación, pero no lo haría mejor que el profesor Javier González de Durana cuyo reciente artículo titulado La Sagrada Inmunidad del Solar es de una excelencia insuperable.

Y también podría volverme pancarta, pintada y consigna, pero siempre lo haría peor que la Asociación Abando Habitable y Saludable, a la que pertenezco y a cuyas convocatorias acudo tanto como el cuerpo me lo pide.

Ese cuerpo que tanto se irrita, en un calambre desde los pies a la cabeza, cuando cada mañana abro las ventanas para orear las habitaciones de mi casa y me encuentro con ese agujero inconcebible si no fuera tan real…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

9 ( de Marzo)

Hoy es 9 de marzo. Ayer fue 8 de marzo. El Día Internacional de la Mujer, originalmente Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Por supuesto, no voy a entrar en la polémica sobre las diferentes convocatorias que recorrieron nuestras calles y que tanto han despistado a algunas de mis amigas: como VHeVMMS ( Varón Heterosexual Vasco Monógamo Moderadamente Sucesivo) no me siento capaz ni autorizado.

Pero sí puedo hacer un repaso de algunas circunstancias que han emergido en los alfoces de esta celebración.

Así, por ejemplo, el debate enconado sobre si la operación militar dirigida por USA e Israel sobre Irán con el significativo nombre de Furia Épica pretendía o no, más allá de conculcar el derecho internacional, liberar a las mujeres persas del yugo patriarcal teocrático.

Otro sí, si la mentada liberación tenía algún referente que no fuera el occidental cristiano wasp ( white anglosaxon protestant) y sionista, como quedó claro en la ceremonia de consagración de Donald Trump del pasado 5 de febrero.

Y también si el debate surgido en algunas provincias del Imperio acerca de la pertinencia de permitir o no el uso de prendas significativamente islámicas forma parte del proceso de liberación femenina o responde a un uso maniqueo de legitimidades culturales que pueden haber sido ya puestas en duda desde dentro mismo de sus practicantes.

Entre tanto, cabe mencionar que hoy, día 9 de marzo, a las seis y media de la tarde en la Fundación Bilbao Arte ,Cristina Gutiérrez Meurs  presentará ‘Por mujer. Una historia desigual, una aportación más a esta causa itinerante que navega ya por un mar tan embravecido….

(c) by Vicente Huici Urmeneta

PENSAR LA GUERRA, PENSAR LA PAZ ( por Kepa Bilbao)

Pocos meses después de la publicación de su anterior obra, Repensar la guerra, el politólogo Kepa Bilbao Ariztimuño nos invita a ampliar su reflexión sobre esta cuestión tan relevante como actual en un nuevo libro titulado Pensar la guerra, pensar la paz.

Y ciertamente, pasar de repensar la guerra a pensar la guerra y pensar la paz es una derivación lógica por cuanto, como se ha puesto de relieve recientemente, no es posible admitir a priori y sin mayores matizaciones que  la violencia sea el principio organizador del pasado humano y la paz un vacío entre catástrofes o una aspiración moral sin densidad histórica.

Impulsado sin duda por su anterior línea de investigación, la nueva obra repasa críticamente las tres grandes tradiciones que han intentado pensar la guerra y la paz: la doctrina de la guerra justa, el realismo político y las diversas corrientes del pacifismo.

Y lo hace tan sintética como eficazmente, pues este pensar es un » pensar con rigor» que no se conforma con formar parte del debate académico sino que aspira a ser una herramienta útil encaminada a «lo que podríamos llamar activismo ilustrado«, en palabras de Javier Lozano.

Una obra, en fin, muy oportuna sobre todo ante el segundo mandato de Donald Trump en la presidencia de los Estados Unidos que está suponiendo una nueva visión sobre la guerra y la paz, alterando todas las normas del derecho internacional, y que es de obligada lectura para quienes se interesen por estos temas.

(c) by Vicente Huici Urmeneta

JON (Juaristi Linacero)

Si el tiempo y la autoridad no lo impiden, el lunes día 23 , a partir de las siete , compartiré tertulia con Jon Juaristi en el salón de la Casa de Cultura Santa Clara de Portugalete . Charlaremos sobre el 23-F y más ampliamente sobre lo que se ha venido en llamar La Transición, ese periodo reciente de nuestra historia contemporánea tan decisivo y polémico en tantos aspectos.

Supongo que nuestros puntos de vista divergirán a la luz de las linternas de hogaño, pero también espero un buen tono general pues a pesar de las diferentes trayectorias, nos unen deseos y experiencias comunes.

Conocí a Jon a mediados de los años setenta del siglo pasado. Por entonces él militaba en el trotskismo derivado de ETA-VI y yo en un maoísmo teñido de abertzalismo. Coincidimos en una revista teórica titulada EL CÁRABO en la que sobresalía ya su nombre junto con gentes como Joaquín Estefanía Moreira- luego director de EL PAÍS- Paco Letamendía, Miguel Castells, Ramón Zallo, Pep Subirós, o Jesús Leguina, y en la que yo, por la edad – todos me llevaban cuatro cinco años – siempre me consideré un alumno privilegiado.

Jon despegó profesionalmente haciendo diferentes incursiones en la historia, la filología, la novela y hasta la poesía, sin alejarse casi nunca del bosque imaginario vasco que él mismo fue circunscribiendo. Yo, tras un largo periodo dedicado a la investigación de los orígenes del nacionalismo vasco en Navarra – y en particular el fuerismo y la figura de Arturo Campión- me dediqué desde el año 2000 al estudio de las ideologías especializándome en la Sociología del Conocimiento con breves pero intensas incursiones en el ámbito del periodismo y la poesía.

Aun así, luego volvimos a coincidir en varias iniciativas, la mayoría en torno a la editorial Pamiela ( por ejemplo en 1985, publicando él su Diario del poeta recién cansado y yo mi Teoría del extraño movimiento ) y al grupo que lo alimentaba desde Bilbao bajo la égida de Txema Larrea. También participó en algunos cursos de postgrado que se organizaron en UNED-Bergara. Posteriormente, tras su traslado a Madrid, he ido siguiendo su deriva,dando prueba de ello en varias ocasiones en estas mismas páginas.

Cabe esperar por lo tanto que este reencuentro sea fructifero y ,sobre todo,sugerente para quienes tengan la amabilidad de acudir y escucharnos…Vale!

(c) by Vicente Huici Urmeneta

HAIBUN 5 (Bidebarrieta)

Arratsalde euritsu honetan Bilboko Bidebarrieta Kulturgunera joan naiz. Unai Elorriaga eta Bernardo Atxaga entzutera. Gaia: «Sortu, idatzi, etab.». Zezenketako hiztegiaz baliatzen , sarrera erdia, eta ilezuri gehienak

Edozein kasutan oso interesgarria. Atxagak erresilientziazko lan iraunkor gisa kokatu du literatur sorkuntza. Elorriagak, bere aldetik, ados egon da, baina gaineratu du kontuan hartu behar dela euskal literaturaren esparrua gutxiengo batentzat dela, nahiz eta sorkuntza plazer bat izan…

Sortu, erresilientzia… Duela gutxi ni neu egon naiz Unamunoren begiradapean, Kepa Bilbaorekin hizketan, nire 1978ko dietarioari buruz.

Eta duela ia hogeita hamar urte, 1998an hain zuzen ,Arturo Kanpion izan zen gaia, foralista hiperaktibo hura.

Eta 2007an haiku eta Zenari buruz hitz egiteko aukera izan nuen japoniar kulturari buruzko ziklo batean.

Nola jo ahal izan ditut hain gai desberdinak? Auskalo! Denboraren boterea! Bidebarrieta… Egongelako ispilua nire bizitzaren zati batzuetan!

Ta barruko hitzak

kanpoan tanta horiek

hain euritsuak!

-.-

Bidebarrieta

Esta tarde lluviosa he ido a Bidebarrieta Kulturgunea de Bilbao. A escuchar a Unai Elorriaga y a Bernardo Atxaga. Tema: «Crear, escribir, etc.». En términos taurinos, media entrada, y mayoría de canosos.

En cualquier caso muy interesante.Atxaga ha situado la creación literaria como una obra permanente de resiliencia .Elorriaga, por su parte, ha estado de acuerdo, pero ha añadido que había que tener en cuenta que el ámbito literario vasco es para una minoría, aunque la creación sea un placer…

Crear, resiliencia…Hace poco estuve yo mismo bajo la mirada de Unamuno hablando con Kepa Bilbao sobre mi dietario 1978.

Y hace casi treinta años, precisamente en 1998, el tema fue Arturo Campión, aquel foralista tan hiperactivo.

Y en 2007 tuve la oportunidad de hablar sobre el haiku y el Zen en un ciclo sobre cultura japonesa.

¿Cómo he podido tocar temas tan diferentes? ¡Quién sabe! ¡El poder del tiempo! Bidebarrieta… ¡El espejo de salón de algunas partes de mi vida!

Estas palabras

y afuera…¡ Apenas unas

gotas de lluvia!

(c) by Vicente Huici Urmeneta

CANCELACIÓN (contra la cultura de la)

Mi columna anterior acerca del conflicto suscitado por David Uclés al renunciar a acudir a unas jornadas por la presencia en ellas de líderes de la derecha y de la extrema derecha, ha tenido su eco.

Pues , en efecto, me han llegado algunos email y comentarios, solidarizándose con el joven escritor por no permitir blanquear – este es el término que se ha utilizado- una serie de actos reaccionarios.

Pero, como explicaba al efecto, no soy partidario de la política de la cancelación, tan de moda en algunos sectores progresistas, pues cancelar a alguien, siendo incluso enemigo ideológico , es cancelarse como sujeto ideológico, dejando vía libre a la imposición por defecto de la opción contraria y renunciando a uno de los principios articuladores de la democracia como es la libre discusión, objeto del deseo castrador del autoritarismo trumpiano.

No, no hay que evitar el conflicto. Hay que acudir , y más si media una invitación, dar la cara y decir lo que se estime oportuno, sea o no políticamente correcto según el lugar y la ocasión. Y hacerlo ,a ser posible , según aquellas líneas del capítulo LVIII del Tao- Te- King » recto pero no tajante / anguloso pero no hiriente / firme pero no insolente».

Y, por supuesto apoyando cualquier iniciativa que fortalezca el estado de derecho para que se eviten acosos , amenazas y odios, pues  el fin último del autoritarismo es silenciar todo relato diferente al suyo, como ya se va viendo…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

1978 o La Transición vista desde el cuartel ( por Francisco José Martínez)

Mi querido amigo y colega Francisco José Martínez, catedrático de la UNED y miembro siempre activo de la FIM ( Fundación de Investigaciones Marxistas), me ha enviado este largo comentario sobre 1978– un dietario, que se suma a anteriores recensiones y reflexiones, y que transcribo a continuación, como siempre, muy agradecido:

«20 de Noviembre. Tercer aniversario de la muerte de Franco. Será difícil explicar en el futuro lo que esta figura ha representado para quienes nacimos en los años cincuenta. (V. Huici, 1978)

Recibo un libro de mi amigo Vicente Huici, Peli, titulado sobriamente 1978 y que se basa en un diario que el autor redactaría dicho año en el que concluyó su servicio militar en Madrid. El libro, por supuesto, es personal pero también es generacional y por eso me he sentido tan concernido por él. Huici y yo nos cruzamos en nuestras milis respectivas: yo, madrileño, la llevé a cabo desde julio de 1976 hasta septiembre de 1977 en el País Vasco y Navarra, Vitoria y Estella,- siguiendo, por cierto, los crímenes perpetrados en Vitoria y Montejurra por la policía y los carlistas ultras, siendo Fraga el ministro del Interior -, mientras que Huici, pamplonica, la llevó a cabo en Madrid, Alcalá y Leganés, entre 1977 y 1978. En el texto se recogen reflexiones que conjugan la experiencia personal con la experiencia colectiva de nuestra generación y condición: intelectuales urbanitas de clase media nacidos en los años cincuenta. Temas como la familia, el ejército, la militancia política, el consumo ávido de cultura y la escritura como objetivo último se abordan de forma indirecta en este breve pero vivido texto.

En relación con la familia se ve en el libro la inserción del autor en la tradición familiar, con sus luces y sus sombras, pero reconociendo siempre lo que debe, como persona y como intelectual, a dicha tradición familiar en sus dos ramas. En una época en que se fomenta la ideología del individuo como alguien que no debe nada a nadie, que no reconoce ninguna deuda y al que le es todo debido, Huici reconoce humildemente lo que debe a su familia.

El libro relata el último año de servicio militar del autor en Leganés y la vida en esas condiciones tan especiales y tan difíciles de entender para los jóvenes que no han pasado por esa experiencia está en el centro de la narración. En el aspecto burocrático de contacto con los oficiales que tenían casi todos los intelectuales en sentido amplio en esas condiciones. Huici era maestro y además por su capacidad de dibujo tenía una relación privilegiada por los mandos. Por otra parte, la relación con los compañeros de clase y de instrucción expuesta a través de la relación de las conversaciones de todo tipo, políticas, culturales y personales y la diversión de comidas, bebidas y cuchipandas. Nuestra generación se formó básicamente a través de las conversaciones con los amigos y la diversión conjunta. Por último, el contacto con los jóvenes analfabetos a los que daba clase para obtener el graduado escolar, por los que muestra un gran afecto y de los que recuerda cuando se va su lealtad y solidaridad.

He de confesar que mi experiencia fue muy parecida. No tanto en la relación con los mandos ya que yo no ocupé cargo alguno en los destinos que tuve, como en el intercambio de experiencias con los compañeros, especialmente con los procedentes de las capas más populares. Y aquí se encuentra unos de los aspectos para mi más enriquecedor de mi experiencia militar: el convivir con tipos humanos que yo solo conocía por los libros. En el grupo de los Franciscos, en Estella – nos ordenaban por el nombre y no por el apellido – conocí un espectro amplio de chicos procedentes de las capas más populares.

Lo primero que extrañaba era el elevado número de analfabetos que había en los años setenta entre la juventud española. En mi compañía que era especial, era la Compañía de Escaladores y Esquiadores de la Sexta División Navarra, compañía que tuvo sus orígenes en una compañía gemela fascista italiana, entre 200 soldados había casi 30 analfabetos totales. Yo conocí allí a jóvenes, yo llegaba ya con varias prórrogas, es decir con 24 años, la edad de los  tenientes recién salidos de la Academia, mientras que la mayoría de los reclutas no llegaba a los 20 años, jóvenes con vidas de libro. Uno de un pueblecito de Jaén contaba que eran tres hermanos jornaleros y albañiles según la época del año que tenían una casita en el pueblo, un piso en Jaén y una moto y que vivían en una economía de comunismo primitivo, excepto el más joven que se iba a casar y guardaba lo que ganaba para él. Otro procedente de un pueblo de Córdoba era un mecánico que había estudiado con los salesianos y era un cuadro medio. Por último, al final de la mili hicimos unas maniobras en Montejurra donde a nosotros nos tocó hacer guardia durante periodos de cuatro horas para que el enemigo no rompiera las líneas defensivas. Tan largo tiempo lo empleé en leer uno de los libros más aburridos que he leído, los Principia Ethica de G. E. Moore, y en conversar con un chico que vivía en Barcelona procedente de un pueblecito manchego. Este joven me contó cómo llegó un conocido al pueblo y les dijo que en Barcelona había mucho trabajo y primero fue el padre y el mayor y al final toda la familia se estableció en Barcelona. Me quedé de piedra cuando este chico de apenas 20 años me confesó que tenía una lesión de columna y que si en algún momento se quedaba inútil se “caería” del andamio para no ser una carga para su familia. Mi compañía estaba compuesta la mitad por gente de Madrid y la otra procedente de Barcelona, la mayoría charnegos. Allí en las animadas conversaciones se producía una formación mutua en la que los más avispados aconsejaban a los otros en temas sexuales, políticos y de todo tipo. Hay que tener en cuenta que para muchos de ellos esta era la primera vez que salían de su pueblo y el contacto con gente de procedencias y culturas muy diversas era por un lado un poco angustiante pero por otro también enriquecedor por poder acceder a otras experiencias y tradiciones.

La mili con su exigida mescolanza de gentes de diversas clases sociales y distintas procedencia geográficas y culturales era una buena ocasión para los jóvenes intelectuales urbanitas como nosotros para llegar a la conciencia de que no dejábamos de ser “una burguesía progre emergente”, progre sí, pero también y muy esencialmente, burguesía. El localismo de los reclutas se veía muy bien en la comida, cada uno solo comía lo que conocía y se traían comida de su pueblo. Para mí esa fue una experiencia muy enriquecedora ya que ha sido junto con mi corta experiencia de trabajo como ingeniero la única vez que he tenido una relación más o menos intima con gentes procedentes de medios no intelectuales. No puedo concluir esta breve reflexión sobre el ejército sin confesar que no comprendo cómo se puede ser republicano sin defender junto a la elección democrática del Jefe del Estado la existencia de un ejército popular y de algún mecanismo de redistribución de la riqueza. Estos tres elementos han sido esenciales en todas las experiencias republicanas clásicas desde la griega y la romana hasta el republicanismo del siglo XIX, pasando por el humanismo cívico de las ciudades italianas renacentistas exaltado por Maquiavelo. Esta es una más de las innumerables asignaturas pendientes que la izquierda tiene olvidadas pero que no deja de tener su importancia como vemos en la actual revisión del tema del servicio militar obligatorio que algunos países europeos esté comenzando a traer de nuevo a la palestra.

Las reflexiones de Huici tienen como segundo tema esencial el contexto histórico de la época con la supervivencia del franquismo enquistado en los aparatos de Estado y la cuestión del terrorismo etarra que Huici como historiador y como político seguía muy atentamente. Hay que tener en cuenta que nuestro autor se podía haber convertido en unos de los intelectuales de referencia de la izquierda radical vasca por su formación y sus capacidades pero su fuerte tendencia hacia la escritura y el hecho de que, como él mismo dice en una ocasión, su vinculación con la izquierda radical vasca era más emocional que política, le hizo centrarse en su verdadera vocación que era la enseñanza y sobre todo la escritura. En sus comentarios se ve la crítica de las actuaciones, muy duras y continuadas durante ese año de los milis de ETA, y su apoyo a las tendencias más pactistas como la de los poli-milis. De esa manera no deja de lamentar que precisamente fueran los más proclives a la negociación con el Estado los que fueran asesinados por sus compañeros más radicales, alentando la sospecha de la confluencia entre las tendencias más militaristas de ambos bandos, ETA y el Estado, para mantener la lucha armada, unos con el objetivo utópico de una Euskadi independiente y socialista y otros con el objeto de utilizar el pretexto del terrorismo para controlar y disminuir los nacientes logros democráticos. Es un tema que alguna vez habría que analizar con acribia y desapasionamiento. Un nacionalista moderado como el autor no tiene inconveniente en resaltar un artículo de Sánchez Ferlosio que oponía con motivo de las celebraciones comuneras de Villalar de ese año los narcisismos alternativos de las nacionalidades como reflejos especulares del nacionalismo español. Huici, como lo más serio de las izquierdas vascas, siempre ha tratado de conjugar marxismo y nacionalismo, articulando la cuestión social con la cuestión nacional, en lugar de someter aquella a esta como ha sido la tendencia dominante hasta ahora de casi todas las corrientes que salieron de la constelación que giraba en torno a ETA.

Por último, la cuestión de la escritura. El texto es un diario, es decir, pertenece a un género literario específico. En el mismo se alude a diversas películas, obras de teatro y libros que fueron esenciales para él en esos años de formación en los que la lectura aparece como un refugio y la escritura como una necesidad; como un gusto convertido casi en obligación; como una disciplina necesaria. Las lecturas esenciales en ese año fueron Baroja, Flaubert, Pla y Umbral; más o menos las mismas que las mías, excepto la de Pla al que todavía no me he acercado, siendo su lectura una de las innumerables asignaturas pendientes que aún tengo. Comparto con el autor su devoción por Umbral al que yo también leí desde esos años hasta su muerte. Su estilo acerado y penetrante era capaz de abordar cualquier tema, banal o esencial, con profundidad y humor al mismo tiempo. La escritura, para Huici, no solo era un placer y una disciplina sino que le ayudaba a refrenar la velocidad del pensamiento por su menor velocidad en el tratamiento de los temas. Importantísima la alusión de Pla a la necesidad de conjugar los sustantivos y los adjetivos, especialmente para autores que como los filósofos, sociólogos e historiadores casi no usan adjetivos y mucho menos adverbios. Huici como escritor se confiesa como “más adicto a la copa corta que al trago largo”, cosa que se ve en su producción centrada en los cuentos y especialmente en los haikus, esos prodigios de concisión y profundidad en los que nuestro autor es un maestro.

Concluyo esta breve nota animando a la lectura de estas páginas a los de su quinta para que recuerden su juventud y a los más jóvenes para que se acerquen a esta crónica de la Transición escrita desde la observación participante de ese gran sociólogo y literato que es Vicente Huici».