
El viento del noroeste sopla impenitente y frío.El cielo está cubierto de nubes muy grises. Refugiados tras los cristales de un chiringuito posmoderno ,vemos pasar corriendo a buen ritmo a un tipo bastante alto, de figura triangular y músculos de muchas horas de gimnasio, coleta y perilla, tatuado hasta en sus partes pudendas que , por cierto, lleva al aire en alegre biribilketa, pues es esta playa semi-nudista municipalmente.
Y entre trago y trago de una cerveza sin alcohol, recuerdo cómo el nudismo se convirtió en algunos de mis pasados tiempos en un rito obligatorio de la progresía, como el porro ( de maría) , las camas redondas sin pasar por las cuadradas , el vegetarianismo radical ( todavía no había veganos)…y el pringoso rito del kéfir. Vamos, que no había manera de ir con las amistades concienciadas a la playa y mantener el bañador en su sitio, lo cual que a mí me producía un cierto desasosiego no moral sino físico al no saber como colocar cómodamente mis atributillos genéricos. Otro sí que algunas de las colegas que me parecían atractivas dejaron de serlo ipso facto ante la contemplación natural de sus pilosidades. Pero por supuesto, yo no decía ni mú pues no quería dar a entender que había sucumbido a los proyectiles almibarados de la burguesía conservadora.
Pero bueno , a fin de cuentas aquellos desnudos eran bastante «naturales» ( todo consistía en desnudarse) y no se parecían nada al de este tipo que hemos visto que se lo curra y bien para ir excelente y magníficamente desnudo ( y supongo que por más ámbitos sociales que la playa).
Dice el discutido sinólogo François Jullien , en su obra De la esencia o del desnudo, que la apología del desnudo que se hace en Occidente ( como canon o como contra-canon) tiene mucho que ver con una idea esencialista del ser humano que sería así más humano cuanto más desnudo, un tanto al revés de como ocurre en las culturas orientales, pero a la vista de los andares del tipo reseñado, se podría llegar a pensar que cuanto más desnudo se va más Pithecanthropus erectus se parece… Para bien y para mal, of course…
N.B. No es habitual que esta columnilla la lean más gentes del centenar de colegas ( ¡Gracias!) que me siguen por afecto o por defecto. Cuando el lectorado sube, suele deberse a que he tocado, aunque sea de refilón, algún asunto polémico que , además, genera una controversia interna y escrita.
Tal ha ocurrido con esta que ha recibido…¡22.326 visitas!.Y como el tono de las intervenciones ha ido incrementándose hasta el desastre ortográfico, me ha parecido bien hacer las siguientes aclaraciones:
- No estoy en contra del nudismo, ni de ningún -ismo en general. Es más, supongo que son necesarios para vernos como grupo y reconocernos.
- Lo que relataba era una anécdota personal que, como suele ser frecuente, glosaba humorísticamente ,tirando de mi propia experiencia.
- En este sentido, repito que viví el nudismo a finales de los años setenta como un movimiento tan alternativo como cuasi-obligatorio entre la progresía, sin que en estos momentos tenga porqué tener las mismas características.
- No puedo aceptar como natural la categoría de «lo natural», pues todas las categorías son productos del pensamiento y por lo tanto culturales . A ello venía la cita del libro de François Jullien ( De la esencia o del desnudo), en un intento de comparar dos concepciones culturales tan diferentes como la occidental y la oriental.
- Aun así creo que es muy positivo que se discuta sobre este -ismo y sobre cualquier otro ( como el veganismo o el turismo), y tanto más cuanto que nos ha tocado vivir en una sociedad globalizada y multicultural.
- Dicho todo lo cual, confieso que me resultan más interesantes los relatos personales al respecto que las elucubraciones teóricas que, queriéndolo o no, pretenden generar adhesiones partidistas y de paso condenar, como siempre, a quienes piensan y sienten de manera diferente.
- Con este a modo de declaración doy por finalizada la discusión, al menos por mi parte.








